Néstor Marconi y Juan Pablo Navarro: el tango es en vivo y cara a cara

La unión musical del experto bandoneonista Néstor Marconi (79) y el contrabajista Juan Pablo Navarro (50) es el resultado de un excepcional diálogo de instrumentos, cuyo repertorio incluye un repaso, en clave propia, de temas de Aníbal Troilo, Juan Carlos Cobián, Astor Piazzolla y del mismo Marconi. El excelso dúo toca el próximo 19 de…

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La unión musical del experto bandoneonista Néstor Marconi (79) y el contrabajista Juan Pablo Navarro (50) es el resultado de un excepcional diálogo de instrumentos, cuyo repertorio incluye un repaso, en clave propia, de temas de Aníbal Troilo, Juan Carlos Cobián, Astor Piazzolla y del mismo Marconi. El excelso dúo toca el próximo 19 de enero en Bebop Club de Palermo.

Hace calor en Buenos Aires y el rebrote de Covid preocupa a Marconi: el encuentro que sería en Palermo al final se realiza en su casa en Olivos, que queda a una cuadra del puente del Tren de la Costa. “Lo convencí a Juan Pablo para que venga desde La Boca hasta aquí; no fue fácil, pero de paso nos juntamos a ensayar”, afirma el veterano del fuelle.

¿Cómo se conocieron y conformaron esta dupla? “A Néstor lo conocí porque yo tocaba con Leonardo, su hijo. Una de las veces que estábamos tocando, vino a escucharnos y me invitó a sumarme al Quinteto Real porque no podía estar Oscar Giunta. Funcionó y desde entonces en todos los proyectos que tiene él allí estoy, para mí es un honor”, remarca Navarro, con notable idolatría hacia su par mayor.

Marconi también admira a Juan Pablo y algo especial notó en él: “Tuve un dúo con el contrabajista Ángel Ridolfi: juego técnico, improvisación y compromiso mayor, porque tocar a dúo implica no detenerse nunca. Cuando él se sumó, me di cuenta que era un excelente instrumentista, obvio que no había mucho que pensar”, sostiene quien fuera compañero del Polaco Goyeneche en el Café Homero Manzi.

Juan Pablo Navarro y Néstor Marconi, un dúo afianzado para el tango. Foto Constanza Niscovolos

Improvisar es estar atento

El tema de la improvisación no es menor en la propuesta sonora del dúo que conforman Marconi y Navarro, a tal punto que el bandoneonista profundiza más en el concepto: “Jugamos mucho con lo que nos sale en el momento. Hay que estar siempre atento y es muy saludable musicalmente. Esto es un contrapunto constante. Un diálogo musical entre los instrumentos. La gente lo valora aunque no sepa música”.

Por su parte, Navarro aporta su lectura. “Es estar siempre pendiente del discurso musical que está llevando a cabo el otro, hay que estar atento. Es un juego lúdico, cambian las coordenadas en cierto momento y hay que acomodarse, eso es divertido. Hay una espontaneidad que es más difícil brindarla en agrupaciones grandes”.

Marconi es un convencido de la naturalidad como principio musical a la hora de salir a tocar. “Hay que salir y sacar lo de uno, de adentro, es innato, eso no se fabrica”, a lo que Navarro asiente y suma su mirada: “Por supuesto que a medida que va pasando el tiempo y uno va tocando más con el otro, se entiende más; es como un diálogo: casi ya adivinás qué va a hacer tu compañero”.

Respecto a la innovación, Marconi asume que tanto él como su coequiper juegan en el mismo equipo ideológicamente. “A diferencia nuestra, mucha gente tiene miedo a innovar, a ir por fuera de lo tradicional. Hoy al público para todo, por suerte. Incluso hay quienes no gustan de D’Arienzo o de Piazzolla, Hay de todo y para todos”, desliza.

Charla entre amigos. Entre los músicos Juan Pablo Navarro y Néstor Marconi se nota la admiración mutua. Foto Constanza Niscovolos

Influencias

Sobre las comparaciones e incluso influencias, Navarro focaliza en lo siguiente: “El potencial de Piazzolla, la variante de Salgán. Nosotros tenemos más de Salgán que de Piazzolla. Se dio que él tocó primero con el Quinteto Real y luego yo. Esa es la nuestra. La virtud de Néstor es la de siempre ir para adelante, innovar”, expresa y de paso tira flores a su compañero.

El interés mutuo por aprender uno del otro es un aspecto muy particular, pese a la diferencia de edad y épocas vividas.

“Siempre pienso en lo que un joven músico hace. Juan Pablo, siendo un tipo muy joven, ya estaba ‘hecho’ cuando lo conocí”, dice Néstor. Y agrega: “Allá por el ’68, cuando empecé en el Viejo Caño 14, yo me hice muy querido por Troilo, y me dijo ‘no nos mires a nosotros, sino a los jóvenes que están llenos de vida y con ganas de mejorar’”.

Para Juan Pablo, estar al lado de Marconi es como tocar el cielo con las manos. “A nivel dúo, es mi primera experiencia importante. Primero porque él es un referente para mi generación. Antes de conocerlo era como un faro. Cuando yo vine de Mar del Plata, uno de mis objetivos era poder tocar con él, sin que él lo supiera”.

Al aire libre. Juan Pablo Navarro y Néstor Marconi improvisan a puro tango. Foto Constanza Niscovolos

Entre el tango y el rock argentino

Tanto el bandoneonista como el contrabajista cuentan con una relación directa con el rock. Marconi grabó con grupos rockeros y fue testigo de la evolución del género en nuestro país. Navarro, por su parte, forma parte de la generación que creció escuchando a Charly García -hasta lo versiona-, pese a apostar a la Música Popular.

“La música va más allá del encasillamiento. En su momento apareció el rock. Toqué con Alas, Spinetta, Fito Páez, quien era habitué en la esquina Homero Manzi. Charly y otros rockero también iban. Siempre le dije a Fito: ‘Tenés que cantar como vos el tango’. Los mismo me pasaba con El Cigala, a quien le expresaba: ‘No cantes como el Polaco, ¡cantá como El Cigala!’”, narra el bandoneonista.

“Yo también toqué con Fito, experimenté bastante, sobre todos los estilos. Mi abuela escuchaba a Gardel. Yo soy de la generación de Yes, Charly García, folclore y tango. Crecí mirando en la televisión Grandes valores del tango, con Silvio Soldán en la conducción”, aporta lo suyo Navarro.

Néstor Marconi y Juan Pablo Navarro tienen bastante experiencia con rockeros. Foto Constanza Niscovolos

De pronto, se produce un ida y vuelta entre el dúo, por lo cual toma la palabra Néstor, más que interesado por la cuestión: “El músico rockero es más respetuoso que el del tango. Te escuchan con atención porque saben que no es el terreno de ellos”.

“Volviendo a Fito, las veces que toqué con él fue muy experimental. Él colaboró con nosotros, es muy generoso, dispuesto a aprender. Igual que la gente del jazz, que siempre tiene ganas de aprender. De cualquier género se puede aprender. Vale mucho ser humilde, eso ya es un gran paso”, esboza Navarro.

-Néstor, el Polaco Goyeneche y vos grabaron con Litto Nebbia, ¿cómo fue esa experiencia?

-A ver, antes que nada, no me gustó la época del rock de Palito Ortega y todo eso. No me parecía algo original, genuino, de acá. Litto tuvo su momento. Lo que valoro de él es que cuando no se podía grabar, se la jugó. Con el Polaco grabamos Tangos del sur gracias a su apoyo.

Marconi viajó por el planeta entero tocando tango. Comenta que desde hace tiempo se terminó lo de viajar con una orquesta. “A mí me llevan solo. Son buenos músicos los que te ponen, pero nunca es lo mismo. No depende de ser argentino, sino del idioma del lugar. Una vez Marta Argerich me preguntó ‘¿Cómo se toca esto?’. ‘¡Como está escrito!’, le respondí. Ella aprendió en otros lugares”.

Cara a cara. Néstor Marconi y Juan Pablo Navarro, dos tangueros de generaciones diferentes. Foto Constanza Niscovolos

“¿Algo gracioso? Yo iba seguido a Granada, al Festival de Tango. Había alemanes, finlandeses que decían: ‘Hay que viajar a Buenos Aires, probar el aire de allá para tocar bien tango, ir por Avenida Corrientes, cruzar el Obelisco’. ¡No lo podía creer! La música tiene que ver con el lugar de donde uno es. Es lo mismo que pretendas tocar conga igual que un cubano”, arremete el bandoneonista, carcajada mediante.

Respecto al concierto que se avecina, para ambos tiene gran importancia, pues la pandemia los alejó de los escenarios y tampoco les agradó la idea del concierto de manera virtual.

No hay situación más rica que tocar en vivo y junto al público. Hubo gente grabando en este tiempo. Para nosotros lo valioso es tocar cara a cara”, expresa Juan Pablo.

Marconi apoya sus dichos y arremete: “Un bar, un boliche es otra sensación. Lo otro es de plástico. Es como el zoom. ¡Un horror! Ni sabía cómo conectarme, tuve que comprarme una notebook. Mi hijo Leo me enseñó a usarlo. No me quedó otra porque doy clases para gente de S.A.D.A.I.C. ¡Es muy difícil tocar desde una camarita!”

“No podés hacer ensamble con tus compañeros, no existe verdadera comunión como en vivo sobre un escenario. Es por eso que defendemos el espacio con la gente, nada es comparable a eso”, concluye con su rostro visiblemente sudado, pero amigable.

Dos que vinieron a Buenos Aires

Existe un paralelismo de historia en los dos integrantes: a Buenos Aires, uno llegó de Rosario y el otro de Mar del Plata, en búsqueda de progresar con la música. Marconi, con el apoyo de su padre, siendo muy joven, se sumó a la orquesta de José Basso y experimentó en el legendario cabaret Marabú, de Maipú casi esquina Corrientes, en el centro porteño.

Juan Pablo Navarro nació en Avellaneda, pero su familia se trasladó a Mar del Plata, donde creció y se graduó en un conservatorio musical costero. Trabar amistad con el hijo de Marconi le abrió las puertas a escenarios de envergadura. Actualmente vive con su familia en La Boca.

“Cuando vuelvo a Santa Fe, es una responsabilidad distinta. Creo que toqué más veces en Europa que donde nací. ¡Para un rosarino no hay nada peor que otro rosarino!”, declara Néstor, entre sinceridad y broma.

“A Mar del Plata fuimos sólo una vez, ¿te acordás, Néstor?”, pregunta Juan Pablo, a lo que el genial bandoneonista responde con una frase tan en boga por infinidad de artistas consagrados: “Nadie es profeta en su tierra…”.

Información

El dúo Néstor Marconi – Juan Pablo Navarro se presenta en Bebop Club (Uriarte 1658) el miércoles 19 de enero, a las 20.30 horas.

WD

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