“El tiempo corre y me amenaza”: tiene cáncer y necesita la vacuna contra el Covid, pero no lo consideran prioritario

Damián Blas Vives es un hombre de la cultura, amor que nació cuando con apenas con cuatro años sorprendió a sus padres leyendo. Desde entonces se convirtió en un lector voraz y durante su infancia y adolescencia sólo pedía libros de regalo. Por eso no es extraño que trabaje desde hace más de dos décadas…

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Damián Blas Vives es un hombre de la cultura, amor que nació cuando con apenas con cuatro años sorprendió a sus padres leyendo. Desde entonces se convirtió en un lector voraz y durante su infancia y adolescencia sólo pedía libros de regalo. Por eso no es extraño que trabaje desde hace más de dos décadas en la Biblioteca Nacional, donde es director de Gestión y Políticas Culturales.

Sin embargo, la actualidad tiene contra las cuerdas a Damián quien, con 42 años, se encuentra desde hace un mes internado en el Hospital El Cruce, de Florencio Varela, donde se le extrajo un tumor de la mandíbula a principios de enero y se le colocó una prótesis de titanio, pero semanas después volvió a ser internado por a una infección en la cicatrización. Para los tiempos pandémicos, es un paciente de riesgo: diabético, obeso, con dos episodios de neumonía en los últimos años y el inminente tratamiento oncológico, le urge la vacuna contra el Covid. Pero…

Como vive en la ciudad de Buenos Aires, la categoría a la que pertenece, “Adultos de entre 18 y 59 años que presentan factores de riesgo”, figura en quinto lugar de las prioridades, detrás del personal de salud, de adultos mayores de 70-80 años, de adultos mayores de 60 años y del personal de las fuerzas armadas, seguridad y penitenciarios. “Todavía no terminaron de vacunar a los mayores de 80 años y se habla de que hay pocas vacunas, imaginate mi situación, es realmente compleja“, escribe Damián.


Damián Vives (42), internado en el Hospital El Cruce, en Florencia Varela. Recurrió a la Defensoría del Pueblo para solicitar un turno de vacunación prioritario.

Sí, escribe Damián, porque debido a la infección que lo tiene a maltraer no puede hablar, tampoco masticar ni tragar. Cuando los dolores le dan tregua, cuando no tiene fiebre, cuando está sin los efectos del clonazepam, que le permite descansar de a ratos, este editor del sello Evaristo Cultural corrige con su laptop trabajos pendientes que se le acumularon desde que atraviesa este “vendaval inesperado que sacudió a propios y extraños“. Extraños porque desde el mundillo de la cultura, las muestras de cariño le levantaron el ánimo.

Describe que el tumor se lo diagnosticaron en diciembre, lo intervinieron en enero y debe hacer radioterapia no más allá de mayo, cuando se cumplirán cuatro meses de la operación, “de lo contrario los rayos no harían efecto y podría volver el cáncer. Por todo esto es que los médicos me piden que me vacune, porque mi situación de salud no aguantaría un contagio de Covid. Es más, me dijeron que si es con la Sputnik será mejor porque el tratamiento de rayos, parece, atenúa la efectividad de algunas de las vacunas, en algunos casos hasta dejarlas inútiles; pero la rusa sigue siendo altamente efectiva“.

Dice Damián que tiene altibajos, que “la estadía se está haciendo dura y muy larga”. A veces está tranquilo, buceando en su mundo de escritos y lecturas en la habitación del hospital: “Por suerte mi hermana cada semana me trae libros y ahora estoy embarcado en historias japonesas”. Otras veces su actualidad y la del país lo tienen tomado de rehén. “Pensar que todo nació con un flemón que revisó un odontólogo, que me derivó a un estomatólogo, que ordenó una biopsia y… ¡sácate! “Me sacaron la mitad derecha de la mandíbula”.


“Lo que me pone más triste y lo vivo como una frustración personal es el fracaso cultural enorme. Es llamativo que el ciudadano común no se dé cuenta de que está todo mal”, expresa Vives.

Contenido, respetuoso y medido, Damián maquilla su desesperación. “Estoy temeroso por las complicaciones que puedan surgir… Y la verdad, no puedo creer estar pasando por esto y encima en este momento”, desliza y hace saber que trata de no estar tan pendiente de las noticias sobre las pocas vacunas que llegan o se demoran, “porque me estruja el pecho”. Y señala que “sin querer me enteré lo de esta becaria de 18 años (Stefanía Purita Díaz) que la vacunaron y me parece tan patético como los miles de casos que se dieron en otros distritos“.

Este tipo de prebendas por ser militante lo alteran a Damián, que no quiere hacer politiquería con su enfermedad y que está desvelado para la una de la mañana. “Hicieron todo mal de uno y del otro lado, todo mal. Pero lo que me pone más triste y lo vivo como una frustración personal es que el ciudadano común no se dé cuenta de que está todo mal, no importa el color político que se tenga. Veo a la gente desconcertada, sin entender sus derechos, anclada en un individualismo mezquino”.

Los mensajes entre Damián y Clarín llevan días. Él contesta cuando puede, cuando el vértigo que lo rodea le da respiro. “Todo este paisaje no hace más que hacerme sentir un pelotudo, y arrepentirme de un montón de decisiones que fui tomando en toda mi vida. Si no me mata el Covid, deberé reordenarme y empezar a dejar de lado un idealismo que no se corresponde con la realidad de la sociedad“.


Otros tiempos no tan lejanos: Aquí junto a Jean-Pierre Léaud, el actor francés fetiche de Truffaut, que fue el nene de “Los 400 golpes”.

Preferiría hablar de concursos literarios o novelas gráficas y no de su estado clínico, que hoy es delicado. “Necesito la vacuna para el tratamiento de rayos, que será diario y ambulatorio, y me van a bajar un poco las defensas, además de que implica dos viajes (en taxi o colectivo) a un centro médico en donde todos los que estén allí van a tener los mismos dos viajes por día, con lo que eso significa. El tema no es que tenga más chances de contagio sino, ante un contagio, menos chances de sobrevivirlo”, explicita.

Admite el estrés extra de la incertidumbre de la vacunación, “un dolor de cabeza mayor que la propia enfermedad“, puntualiza por WhatsApp. Como se dijo, está internado en provincia de Buenos Aires, pero es de Capital y la Ciudad le respondió que “no está prevista la vacunación para casos como el mío, que no hay opción ni se contempla ningún tipo de excepción al respecto. Me parece raro, llamativo e inmoral. El tiempo corre y me amenaza”. Ingresa personal médico para atenderlo y hacerle nuevos estudios. “La seguimos”, se excusa.

Pasan un par de horas y retoma el contacto, hace saber que se encuentra “anestesiado”, pero que puede mover sus dedos para tipear. “Lo que me confunde un poco es que recientemente el director ejecutivo del Programa de Atención Médica Integral, Carlos Javier Regazzoni, declaró públicamente que las prioridades para acceder a la vacunación contra la Covid-19 deben ser pacientes oncológicos con cáncer activo, diabéticos, obesos, pacientes con EPOC, y cardíacos. Y cumplo las tres primeras opciones”.

Según la página web argentina.gob.ar/coronavirus/vacunacion, el Monitor Público de Vacunación informa que hasta el 24 de marzo se aplicaron la vacuna 192.375 personas de entre 18 y 59 años con factores de riesgo. “Seguramente sean de todo el país menos de la ciudad de Buenos Aires. Hay que subrayar que la ciudad tiene el mayor volumen de población de adultos mayores y de personal de salud, no así el resto del país, por lo que no tenemos disponibilidad, dado que la totalidad que nos ha dado Nación fue para estos sectores que todavía no fueron completados”, explicaron a este medio desde el área de Salud del Gobierno porteño.


En Córdoba, en un evento cultural, junto a personalidades como Juan Sasturain, Néstor Ponce, José María Gatti, Javier Chiabrando, Orlando Van Bredam y Ramón Díaz Eterovic.

“Hoy nuestro enfoque –-continuaron– es terminar de vacunar al personal de salud y a los los adultos mayores y así seguir con el orden de prioridades, por eso dentro de esos 192.375 seguramente no se encontrarán vecinos de CABA, porque la decisión política que se ha tomado es seguir la estratificación de riesgo, aplicando el ciento por ciento de lo que se reciba a esos segmentos. Por ahora las vacunas disponibles ya están asignadas. Veremos a futuro”.

Con este panorama, cuenta Damián, “me quedó claro que no era yo el que no encontraba el mecanismo o dónde iniciar el trámite, sino que no se había contemplado está realidad de miles. Por eso decidí escribir a la Defensoría del Pueblo, porque realmente creo que se están vulnerando mis derechos, es más, el bien jurídico supremo que es el derecho a la vida”.

Según pudo averiguar Clarín, este ente de carácter administrativo ya realizó un pedido formal el último jueves dirigido al ministro Fernán Quirós “en la que se describe la problemática del paciente y se recomienda que sea tenido en cuenta para la vacunación”, dice Pablo Mazzolli, director de Salud de la Defensoría. “Sí debemos admitir y le doy la derecha, que Ciudad está procediendo de acuerdo a las prioridades, que son el personal de salud y los adultos mayores”.

Mazzolli hace saber que, como parte de un órgano de control, está detrás de muchos casos como el de Damián, “pero no podemos sacar agua de las piedras, si no hay disponibilidad ¿qué podemos hacer? Sólo confiar en la apertura y receptividad del doctor Fernán Quirós y en su equipo para intentar resolver los problemas que se vayan presentando”. Este martes es el plazo para dar una respuesta. 


El contacto con Damián Vives duró unos diez díaz, lapso en el que, paulatinamente, el editor fue mejorando.

Regresamos a Florencia Varela. Volvió “una relativa calma” después de que una placa de tórax por un fuerte malestar en la espalda diagnosticara neumonía. “Fueron días de tensión, imaginate si se complica el problema original y esto va a significar una semana más, o dos, internado”, deja entrever su bajón pero de manera oral. De a poco, con molestias, puede emitir palabra, “en ese aspecto los dolores aflojaron”.

Y en tono más cómplice, y cansado de su nueva normalidad, confiesa que extraña “cierta libertad de movimientos que tenía en mi casa, las clases de piano por Zoom y mis bibliotecas”, aunque calcula que en este mes leyó unos diez libros. También imagina volver a comer por la boca, algo que había empezado en las primeras semanas de febrero… “Y te confieso que añoro cierta paz mental para el planificar proyectos. Había comenzado a preparar un libro sobre cultura japonesa, que aún en medio de este tsunami, me prometí terminar”.

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