Cae el sol y chau barbijo: bares y restaurantes, como en la pre pandemia

En la Ciudad hay, por lo menos, tres grandes circuitos de bares. Que siguieron pese a todo. Pese a una pandemia. Los speakeasy​ (o “escondidos”, que ya no necesitan clave); los que tienen música en vivo (rock o jazz) y también se puede comer; y los temáticos (que van de la escena asiática a la ambientación…

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En la Ciudad hay, por lo menos, tres grandes circuitos de bares. Que siguieron pese a todo. Pese a una pandemia.

Los speakeasy​ (o “escondidos”, que ya no necesitan clave); los que tienen música en vivo (rock o jazz) y también se puede comer; y los temáticos (que van de la escena asiática a la ambientación botánica). Y en la noche más elitista, hay un puñado de bares estrellas, esos con nombre propio.

También están las incalculables cervecerías y los cafés y los restaurantes y parrillas bien nocturnas. Más que todos estos puntos de contacto estrecho con la nocturnidad (a esfuerzo de quienes invierten y mantuvieron los trabajos pese a las pérdidas), fue la noche porteña la que sobrevivió al coronavirus. Y ahora, con positivos que no llegan a los 2.000 casos diarios, las flexibilizaciones y la amenaza de que Delta se convierta en la variante predominante, ya no hay cepo a la noche.

Palermo, el barrio prototípico de todos estos templos de cuerpos que comen, que toman, que charlan y que se rozan, volvió a ser Palermo. Pese a todo.

La escena no muere en lo palermitano. Es extensiva. Hay un brote de gente que sale. Ahora se puede. Ya casi nada es clandestino. La noche tiene el alta. Son las noches sin barbijo.  

Este viernes se cumplió una semana del fin de las restricciones a la nocturnidad. Se eliminaron los horarios límite y se liberó el aforo, pero se sigue exigiendo usar tapabocas al aire libre. La paradoja de las bocas cubiertas puertas afuera, y descubiertas puertas adentro. ¿Quién pone el límite? 

La liberación

Son las 22 del jueves y ese bar -al que todavía van famosos, hijos de celebrities e influencers- está lleno y con una fila de siete personas sin reserva. A la distancia social no la invitaron a salir y la espera es ardua hasta el recambio de mesas de las 22.45. Nadie tiene barbijo. Ni frente a los platos, ni entre quienes esperan. Todo es una gran burbuja.  

“Hay bastante demora. Si quieren pueden ir adentro, a la barra. Mientras… acá tienen unos tragos”, dice una recepcionista que parece que hizo un máster en buena atención. Conectadísima con auricular y micrófono, avisa que entran dos a la barra. Adentro, todo es techos altos, carteles exóticos y gente sin tapabocas. Gente parada. Mucha gente parada. Clima prepandemia. Libertad en la noche.

Barbijo para entrar a un bar de Palermo, solo en la fila. Puertas adentro, el uso se flexibiliza. Foto Emmanuel Fernández

Las únicas personas que no tienen la cara desnuda son como la chica de la maestría de la entrada. Trabajan ahí. ¿La buena atención también implica no pedirles a los asistentes, como antes, que se pongan el barbijo? Incomprobable, pero sucede.

Quienes pudieron conseguir reserva online para cenar -hay que anticiparse, como mínimo, cuatro días- pueden estar horas consumiendo. Hay algunas parejas, pero más grupos de amigos. Solteros y no tan solos. En edad de haber completado hace unos meses la vacunación. Gana el team +35. 

El comentario: “Es la primera vez que salgo fuerte. No fui a una fiesta en toda la pandemia”. Asocian ese bar como “una fiesta”. Es que se puede hasta bailar. Un poquito nada más. Discretamente, los hits de los 90. El (infaltable) comentario: “¿Con cuál te vacunaste?”. El (real) comentario: “Nadie controla nada en ningún lado”.

Mientras los casos explotaban en Argentina y las terapias intensivas estaban en rojo en la Ciudad, nada de esto pasaba tal como pasa este viernes. Quienes se animaban a salir a comer, tenían que estar afuera o tenían que respetar el aforo. El tapabocas no se sacaba hasta que llegara la comida y no se podía dejar la silla sin tenerlo, de nuevo, pegado en la cara. Pero ahora los labios volvieron a ser públicos.

Los permitidos

A pocas cuadras de ese viaje exótico hay un restaurante que no puede ser más argentino. No es un bar, no hay gente bailando, pero todas las mesas estan ocupadas y hay demora para comer. También es muy tarde, cerca de la medianoche, y en esta famosa parrilla hay un permitido entre esas personas de más de 45: nadie se pone el tapabocas. Ni en la fila, ni adentro para hablar con el mozo, ni para ir al baño.

Otra escena. Otro barrio, zona sur de la Ciudad, y otro momento del día. En una panadería que también es bar, como siempre al atardecer hay mucho público mayor tomando café. Todas las mesas ocupadas. 25 personas, ninguna menos de 60 años. Sólo una usa barbijo. Vacunados muchos hace ya nueve meses, no piensan en las terceras dosis. La liberación llegó a todos los grupos, hasta los que eran de riesgo. El rebaño se siente seguro.

Medidas de prevención

“Las flexibilizaciones en la noche me parecen correctas porque permiten que se vuelvan a hacer actividades que, gracias a la vacunación, pueden retomarse. No vas a contagiarte por cruzarte dos segundos con alguien en la calle. Pero en lugares cerrados, o al aire libre si hay mucha gente, hay que seguir manteniendo la distancia y usando el barbijo. La clave es la ventilación, contra la aerosolización del Covid que pueda haber en un bar”, explica a Clarín el reconocido infectólogo y asesor del Gobierno Eduardo López.

Los expertos recomiendan seguir usando barbijos en los lugares cerrados o al aire libre con aglomeración de gente. Foto Emmanuel Fernández

¿Qué pasó en el hemisferio norte cuando se liberó la noche? “No podríamos comparar la liberación de nuestra noche con la que hubo en Europa o en Estados Unidos, porque acá recién se está haciendo con un buen margen de la población vacunada completamente en la Ciudad. Allá se hizo antes y generó consecuencias. Pero no se puede descartar que por Delta vuelvan a subir los casos en el país. Quizá no los muertos”, cierra.

“Estoy viendo en los bares y las cervecerías que el barbijo no está mientras estés con tu grupo. Este finde sí estuve en lugares llenos, aunque no abarrotados como antes de la pandemia. Siento que hay muchas ganas de salir. Efusividad. En un momento levantaron mucho la música, como para que la gente bailara. Y la gente se puso a bailar. En uno de los sectores de la cervecería. Era un lugar muy abierto, corría la ventilación”, dice a Clarín Malena, de 29.

Ella habla de Palermo, pero sale por toda la Ciudad. Y excede los circuitos de bares del primer párrafo.

“Fui a fiestas y también a bailes de salsa, por ejemplo, el martes de la semana pasada, y veo que hay mucho protocolo. A tal punto que se hacen en lugares abiertos. La gente se pone el barbijo para ir a la barra o al baño, pero a la hora de bailar, al aire libre, está sin barbijo. Y es salsa. Un baile en pareja, con gente que no conocés”, cuenta.

No queda otra. Hay que volver a Palermo para darle un cierre a la primera semana del fin de la noche pandémica como la conocíamos. Y ahí también hay bares que escapan al target influencer +20. Están cerca de Plaza Serrano y tienen pool. Se toma, se juega, se baila y nadie tiene barbijo. Ni quienes atienden.

No importa al aforo (desde mucho antes que estos últimos siete días) y no hay ventilación ni alcohol en gel. Sólo hay noche. Mucha noche.

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