El nuevo River, el viejo River: un equipo que ataca, asfixia con presión y no negocia la actitud

No es complejo explicar a qué juega este River que está cerca de coronarse en el torneo doméstico: juega como todos los River de Marcelo Gallardo. Es cierto que tiene matices distintos a otros, sutilezas, falencias minimizadas y virtudes maximizadas, pero en lo profundo es el mismo de siempre: un equipo que ataca, que asfixia…

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No es complejo explicar a qué juega este River que está cerca de coronarse en el torneo doméstico: juega como todos los River de Marcelo Gallardo. Es cierto que tiene matices distintos a otros, sutilezas, falencias minimizadas y virtudes maximizadas, pero en lo profundo es el mismo de siempre: un equipo que ataca, que asfixia con la presión y que no negocia la actitud.

“Me siento más entrenador que antes, tiene que ver con el tiempo vivido. Estoy contento porque aprendo y evoluciono todos los días, es un desafío el hecho de reconvertirse permanentemente”, dijo el Muñeco luego de vencer a Argentinos y de acumular por primera vez ocho victorias en fila. Y la frase no es caprichosa porque el River modelo 2021 evidencia más que ningún otro cuánto ha crecido Gallardo como DT. Desde esa evolución se puede explicar porque este River terrenal, el más terrenal de los últimos 7 años, está próximo a romper el maleficio del campeonato local.

Cualquiera puede reconocer el ADN de los equipos que confecciona Gallardo. Pero un ejercicio interesante puede ser poner la lupa en los pequeños detalles que provocan que el actual sea distinto a otros más vistosos. Lo primero que conviene señalar es que este equipo es hijo de la necesidad, de la urgencia, de los imponderables. Se hizo al andar porque el entrenador fue cambiando por las privaciones y las adversidades.

En este tramo del año, el River de Gallardo salió airoso ante cada adversidad y eso lo forjó como equipo. Foto: JUAN MABROMATA / AFP.

No tiene un esquema definido River, pero hay patrones que se respetan: una línea de 4 defensores (rara vez aparece la línea de 5) y un volante de inicio. Una obviedad: Enzo Pérez es el motor del equipo. “Cuando Enzo está bien, el equipo juega bien. Es muy marcado. Es un termómetro muy importante. Nos da un juego diferente, una presencia distinta”, explicó el DT. Un detalle menos visible es que los laterales en muy pocas oportunidades pasan al ataque al mismo tiempo. Ha dejado de suceder desde que Montiel emigró. Y eso le ha dado otra solidez a River, otro equilibrio. Queda menos expuesto. El dato grafica: es el equipo menos goleado, con 12.

Otra cuestión por atender es el rol de los marcadores centrales en los inicios de los ataques. En los primeros River se destacaron zagueros más físicos que técnicos, como Maidana, Funes Mori, Pezzella, Pinola y Martínez Quarta; ahora, Paulo Díaz y David Martínez pueden conducir largos metros con la pelota en los pies o realizar cambios de frente.

David Martínez, un central que le da recorrido y buen pie a la salida de River. Foto: EFE/Marcelo Endelli POOL.

Al problema de la ausencia de Nicolás De La Cruz el entrenador la solucionó con un triángulo en el medio entre Pérez, Enzo Fernández -derecha- y Agustín Palavecino -izquierda-. Es un centro del campo más posicional que vertical, más pensante que explosivo. Igual, durante los partidos el Muñeco repite una y otra vez que los pases son siempre rápidos y para adelante.

Santiago Simón es un futbolista silencioso y cumplidor que se está afianzando a pasos agigantados. No es sencillo determinar de qué juega porque arranca de volante pero en muchas ocasiones se mueve de wing. El juvenil tiene despliegue y buena calidad de pases. Le falta pisar el área para completarse.

Gallardo se la jugó por Santiago Simón en el momento más caliente del torneo, en el Superclásico. Foto: Rafael Mario Quinteros.

Benjamín Rollheiser alterna con Romero en la delantera por la lesión de Suárez y la intermitencia de Carrascal. No brilla Rollheiser, pero es un jugador polifuncional porque ha jugado de extremo (San Lorenzo), de delantero (Banfield) y hasta de enganche (Talleres).

Todo lo que se diga de Julián Alvarez será redundante y escaso. Es la referencia de área -ya no juega ni de volante ni de extremo ni de segunda punta- y el futbolista más determinante de River.

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