Autocrítica de Roberto Salvarezza: “Confiamos en los laboratorios y la vacunación terminó teniendo un desfasaje de dos meses”

“Se utilizaron los elementos que la epidemiología daba frente a un virus desconocido: restricciones, distanciamiento y aislamiento. No había vacunas ni fármacos. Argentina estuvo al nivel de la mayoría de los países. No ha habido una gestión equivocada de la pandemia”. Roberto Salvarezza, ministro de Ciencia, Tecnología e Innovación de la Nación, es un hombre…

autocritica-de-roberto-salvarezza:-“confiamos-en-los-laboratorios-y-la-vacunacion-termino-teniendo-un-desfasaje-de-dos-meses”

“Se utilizaron los elementos que la epidemiología daba frente a un virus desconocido: restricciones, distanciamiento y aislamiento. No había vacunas ni fármacos. Argentina estuvo al nivel de la mayoría de los países. No ha habido una gestión equivocada de la pandemia“. Roberto Salvarezza, ministro de Ciencia, Tecnología e Innovación de la Nación, es un hombre de afirmaciones.

Los argumentos podrán ser discutibles, pero el razonamiento que Salvarezza persigue es (naturalmente) lógico-deductivo. Qué otro discurso le cabe a quien recorrió contra reloj la exigente carrera científica del Conicet. Porque es bioquímico e investigador superior de ese organismo, del cual, además, fue presidente. Eso, antes de ser diputado nacional. Antes de ser ministro. Y antes, claro, de esta entrevista con Clarín sobre el rol de su cartera y del Gobierno que representa en la gestión del Covid.

-Señale por favor los tres aciertos y los tres errores, empezando por lo que se podría haber manejado mejor en la gestión de la pandemia.

-Es parte de lo que han reflexionado algunos miembros del Gabinete. Hubo cierta confianza en que los laboratorios iban a cumplir en lo que se habían comprometido. La verdad es que por distintos motivos no pudieron cumplir en la provisión de vacunas. Ese puede ser un tema. Uno mira para atrás y dice ‘bueno, hubo una cierta confianza‘, como pasó en otros países.

-O sea, hubo una demora…

-Hubo una confianza en que iban a cumplir con las entregas. La demora impactó en que el proceso de vacunación tuviera un desfasaje entre lo que se esperaba y lo que ocurrió. Pasó en Europa también. Hubo una disputa muy grande, geopolítica, respecto de quiénes se aprovisionaban de vacunas.

Haber confiado fue un tema porque las vacunas se fueron demorando y no se pudo tener el ritmo que uno hubiera querido en febrero y marzo. Fue el tema más importante de exhibición, de cara a la sociedad: haber esperado y que llegaran un poco después. Ahora bien, mirando la película completa, se terminó teniendo un desfasaje de dos meses. No mucho más.

-¿Algo más que se podría haber manejado mejor?

(Piensa)

-Le doy una ayuda: los testeos.

-Bueno, es interesante poner el tema sobre la mesa. Que hagas muchos tests no necesariamente te cambia el panorama. Si estás en una etapa con una cantidad de casos relativamente baja, testear y aislar es posible. Pero cuando la cantidad de casos es muy grande, es difícil que el testeo te cambie significativamente. Una demostración es lo que pasó en Inglaterra e Israel. La segunda ola pegó de vuelta, aunque habían testeado mucho.

Salvarezza en su despacho. Antes de ser ministro, presidió el Conicet. Foto Emmanuel Fernández

-Pero hubo meses con pocos contagios y que se testeaba muy poco. Visto a la luz del número de muertos, en comparación a otros países…

-La tasa de mortalidad de Argentina por millón de habitantes ronda el puesto 20. No está en posiciones… a ver, si uno mira los datos diarios en el momento pico de la pandemia, puede ser que el país esté en el segundo o tercer lugar. El tema es cuándo sacás la foto. Inglaterra estuvo al tope y ahora no. Hay que mirar la cifra global. La tasa de letalidad de Argentina, el número de fallecidos sobre la cantidad de diagnósticos está dentro de los estándares mundiales.

-Estamos en el puesto 17 de fallecidos por millón de habitantes sobre doscientos y pico de países.

-Pero esos 200 países, hay que ver cuáles son, si contás San Marino y otros países insulares y pequeños. No recuerdo exactamente el ránking, pero hay que ver cuáles quedan arriba nuestro y la complejidad de cada país. Estamos en el puesto 17, pero no estamos liderando.

Argentina ha tenido un comportamiento razonable. Hay que considerar que otros países adoptaron soluciones que por razones culturales no aceptamos, como la georreferenciación con celulares. No es solo responsabilidad de la política. Si la sociedad no acepta perder privacidad tenés menos control de los contactos estrechos.

-Varios investigadores señalan que se desaprovechó el momento de pocos casos para frenar los contagios a través de una red de diagnóstico que aprovechara la infraestructura ya instalada en facultades de la UBA (Veterinaria, Agronomía, Ciencias Exactas, Bioquímica), sin contar otras universidades y privados.

-Mi posición siempre fue: ‘Si podemos testear más, testeemos más’. Pero, insisto, mirado en perspectiva, ninguno de los países que más testearon logró revertir el curso de las olas en función del testeo.

En cuanto a la red, previmos que la cantidad de laboratorios no iba a ser suficiente y donamos kits de diagnóstico a todos los laboratorios universitarios. Hace poco entregamos a la universidades de Chilecito, Chaco Austral y del Nordeste termocicladores, cabinas de bioseguridad -un tema clave para el testeo- y freezers para ampliar el sistema de diagnóstico. Hicimos relevamientos y muchos no tenían estas condiciones. Todo este tiempo hubo una gran colaboración entre los sistemas universitario y científico.​

-Un tema que inquieta es la vigilancia genómica de las variantes. El Malbrán (dependiente de Salud) y el Proyecto País (de Ciencia) dicen que trabajan en colaboración, pero domina un aire de competencia.

-No hay un inconveniente. El Malbrán hace el trabajo de secuenciación enfocado en la entrada de viajeros y nosotros secuenciamos en las provincias. Tenemos distinta finalidad. Además de secuenciar, queremos formar capacidades y fortalecer los grupos del interior. ¿Por qué? Porque esto no nos puede pasar nuevamente.

Somos un país que hace reactores nucleares y los vende a Europa. Hacemos satélites y los ponemos en el espacio. ¿Cómo no vamos a poder a hacer una vacuna? ¿Fabricamos vacunas? Sí. Tenemos laboratorios capaces de producir un antígeno, envasar y formular. Tenemos gente que evalúa vacunas. O sea que fabricamos, evaluamos… ¿Qué nos falta para estar entre los cinco o seis países que generaron sus vacunas? El diseño.

-¡Pensé que iba a decir “dinero”!

-No. Justo acabamos de entregar 600.000 dólares para completar la fase preclínica de cuatro proyectos. Las fases más costosas son las que vienen después y en las que queremos sumar laboratorios privados. Ojalá algunos lleguen a la fase 1 y 2, estimo que para fines de 2022, y también a la fase 3. Argentina tendría la capacidad de hacer todo: diseñar, fabricar, evaluar y podríamos ser un productor de vacunas como India o Cuba.

-De todos modos, se descuenta que el tema presupuesto debe ser complejo…

-Sí. El Gobierno impulsó la ley de financiamiento de la ciencia, que pretende multiplicar por cuatro a fin de esta década lo que el Estado nacional invierte en ciencia y tecnología. Ahora es el 0,28% del PBI. Macri nos dejó en 0,23%. La idea es llegar a 1% garantizado por el Estado. Sumando inversión privada y aportes de las provincias, podríamos acercarnos al 2% que tiene la Unión Europea.

-Volviendo a la pandemia, faltarían los aciertos.

-El manejo de las restricciones fue correcto para que los casos entre la primera y segunda ola no crecieran en forma exponencial. Ahora también se ve una reducción.

La provisión de vacunas fue un acierto, mirado en la perspectiva mundial. Argentina es un país emergente. Más allá de la complejidad con Pfizer, se apostó a conseguir vacunas de distintos orígenes. Fue un éxito la ayuda social a los sectores más vulnerables y a las empresas, lo que evitó grandes conflictos sociales, como se vio en Colombia.

El sistema de ciencia respondió muy bien. Volcó toda su capacidad y esfuerzo. Me refiero al desarrollo de 2 millones de kits de diagnóstico (que nos ahorraron 20 millones de dólares), los más de 2 millones de kits de anticuerpos que se usan para el seguimiento de los vacunados, el suero equino hiperinmune con el que se trataron 5.000 pacientes y el desarrollo de textiles antivirales: los 2,5 millones de barbijos que ves en la calle y que incluso usa el Presidente. Todo en menos de un año.

-¿Cuándo pronostica el fin de esta ola?

-Estamos viviendo el mismo escenario que Israel: transitamos la segunda ola, el pico parece ahora contenido y, mientras, avanzamos con la vacunación. Tuvimos 40.000 casos diarios. Sin las restricciones, hubiéramos superado los 60.000. La perspectiva es que se podría alcanzar, para septiembre, un grado de cobertura muy importante, superior al 50%, con una dosis. Los países como Israel, Canadá o Reino Unido están en el 63% a 70% de población vacunada.

“Transitamos la segunda ola, el pico parece ahora contenido y avanzamos con la vacunación”, evalúa el escenario actual. Foto Emmanuel Fernández

-¿Cómo imagina las Fiestas y el verano?

-Sería como tener la bola de cristal (risas). Si Argentina llega con el 60% de la población vacunada con una dosis a septiembre, uno podría esperar una situación más cercana a la normalidad para fin de año. Es mi sensación. Ahora, el Reino Unido iba a abrir todo el 21 de junio y están viendo una subida por la variante Delta. Está todo supeditado a muchas variables.

-Por la variante Delta, varios investigadores del Conicet pidieron “no repetir los mismos errores” y que el Gobierno controle mejor los ingresos al país. ¿Qué opina?

-Siempre tengo un profundo respeto por la opinión de mis colegas. Desde el punto de vista de la comunidad científica y desde lo estrictamente sanitario, uno dice ‘hay que cerrar todo’. Pero hay que equilibrar lo posible y lo deseable.

-Si hubiera estado en sus manos armar el grupo de asesores científicos del Gobierno, ¿qué perfiles hubiera elegido?

-El perfil que se eligió fue el correcto. De ninguna manera se cortó el canal de comunicación de los ministros con el Presidente. Desde el sistema de ciencia estuvimos en contacto en todo momento.

-¿No hubiera ayudado darle más protagonismo al sector científico?

-El protagonismo lo logramos con las cosas que hacemos y no con la foto política. La comunidad científica argentina se siente satisfecha. Gran parte de lo que desarrolló fue reconocido por la sociedad. Gente que dejó sus temas de investigación se puso a trabajar día y noche. Por ejemplo, el INBIRS llegó a hacer 1.200 determinaciones de PCR los fines de semana. Un trabajo increíble y silencioso de técnicos y becarios. Nuestros científicos están todos los días en los medios combatiendo las fake news. Estamos acostumbrados a que los logros que uno hace aparezcan en revistas científicas. Que salgan en los medios multiplica la sensación del efecto beneficioso. 

-¿Cuánto restó, en la gestión de la pandemia, la grieta política?

-A excepción de la última etapa, los que tenían responsabilidad en los distritos en manos de la oposición se manejaron correctamente. Luego hubo un sector que sí desafió las medidas sanitarias y fue adquiriendo peso con la quema de barbijos y el pronunciamiento por la pérdida de libertades. Los sectores antivacunas ya existían: el tema es que fueron punta de lanza de sectores políticos que los usaron para cuestionar la política sanitaria. Oficialismo y oposición deberían estar alentando la campaña de vacunación.

-¿Qué saldo dejó el episodio del “vacunatorio vip”?

-Fue un error político y le costó al ministro de Salud su cargo. Fue un error y el Gobierno tardó muy poquito en tomar medidas. Fue un claro error.

“Fue un error político”, dice Salvarezza sobre el vacunatorio vip. Foto Emmanuel Fernández

-La pandemia cambió la forma de divulgar ciencia. Muchos que se vacunaban sin cuestionamientos ahora manejan conceptos como “eficacia”. A la vez, los laboratorios informan avances en Twitter, sin papers evaluados por pares que sustenten los datos. ¿En qué medida el ámbito científico quedará vulnerado o bastardeado?

-Esto hace a los debates actuales. Las vacunas no son aprobadas porque haya un paper sino por lo que dicen los organismos regulatorios que disponen de la información, mucho antes que el referato de un paper. Comunicar que una vacuna es segura tiene el valor de tranquilizar a la gente. Pero en ciencia hay algo que es la buena fe. Todos ponemos buena fe. El que miente, tarde o temprano es desenmascarado y expulsado del sistema científico.

Pasión científica, política y ningún hobbie

En algún remoto lugar, la estructura que sostiene al sistema científico encuentra su justificación en narrativas como la de Salvarezza. Se le pide que resuma su infancia, sus hobbies, por qué eligió estudiar Bioquímica. Salvarezza se pone cómodo para resumir casi 70 años de vida y relata su CV.

Ese camino lógico, atravesado con esfuerzo madrugador en tiempo y forma, lo llevó de pichi bioquímico-UBA a investigador del Conicet, donde escaló todas las posiciones. Luego, lo condujo a director del INIFTA de La Plata, ciudad en la que vive. Luego, a director del Conicet. Luego, a diputado. Y desde 2019, a ministro.

En esta historia hay dos núcleos que hacen a la esencia “Salvarezza”. No es que no importe que haya nacido en Lanusse en 1952, que su padre haya sido empleado y su madre, maestra. Que a los 9 se haya mudado a Capital. Que tenga dos hermanas, cuatro hijos de dos matrimonios. O, en otro plano, que destaque su relación con el Presidente, Alberto Fernández, y con la Vicepresidenta, Cristina Fernández de Kirchner. Que su ídolo sea Néstor.

Pero lo importante ocurrió en el Colegio Nacional de Buenos Aires. “Es cuna de próceres, te enseñan ahí”, recuerda, antes de contar: “Tuve una excelente profesora de Biología, que signó a muchos de los científicos del país. Además, un buen profesor de Química, que me hizo llevar la materia, lo que me ayudó a apreciarla”. De esa combinación salió su vocación, la Bioquímica.

Dice que “en absoluto” se imaginaba ministro, por ejemplo, cuando a fines de los 80 pasó cuatro años en la Universidad Autónoma de Madrid especializándose en microscopía efecto túnel y de fuerzas atómicas porque siempre quiso “destacarme en el plano científico”.

Tuvo cierta militancia política en los 70 como vocal del centro de estudiantes por la Juventud Universitaria Peronista. “La combinación de las dos cosas me impulsó a incursionar en la idea de que la ciencia tiene un componente político muy importante”, apunta.

En la ecuación Salvarezza, la respuesta a “¿algún hobbie, ministro?” es “no, no tengo”. Y si se le pide una pasión, su respuesta es breve: “La ciencia”.

MG

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