La cordura y la cobardía

Momento límite. Hay gente que parece ahogarse en un vaso de agua, pero cuando la suerte le juega en contra y tiene, de verdad, peligro cierto de sumergirse y no respirar despliega una sabiduría sorprendente. No sé si ha sido el caso de la protagonista de esta historia, intuyo que ella siempre tuvo luz. Pero…

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Momento límite. Hay gente que parece ahogarse en un vaso de agua, pero cuando la suerte le juega en contra y tiene, de verdad, peligro cierto de sumergirse y no respirar despliega una sabiduría sorprendente. No sé si ha sido el caso de la protagonista de esta historia, intuyo que ella siempre tuvo luz. Pero es algo que nos pasa a muchos sin comparar con el límite infranqueable de una enfermedad que puede derivar en la muerte: sucede con lo cotidiano.

Nos ponemos metas, proyectos, ganas de hacer cosas. Y mientras los imaginamos, también hacemos gala de una procrastinación que nos atrasa, de una diletancia que nos lleva a armar castillos de arena en vez de los reales. Otras veces, en cambio, casi todo parece jugar en contra: nos falta tiempo, energía, quizás dinero pero tenemos una capacidad de concretar la ilusión. ¿Dónde está la diferencia?

Arriesgo: en la comodidad. Si vivimos una situación de confort, de calma tendemos a no modificarla, aunque eso nos lleve a anquilosarnos. A veces la placidez mata adrenalina. ¿Cómo salir de esa trampa? Primero, hacerse la pregunta dos veces, a lo mejor uno no quiere cambiar nada y sólo busca un reservorio de fantasías que no tiene por qué cumplirlas. Algo así dicen los sexólogos: se pueden imaginar imágenes que excitan pero no se pretende llevarlas a cabo. La idea, para algunos, alcanza.

Ahora, si en ese autoexamen que nos hacemos, la noción de andar camino nos entusiasma, ahí sí, manos a la obra. ¿Se necesita mucho impulso, ideas geniales? No, no siempre. Lo que se requiere es tesón, creatividad, y alguna dosis, homeopática aunque sea, de quimera.

¿Y si nos parece que es demasiado? ¿Si vuelve esa sensación de ahogo? Habrá que saber, sí, algo de planificación pero no le tengo mucha fe a ese abordaje. Lo central es entender que las inseguridades forman parte del proceso. Esas que a veces nos paralizan y no permiten pensar hacia adelante. Mark Twain, el escritor estadounidense, supo decir “Un hombre con una idea nueva es un loco hasta que la idea triunfa”. Ese puede ser un buen norte, a mí me ayudó para continuar cuando algo sonaba disparatado. Porque acaso, ¿ la cordura no puede ser también cobardía? Pensémoslo. Y actuemos.

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