El rap que deja al descubierto la grieta entre judíos y árabes en Israel

Uriva Rosenman creció en bases militares israelíes y sirvió como oficial en una unidad de elite de las fuerzas ramadas. Su padre había sido un piloto de combate. Su abuelo lideró a los paracaidistas que capturaron el Muro Occidental de Jordania en 1967. Sameth Zakou, un ciudadano palestino de Israel, se crió en la ciudad árabe-judía…

el-rap-que-deja-al-descubierto-la-grieta-entre-judios-y-arabes-en-israel

Uriva Rosenman creció en bases militares israelíes y sirvió como oficial en una unidad de elite de las fuerzas ramadas. Su padre había sido un piloto de combate. Su abuelo lideró a los paracaidistas que capturaron el Muro Occidental de Jordania en 1967.

Sameth Zakou, un ciudadano palestino de Israel, se crió en la ciudad árabe-judía de Ramla. Su familia fue desalojada de su hogar durante la guerra de la independencia israelí en 1948, en lo que fue denominado por los palestinos como el Nakba, o “la catástrofe”. Muchos de sus parientes huyeron a Gaza.

Cara a cara, separados por una pequeña mesa de plástico en un garage, los dos intercambian insultos étnicos y consignas entre sí, desgarrando el barniz de la civilidad que recubre los resentimientos que arden entre el Estado judío y su minoría palestina, en un vídeo de rap que se volvió viral en Israel.

Diferencias y coincidencias: de eso va la “batalla de gallos” que pone en negro sobre blanco distintos aspectos del enfrentamiento entre palestinos y judíos en Israel. Fuente: Dan Balilty/The New York Times

El video, Hablemos claro, que ya suma más de cuatro millones de visitas en las redes sociales desde mayo, no podría haber aterrizado en un momento más apropiado, después de la erupción de la violencia judeo-árabe que se reactive un par de meses atrás, que convirtió a muchas ciudades israelíes mixtas como Lod y Ramla en campos de batalla entre judíos y árabes.

En busca de un cambio de perspectiva

Al gritarse los prejuicios de ambas partes, a veces aparentemente al borde de la violencia, Rosenman y Zakout crearon una obra que desafía a los oyentes a superar los estereotipos y a descubrir su humanidad compartida.

Rosenman, de 31 años, dice que quiere cambiar a Israel desde dentro desafiando sus reflejos más básicos. “Creo que estamos asustados y controlados por el miedo”, dice. Zakout, de 37, apuesta a cambiar a Israel superando los traumas de sus antepasados.

“No estoy enfatizando mi identidad palestina”, dice. “Soy un ser humano. Punto. Somos seres humanos, primero.” A primera vista, el video se revela ni más ni menos que como un “emprendimiento” humanístico.

Sameh Zakout y Uriya Rosenman, frente a frente, en el video de “Let’s Talk Straight”. Foto Captura

Rosenman, el primero en disparar, lanza una incesante diatriba anti-Palestina de tres minutos.

“No llores racismo. Dejá de lloriquear. Ustedes viven en clanes, (usan) fusiles en las bodas”, se burla, con su cuerpo tenso. “Abusan de sus animales, roban coches, golpean a sus propias mujeres. Todo lo que les importa es Alá. Y la Nakba, la yihad, y el honor que controla tus impulsos.” 

La cámara los rodea. Una guitarra chilla.

Zakout se tira de la barba, mira hacia el otro lado con desdén. Todo eso ya lo escuchó antes, incluyendo esa línea repetida a menudo: “No soy racista, mi jardinero es árabe.” Entonces, su voz se eleva y ofrece el otro perfil de la más difícil de las historias de Oriente Medio.

Hablemos claro, el rap entre un israelí y un árabe

Uriva Rosenman y Samret Zakout y la música para discutir diferencias.


Terror, racismo y el espejo no deseado

“Basta”, dice, y sigue rapeando: “Soy un palestino y eso es todo, así que callate. No apoyo el terror, estoy en contra de la violencia, pero son 70 años de ocupación; por supuesto que habrá resistencia. Cuando hacés una barbacoa y celebrás la independencia, la Nakba es la realidad de mi abuela”.

En 1948 echaste a mi familia, la comida aún estaba caliente en la mesa cuando entraste en nuestras casas, ocupando y luego negando. No podés hablar árabe, no sabés nada de tu vecino, no querés que vivamos a tu lado, pero construimos tus casas”, completa su parte Zakout.

Rosenman se inquieta. Su confianza asertiva se agota mientras es arrastrado a través del espejo de la incomprensión árabe-judía.

“¿Por qué no dejan de acosar a nuestras mujeres?”, plantea Rosenman, frente a un Zakout que mira desafiante. Foto Captura

El video rinde homenaje a I’m Not Racist, de Joyner Lucas, una exploración similar de los estereotipos y la ceguera que bloquean la fractura blanco-negro en los Estados Unidos.

Rosenman, un educador cuyo trabajo era explicar el conflicto a los jóvenes soldados israelíes, se fue frustrando cada vez más viendo “cómo las cosas, con la justificación de traumas pasados para los judíos, se construyeron sobre cimientos podridos.”

“Algunas cosas de mi país son maravillosas y puras”, dijo en una entrevista. “Algunas están muy podridas. No se discuten. Estamos motivados por el trauma. Somos una sociedad postraumática. El Holocausto nos da algún tipo de legitimidad para no planear el futuro, no entender el panorama completo de la situación aquí, y para justificar la acción que representamos como la defensa de nosotros mismos.”

Por ejemplo, Israel, en su opinión, debería dejar de construir asentamientos “sobre lo que podría ser un Estado palestino”, en la Ribera Occidental. Porque ese Estado es necesario para la paz.

En busca de un modo de enfrentar a la sociedad a un espejo y revelar sus hipocresías, Rosenman contactó a un amigo en la industria de la música, quien le sugirió conocer a Zakout, un actor y rapero.

Empezaron a hablar en junio del año pasado, reuniéndose durante horas en una docena de ocasiones, creando un clima de confianza, y grabaron la canción en hebreo y árabe en marzo y el video a mediados de abril.

Su sincronización fue impecable. Unas semanas después, estalló la última guerra de Gaza. Judíos y árabes se enfrentaron una vez más, en los territorios de Israel.

Un encuentro que se volvió amistad

Sus primeras conversaciones fueron difíciles. Discutieron sobre el año 1948. Zakout habló de su familia en Gaza, de cómo los extrañaba, de cómo quería conocer a sus parientes que perdieron sus hogares. Habló de la “arrogancia judía que sentimos como árabes, la intolerancia.” 

Mis amigos israelíes me dijeron que los puse frente a un espejo”, señaló.

“No quieren que vivamos cerca de ustedes, pero construimos sus casas”, cuestiona Zakout, y Uriya escucha y piensa. Foto Captura

Rosenman aseguró entender el anhelo de Zakout por ver a su familia unida. Eso resultó natural. Pero, ¿por qué los ejércitos árabes atacaron a los judíos en 1948? “Estábamos contentos con lo que teníamos”, dijo. “Sabés que no teníamos otra opción.” 

La reacción ante el video fue abrumadora, como si se hubiera descubierto algo oculto en Israel. Les llegaron invitaciones para aparecer en conferencias, para participar en documentales, para acoger conciertos, para grabar podcasts…

“Estuve esperando a que alguien hiciera este video durante mucho tiempo”, apuntó Arik Carmi, en un comentario al video. “¿Cómo podemos pelear entre nosotros cuando somos más como hermanos de lo que admitimos? El cambio no vendrá antes de que dejemos ir el odio”, se preguntó y respondió al mismo tiempo.

Los hombres, ahora amigos, están trabajando en un segundo proyecto, que explorará de qué manera la autocrítica en una sociedad judía y árabe podría aportar y sumar elementos al cambio. Se hará la pregunta: ‘¿Cómo se puede hacer algo mejor, en lugar de culpar al gobierno?’

Zakout se reunió recientemente con el abuelo de su “socio”, Yoram Zamosh, quien plantó la bandera israelí en el Muro Occidental después de que paracaidistas israelíes irrumpieron en la Ciudad Vieja de Jerusalén durante la guerra de 1967. La mayoría de la familia de Zamosh que residía en Berlín había sido asesinada por los nazis en el campo de exterminio de Chelmno.

A partir del proyecto que los unió, Sameh Zakout y Uriya Rosenman se hicieron amigos, y ahora van por más. Foto Dan Balilty/The New York Times

“Es una persona única, y especial”, destacó el rapero palestino. “Me recuerda un poco a mi abuelo, Abdallah Zakout, su energía, sus vibraciones… Cuando hablamos de su historia y dolor, entendí su miedo y al mismo tiempo él entendía mi lado.” 

El video pretende llevar a los espectadores a ese mismo tipo de comprensión. “Este es el comienzo”,advirtió Zakout. “No vamos a resolver esto en una semana. Pero al menos es algo, el primer paso en un largo viaje.”

En tanto, su par israelí agregó: “Lo que hacemos es gritar en voz alta que ya no tenemos miedo. Estamos dejando ir los traumas de nuestros padres y construyendo un futuro mejor para todos juntos.” 

Entonces, ambos se dirigen a la mesa que está frente a ellos, y silenciosamente comparten una comida de pita y hummus.

Fuente: The New York Times, para Clarín

Traducción: Eduardo Slusarczuk

E.S.

TEMAS QUE APARECEN EN ESTA NOTA