“La repetición puede transformarse en un arte muerto”

La última película de Diego Musiak, Cenizas al mar, lo tiene a Fabián Vena como protagonista. Con respecto al film recuerda: “En principio la historia iba a transcurrir en Sudáfrica pero por suerte la hicimos en Santa Clara del Mar. Se buscó que no se perdiera la poesía, ni la emoción”. —¿Qué características tiene el…

“la-repeticion-puede-transformarse-en-un-arte-muerto”

La última película de Diego Musiak, Cenizas al mar, lo tiene a Fabián Vena como protagonista. Con respecto al film recuerda: “En principio la historia iba a transcurrir en Sudáfrica pero por suerte la hicimos en Santa Clara del Mar. Se buscó que no se perdiera la poesía, ni la emoción”.

—¿Qué características tiene el director Musiak?

—Es un director que deja al actor muchísima libertad y nos da confianza. Es muy cuidadoso a la hora de armar el guión. Tengo una técnica para actuar y siento que eso no se modifica mucho. Soy un privilegiado por haber podido conocer desde muy joven los lenguajes de la televisión, el cine y el teatro, muy diferentes.

—Cenizas al mar se sumará a las más íntimas:¿esto es lo que buscabas?

—Me interesa cuando la historia es rica para contar y que haya honestidad artística. Leer un guión noble, que se note que está escrita desde las vísceras y las ganas. Nosotros no tenemos una gran industria. Forma parte de un cine intimista, pero no lento. Abre la puerta a historias que como público es fácil de reconocer. Tiene muy buena imagen y belleza estética. Es probable que te emociones y reflexiones.

—El año pasado con Yo nena, yo princesa: ¿fue el debut de tu hijo Valentino?

—Si, fue algo mágico. Primero convocaron a Paula (su mujer, Morales), después me invitaron a mí para un día de rodaje y más tarde nos llegó el ofrecimiento para que Valentino hiciera del hermano de la protagonista. Entendió la responsabilidad que asumía, para su imaginario creía que iba a ver público, porque conoce mucho más al teatro. Después llegaron los ensayos, muy cuidados. Dejar a nuestro hijo en manos de Eleonora Wexler y Juan Palomino (los padres en la ficción) fue como que estuviera con unos tíos.

—En un momento te convocaban para papeles de villanos: ¿cómo hiciste para no te encasillarte?

—Tuve una gran educación, empecé en escuelas barriales y en el secundario sabía que quería ser actor. Cuando volví a mi pasado en el IFT encontré conceptos técnicos. La repetición puede transformarse en un arte muerto. Repetir papeles es un peligro muy grande, para uno mismo. Hay que salir a buscar los diferentes géneros y personajes. Todo lo conocido, debe formar parte sólo de la experiencia. Hay que escapar a todo lo hecho, busco lo nuevo.

—Fuiste dirigido por Robert Sturua y compartiste escenario con Alfredo Alcón ¿te faltó alguno?

—Muchos. Formo parte de una generación puente. A Alcón lo seguimos teniendo de alguna manera. Cuando por primera vez me subí a la sala Martín Coronado me tocó compartir con Alfredo. A mis diecisiete años, desde las escaleras del teatro vi al grupo georgiano Rustaveli, que dirigía Sturua. Veinte años después tomé vodka con él al hacer su puesta de La resistible ascensión de Arturo Ui (2005). Sentí que me había formado para estar en ese lugar.

—¿Cómo sigue el año?

—Continúo con mi unipersonal Conferencia sobre la lluvia. Lo llevo donde me llaman. Se verá El gran fabulador junto a Diego Peretti y Carla Peterson y estaré en una de las historias de Putas. También filmé Madame Requin de Alberto Lecchi, junto a Flavia Palmiero y Luciano Cáceres, más Abejas, el arte del engaño para Flow. Estoy muy metido con la escuela, en el teatro Poncho Club Cultural (Marechal 1219, Villa Crespo). Me retroalimento con la docencia.

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