Tuvo un golpe de fama con Pelito y Clave de sol y dejó la actuación por la abogacía: Emiliano Kaczka

Fue en 1982 cuando su madre vio una publicidad de Canal 13: “Se buscan chicos para actuar”. Emiliano, el mayor, no estaba seguro de querer ir; Analía, la hermana del medio, sí. Guido apenas tenía cuatro años, por lo que nadie pensó en él para esa aventura. Todos los Kaczka terminarían dentro de esa pantalla. El casting era…

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Fue en 1982 cuando su madre vio una publicidad de Canal 13: “Se buscan chicos para actuar”. Emiliano, el mayor, no estaba seguro de querer ir; Analía, la hermana del medio, sí. Guido apenas tenía cuatro años, por lo que nadie pensó en él para esa aventura. Todos los Kaczka terminarían dentro de esa pantalla.

El casting era para un programa infanto-juventil que prometía, Pelito. Emiliano, Analía y su mamá llegaron al casting desde la localidad de Moreno hasta la calle Cochabamba. Él, 10 años, vio una fila como de cancha, intentó colarse y la policía se lo impidió. El segundo intento de infiltrarse funcionó y lo convocaron para el día siguiente. La familia no tenía teléfono fijo, por lo que el productor Jorge Palaz les dio la noticia antes que a los demás: su hermana no había sido seleccionada (ingresaría más adelante al elenco). Emiliano, uno de los niños elegidos, estaba a punto de cambiar su vida. 

“Hay que situarse en esa época sin cable, sin Internet. La televisión era todo“, analiza hoy Emiliano, 49 años, 14 desde su última actuación en cine, abogado especialista en accidentes de trabajo. “Era raro ir al colegio en ese contexto, la mirada de los otros. No pertenecía al grupo de los líderes, era tímido y no era preferido por las maestras, pero de pronto empecé a ocupar cierta centralidad”.

Emiliano Kaczka en “Pelito” en los ’80.

En épocas de fans correteando con birome y hojas Canson (a la espera de una firma), Emiliano tuvo que hacerse fuerte para surfear la ola que se venía. El fenómeno Pelito (y luego el de Clave de sol) implicaba esquivar espectadores pre-celular capaces de cortar un mechón de cabello o una remera con tal de quedarse con un “pedacito” del ídolo.

Su estrellato infantil tuvo más de sacrificio que de mieles. Todos los días, después del colegio, tomaba el tren Sarmiento desde Moreno hasta Plaza Miserere. El trayecto se completaba con un colectivo hasta el viejo Canal 13. A las jornadas agotadoras se sumaban las giras bonaerenses los fines de semana, o las invitaciones incesantes a eventos. 

Hijo de un vendedor de muebles y una ama de casa y actriz vocacional, Kaczka mayor se crió atravesado por las mudanzas. Moreno-Quilmes-Liniers-Moreno. A los 13 y hasta los 18, el plan movedizo familiar lo llevó hasta La Paternal. Cursaba la primaria en la escuela 38 de Moreno cuando lo alcanzó la primera popularidad, que se extendió durante todo el secundario, en el Comercial 20. No hubo viaje de egresados: “Yo tenía un trabajo y no podía abandonarlo”, explica. “La tele me quitó algunas cosas. Como ver partir el micro con mis compañeros: simulaba que no, pero tenía el corazón destrozado”.

Emiliano Kaczka en “Clave de sol”.

Aquellas aventuras televisivas ochentosas resultan inentendibles hoy para sus hijas Centennials: con los cortes de luz alfonsinistas, por ejemplo, las grabaciones se volvían un suplicio. Recuerda que una tarde, en un receso de filmación, se tiró a dormir una siesta entre escenografías y cuando se despertó, aterrado, empezó a gritar: “Era una oscuridad como de ruta, no podía salir del estudio, intentaba abrir una puerta y era un decorado. Tardé más de media hora en encontrar la salida. El director me estaba buscando”.

El boom de Pelito terminó en 1986. Faltaba menos de una década para que su compañero de elenco Adrián Suar invirtiera 70 mil dólares en el sueño de Poliladron y pariera el imperio Pol-ka. Hasta 1991 Emiliano toreó el vendaval de otro hit juvenil, Clave de sol. Walkman, pantalones nevados, flechazos escritos por Jorge Maestro y Sergio Vainman… Por la calle aún lo llaman Rolo, por aquel personaje que acompañaba a un semillero: Leonardo Sbaraglia, Cecilia Dopazo, Pablo Rago, Julián Weich, Federico D’Elía…

Emiliano Kaczka como Jorge Cyterszpiler en la película italiana “La mano de Dios”

Como ocurrió con cientos de niños actores, determinados patrones de la infancia y preadolescencia se vieron cambiados por la televisión. El primer beso en la boca, por ejemplo, no fue producto natural de un enamoramiento en la escuela. Tenía 12 años cuando los productores le hicieron dar el primer beso, a Guadalupe Martínez Uria, “una belleza superior” que años después decidió esfumarse de las cámaras. Emiliano siente que no abandonó el rol de niño, pero jugó con otras reglas.

Hoy como padre: ¿Qué postura tenés acerca de los niños actores y el trabajo en TV de menores?

-A mí me acompañaban mis padres hasta que fui más grande. Seguramente hoy el cuidado es mayor que entonces, que hay una evolución con respecto a eso. El deseo depende del niño. Hay que escucharlos. A los 9 mi hija Lara se le dio por estudiar actuación. La llevé con Nora Moseinco. Un día vino a la cocina y me dijo: “Mejor no quiero actuar”. Dejé que ella decidiera.

Emiliano Kaczka hoy.

-¿La abogacía fue el llamado de vocación?  ¿Qué pasó que decidiste dejar la actuación, hacer silencio y refugiarte en las leyes?

-El estudio no me apasionaba tanto, me gustó la abogacía cuando la ejercí. Yo decidí estudiar en la UBA de a poco, pero la inestabilidad laboral fue tal que me estaba afectando como persona. Entonces cuando se cortó el trabajo actoral intensifiqué el estudio y y terminé la carrera. Primero me puse a trabajar en un estudio, después me largué solo. Mi papá llegó a verme como abogado. Hoy soy asesor local en el INDEC, en la parte de administración.

Emiliano Kaczka como Jorge Cyterszpiler en la película “La mano de Dios”.

-¿Sirven de algo las herramientas actorales a la hora de ejercer la abogacía?

-Me sirvió para determinados manejos emocionales en las audiencias. Hay mucho de ficción, de artificio en los litigios y empecé a detectar a quienes actúan.

-Por tu proximidad con el tema: ¿Pensaste en dedicarte a ser abogado de actores?

-Lo pensé y decidí evitarlo porque es difícil litigar con gente que conocés. Me encontraba en situación que incomodaban.

Emiliano Kaczca hoy.

-¿Lo tuyo pudo considerarse un retiro?

-No. Yo creo que el actor está en Stand By, en espera, y en el momento en que pueda volver lo haré. En un contexto así las chances son pocas, no sé si sería realista esperar un llamado, tal vez sea yo el que pueda generar algo. Lo mío más que el teatro es lo audiovisual y tengo alguna idea escrita que debería madurar.

Casado con Ingrid-decoradora de interiores-, padre de Lara y Lucía, los tiempos libres de Kaczka no están destinados ni a la ficción ni a la búsqueda de la Justicia. Se permite explorar una pasión que descubrió hace una década, la literatura. Cuando no lee a sus favoritos (Inés Garland, Abelardo Castillo, Liliana Heker) escribe cuentos que corrige su maestra, Heker. Algunos se anima a subirlos a su blog, Vicio despuntado. Esto se despertó de grande. Empecé primero en el taller de Sergio Olguín, y soy un aprendiz que no se presiona con publicar”.

Emiliano Kaczka como Jorge Cyterszpiler en la película italiana “La mano de Dios”.

Mientras Guido se transforma en uno de los conductores con más horas diarias de aire entre la radio y la TV (del ciclo propio de La 100 a Bienvenidos a bordo, por El Trece) Emiliano disfruta de un perfil silencioso. A contramano de sus inicios, para una generación pasó a ser “el hermano de”. Presiente que un día volverá a mostrar ese capital que quedó congelado en la pantalla de Volver. “Nos separan seis años y nos une la relación de compinches. Es un conductor que tiene un talento enorme y una capacidad única para producir antes, durante y después del programa. Logra una empatía pocas veces vista en televisión”.

Con Regalo del cielo, la telecomedia sobre un hombre muerto que reaparecía como fantasma amigable de su hijo, Emiliano cambió de camiseta y fichó para el poderoso Canal 9 de Alejandro Romay en los noventa. Le siguieron ciclos como Alta comedia y El club de los Baby Sitters. Su último trabajo actoral resonante fue en 2007, en una curiosa película sobre Diego Maradona que finalmente no se estrenó en la Argentina, La mano de Dios.

Emiliano Kaczka.

Dirigida por el italiano Marco Risi, la historia tuvo a Marco Leonardi como “El Diez”, a Julieta Díaz como Claudia Villafañe y a Juan Leyrado como Guillermo Coppola. Kaczka compuso a Jorge Cyterszpiler, el representante de “Pelusa”. Un desafío: narrar con respeto una característica física del manager, su desplazamiento con dificultad como producto de la poliomielitis en la infancia.

De aquel viaje a Nápoles, que duró ocho días, Emiliano no pudo arrancarse jamás la música que acompañó la estadía: el canto de los tifosi, al grito de “Ho visto maradona innamorato son“. Años después, ocurriría la magia.

“Una noche, mi hermano me mensajea para decirme que iba a mandarme la foto de mi vida. No podía creer tener esa imagen. La foto es de 1984: meses antes de que Diego pasara al Nápoli fue invitado a Badía&Cia. Hice guardia en el estacionamiento de canal 13. Mazzitelli, director de Pelito, me dijo que lo conocía de la Paternal y que lo llamara cuándo Diego llegara. Abrieron los portones y apareció un coche de alta gama, negro. Corrí a buscarlo a Mazzi, se encontró con Diego y se pegaron flor de abrazo. Maradona me saludó, me revolvió los rulos y me apretó un cachete. Yo temblaba. Por unos instantes estuvimos charlando los cuatro solos: Maradona, Cyterszpiler, Mazzitelli y yo. Era el paraíso”. En los extremos de la imagen, un guiño como a futuro. El enrulado Emiliano de un lado; en la otra punta el otro enrulado, el que él compondría dos décadas después, Cyterszpiler.

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