Con su crítica, el Papa les pega a dos de sus enemigos del Gobierno: uno viejo y uno nuevo

La advertencia por la inflación y la pobreza es un golpe al corazón del relato del Frente de Todos. 25/01/2023 10:59 Clarín.com Política Actualizado al 25/01/2023 10:59 Aun cuando el objetivo esencial sea mandar un mensaje a su propia y durísima interna en el Vaticano, reverdecida tras la muerte de Benedicto XVI, los dichos del…

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La advertencia por la inflación y la pobreza es un golpe al corazón del relato del Frente de Todos.

25/01/2023 10:59

  • Clarín.com
  • Política

Actualizado al 25/01/2023 10:59

Aun cuando el objetivo esencial sea mandar un mensaje a su propia y durísima interna en el Vaticano, reverdecida tras la muerte de Benedicto XVI, los dichos del Papa Francisco sobre la Argentina resultan un golpe preciso al corazón del relato del Gobierno. Con un impacto particular en dos de sus enemigos políticos del oficialismo. Uno viejo, Sergio Massa; y uno nuevo, Alberto Fernández.

En una entrevista con la agencia Associated Press, Jorge Bergoglio criticó el aumento de la inflación y la pobreza en Argentina: “¿Qué pasó? Mala administración y malas políticas”. El Sumo Pontífice también consideró que el aumento de precios es “impresionante”.

“Argentina en este momento, y no hago política, leo los datos, tiene un nivel de inflación impresionante”, enfatizó Francisco. No peca de mentiroso con los números. Con el 5,1% de diciembre, la suba de precios del año pasado marcó un récord en 31 años, orillando los 95 puntos de incremento.

Los dichos del Papa se conocen cuando el Presidente viene de enredarse con otra particular definición sobre la inflación. Habló de una situación “autoconstruida” en la cabeza de la gente. Así se explicaría, en su óptica, el fracaso en la guerra que les declaró a los precios en marzo del 2022. Francisco ve otra cosa. Y lo dice.

En paralelo, la mención de Bergoglio a una pobreza en torno al 50% tiene la misma profundidad de daño para un gobierno peronista. Se trata, por cierto, de un flagelo que el grueso de los obispos argentinos remarca en todos sus discursos y documentos hace años. Estos antecedentes podrán ser la excusa si en algún momento el Papa, la Iglesia o el mismo Gobierno buscan desdramatizar la crítica. El daño ya está hecho.

Enemigo nuevo

Como viene contando el periodista Sergio Rubin en Clarín, la relación entre Alberto Fernández y el Papa Francisco se quebró cuando el Presidente, pese al pedido del Papa, decidió impulsar igual la legalización del aborto.

No amortiguó que, hace menos de un año, Fernández bautizara “Francisco” a su hijo con Fabiola Yáñez. “El nombre de Francisco tiene mucho que ver con el Papa, ese nombre representa mucho de lo que el Papa representa como líder. Un líder del mundo y yo lo valoro mucho”, explicó en abril del año pasado el Presidente.

La tirantez ya había quedado clara en el encuentro que tuvieron el mandatario y Bergoglio en mayo del 2021 en Roma. Una reunión de 25 minutos, casi protocolar, que según fuentes vaticanas el propio Pontífice había intentado suspender.

Enemigo viejo

Las críticas del Papa, por supuesto, también golpean de lleno en el principal encargado de bajar la inflación: el ministro Massa. En este caso, el encono ya es histórico. Fue ostensible, años atrás, cuando el ex intendente de Tigre/candidato no conseguía su foto con un Francisco que volaba en popularidad, recién asumido.

El ex ministro de Economía Martín Guzmán, en abril del 2021, cuando fue a buscar (y obtuvo) apoyo del Papa para la negociación con el FMI.

Massa quedó marcado, entre otras cosas, por presuntamente “operar” contra Bergoglio, cuando el entonces Arzobispo de Buenos Aires tuvo sus primeros enfrentamientos públicos con el ex presidente Néstor Kirchner. 

Otro dato de la actualidad le juega también en contra a Massa. El Papa tenía (tiene) una buena relación con el ex ministro Martín Guzmán, a quien su sucesor acusa de varios de los males actuales de la economía.

A diferencia de Massa, Guzmán tuvo un apoyo clave cuando en abril del 2021 renegociaba la deuda con el FMI. Bergoglio lo recibió, le abrió su despacho y hasta posó sonriente con el funcionario. Toda una gentileza.