La gran manzana

“El que hace se equivoca” es una frase que siempre trato de repetir cada vez que veo la cara de frustración de uno de mis colegas de trabajo cuando comete un “error”. Emprender no es solo animarse a hacer, sino aprender a continuar cuando las cosas no salen cómo las imaginamos. En mi caso, me…

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“El que hace se equivoca” es una frase que siempre trato de repetir cada vez que veo la cara de frustración de uno de mis colegas de trabajo cuando comete un “error”. Emprender no es solo animarse a hacer, sino aprender a continuar cuando las cosas no salen cómo las imaginamos. En mi caso, me divido en la tarea de ser escritor y productor de Teatro Ciego. Roles que deben convivir producto de la necesidad del emprendedor de teatro independiente. La autogestión en nuestro rubro es casi la norma. 

Buenos Aires es una de las ciudades con mayor oferta teatral del mundo, comparte el podio con Londres y Nueva York. Esto es así precisamente por el componente autogestivo de los cientos de espacios culturales que se manejan con este modo de producción y Teatro Ciego no es la excepción. 

Además de hacer teatro, de forma autogestiva o independiente, somos la única compañía a nivel mundial que realiza todas sus obras en completa oscuridad, trabajando con diferentes estímulos sensoriales e incorporando artistas con discapacidad visual en sus diferentes propuestas. Este año cumplimos 13 años de existencia como organización.

De todos los proyectos que emprendimos con Teatro Ciego, uno de los más desafiantes tuvo que ver con desarrollar y producir una obra en otro idioma, para un público nuevo en la ciudad de Nueva York cuando Malcolm March y Carlos Armesto nos propusieron esta aventura. La oportunidad se presentó en 2019 y en febrero de 2020 estábamos realizando el preestreno de Odd Man Out, nuestra primera producción internacional, en el consulado argentino de NY. El estreno oficial estaba previsto para agosto de ese año.

Marzo de 2020: cuarentena, el resto es historia conocida. De estar en el mejor momento de nuestra existencia como proyecto, a estar a punto de cerrar las puertas para siempre. Todo en cuestión de días. Hay algo de hacer teatro que tiene directa relación con nosotros mismos, con nuestra propia humanidad. 

Hacer sin miedo a equivocarse, implica que uno sabe que puede cometer errores, pero que eso es parte del proceso del hacer. Hay una frase trillada que dice que “crisis es oportunidad” pero en nuestro caso, la crisis se convirtió en la posibilidad de desaparecer. Y en este caso fue el instinto de supervivencia lo que nos llevó a crear nuevas formas de conectar con nuestra audiencia y poder sobrevivir como proyecto. No solo a nivel artístico sino también económico. 

Pocas semanas después de haber cerrado nuestras puertas al público, en medio de la angustia y la incertidumbre que implica no saber cuándo íbamos a poder reabrir nuestro espacio, en alianza con El Toque Producciones surge el primer estreno en pandemia de la primera de nuestras “cajas sensoriales”. Todo lo aprendido en los años anteriores se vió reflejado en ese primer “producto teatral a domicilio”: una caja que contenía una obra sonora, utilizando tecnología inmersiva binaural 360°, un kit sensorial y un menú gourmet degustación. 

Era para el público una forma de salir del encierro a un “metaverso virtual” donde las imágenes eran generadas por la imaginación de cada espectador. La aceptación fué inmediata, y estas experiencias en caja comenzaron a viajar a las casas de cientos de personas que no podían salir. Si el público no podía ir al teatro, el teatro iba al encuentro de su público. Con el tiempo, y a partir de la reconfiguración de todo nuestro proyecto, surge la posibilidad de replicar el mismo formato “box” para Odd Man Out, y así fué como se generó la primera exportación de la experiencia para el público neoyorquino. 

Este año, después de muchos meses, pudimos regresar a la escena, abriendo nuestro espacio a un público más reducido y con protocolos mediante. Además de las obras de teatro ciego “tradicionales” que estamos pudiendo volver a hacer. La experiencia de las cajas nos dejó un nuevo formato: obras sensoriales con sonido inmersivo binaural 360° que, a diferencia de otras de nuestras propuestas, no necesitaban de actores circulando entre el público y, por ende, se convertían en un formato seguro. 

En un espacio a oscuras, el público toma asiento, se coloca auriculares profesionales de estudio y disfruta de la función, escuchando una obra sonora inmersiva a la vez que siente los diferentes efectos en vivo (aromas y sensaciones táctiles por ejemplo). Así nació nuestro nuevo formato que llamamos “semivivo”.

Este nuevo formato nos permitió retomar la aventura, hacer funciones en nuestra sala en Buenos Aires y una gira nacional que al día de hoy lleva más de seis mil kilómetros llevando Sapo de Otro Pozo, la versión en español de Odd Man Out a las distintas ciudades del interior de nuestro país. Por último, y no menos importante, en octubre de este año pudimos concretar nuestro sueño y estrenar con el formato “semivivo”, Odd Man Out en Nueva York.

Hoy podemos mirar hacia atrás y reconocer que, aunque hubo errores, lo importante siempre es animarse a hacer. 

*Escritor y productor de Teatro Ciego.

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