La última cena: incertidumbre de gastronómicos y clientes por las restricciones

Es una hermosa noche de otoño, con más de 20 grados, de ésas que anticipan que el calor se está yendo. No es el único adiós que anticipa: como muchos que este jueves salieron a cenar o a beber postearon en Instagram, la de esta noche es la última cena. Al menos, por los próximos…

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Es una hermosa noche de otoño, con más de 20 grados, de ésas que anticipan que el calor se está yendo. No es el único adiós que anticipa: como muchos que este jueves salieron a cenar o a beber postearon en Instagram, la de esta noche es la última cena. Al menos, por los próximos 15 días.

Calle Chile, uno de los polos gastronómicos de San Telmo. Cuesta encontrar lugar para estacionar. Muchos autos, bastante gente en los bares y restaurantes, y un muy alto porcentaje cumpliendo los protocolos. La mayoría elige estar a la calle, un poco porque se sabe que al aire libre los riesgos frente al coronavirus son menores, pero también por el clima que invita.

“Salí a dar una vuelta con los chicos y estaba tan lindo que lo llamé a él para venirnos a cenar”, cuenta una madre treintañera vecina del barrio mientras empuja el carrito con su beba de un mes y su hijo más grande levanta velocidad en el monopatín a la vista de su papá. Son las diez y la familia terminó de comer. También hablan de última cena.

Los gastronómicos ya saben que el golpe de las nuevas restricciones que entraron en vigencia este viernes a las 0 va a ser durísimo. Juan, mozo de un reconocido restaurante de la zona, cuenta que el 70% de la facturación en el sector es en el turno noche. Ahora tendrán que apostar fuerte al mediodía. Todavía no estaba enterado de la novedad comunicada en las últimas horas, de que el aforo no va más y sólo está permitido comer en al aire libre.

Incertidumbre

Un grupo de amigos toman cerveza en la vereda de un bar. En otro, tres chicas terminan un café. “Hay que ver si cierran todo de día o solo de noche”, dice una de ellas. La incertidumbre no atraviesa sólo a los dueños.

Una de las dudas tiene que ver con la letra fina del concepto take away. “Sólo se podrá hacer a domicilios de cercanía”, comunicó el Gobierno. “¿Cuántas cuadras es de cercanía?”, se preguntan en un restaurante donde se resistieron todo lo posible a las aplicaciones de delivery. Ahora saben que van a tener que ceder: es la única manera de equilibrar algo las cuentas ante una reducción segura de la facturación.

“La gente a lo mejor se acostumbra a venir a almorzar el fin de semana por la necesidad de salir”, comenta un hombre de unos 40 cenando con su pareja, también en la vereda. Detrás, pasa un patrullero de la Policía de la Ciudad y un par de cuadras más allá, sobre Paseo Colón, otro operativo anticipa los controles que se supone se reforzarán en estos días.

Se acercan las 23 y la zona ya está casi vacía. En otro bar, una pareja que está terminando de comer se saca una selfie, mientras un mozo apila sillas detrás, apurando el cierre. Unos metros más adelante, una parejita joven conversa acaramelada cuando otro camero los interrumpe: “Perdón, les tengo que cobrar porque tenemos que cerrar”.

En la esquina de Chile y Defensa, Mafalda, Libertad y Manolito descansan suspendidos en un tiempo mejor. En otro bar, la música suena fuerte y uno de los últimos rezagados de la noche canta, grita, el estribillo de “Living on a prayer”, de Bon Jovi. Una canción que habla de una pareja en dificultades económicas. “Tenemos que arreglárnosla con lo que tenemos”, dice una parte de la letra. Una metáfora de esta última noche en San Telmo.

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