sábado, 13 abril, 2024
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El día que Djokovic lloró: alcanzó su 23° Grand Slam, recuperó el 1 del ranking y lidera todas las estadísticas de la ATP

Cuando el derechazo cruzado de Casper Ruud se fue ancho y sentenció la historia de la final de Roland Garros 2023, Novak Djokovic se dejó caer de espaldas sobre el polvo de ladrillo parisino y estuvo varios segundos mirando el cielo. Luego se levantó, saludó al noruego en la red y empezó a festejar como suele hacer tras cada consagración. Se tomó unos minutos arrodillado en medio de la cancha para disfrutar del momento. Después, en el camino a su box, pegó un salto y un grito de felicidad, con el puño apretado. Y tras reunirse con su gente, se fundió en un eterno abrazo con su entrenador Goran Ivanisevic y su equipo y con su mujer Jelena y sus hijos Stefan y Tara.

Pero otra vez en su banco, mientras esperaba la ceremonia de premiación, hizo algo que no se lo vio hacer muchas veces al ganar un título (y eso que ya suma 94): se quebró. Se cubrió la cabeza con una toalla y lloró, dejando escapar toda la emoción y la tensión -y también algunos nervios- que se había guardado adentro durante el partido. Y es que esta corona no fue una más para el serbio. Fue la que lo convirtió -al menos si de números y estadísticas se habla- en el mejor tenista de todos los tiempos.

Con la victoria por 7-6 (7-1), 6-3 y 7-5 ante Ruud -que arrancó muy fuerte, pero terminó quebrándose ante el poderío tenístico y mental de su vencedor-, Djokovic, de 36 años, levantó su 23° trofeo de Grand Slam y rompió el empate con Rafael Nadal para quedar como el máximo campeón de Majors de la historia.

El español, ausente este año en París para curar su castigado cuerpo y preparar su temporada final, está segundo con 22°. Y el suizo Roger Federer, el otro integrante del Big 3 que marcó una era dorada en el tenis y retirado el año pasado, completa el podio con 20.

Esa era la única categoría de los registros grandes del mundo de la raqueta tenis que aún no había conquistado: ya era el más ganador de Masters 1000 (38) y de ATP Finals (6, junto a Federer) y el que más tiempo pasó como número 1, un lugar que volverá a ocupar hoy, cuando arranque su 388ª semana en lo más alto.

Nole quedó ahora igualado con Serena Williams y a un título del récord absoluto de la australiana Margaret Court, que se consagró 24 veces en Grand Slam. Y se convirtió además en el primer hombre en ganar cada uno de los cuatro «grandes» al menos tres veces: esta fue la tercera en Roland Garros para él, que además suma diez en Australia, siete en Wimbledon y tres en el US Open.

«Es importante ganar mi 23° acá, que siempre ha sido el torneo más difícil para mí», dijo Djokovic, emocionado. Foto AP Photo/Thibault Camus

«Es muy importante ganar mi 23º título ‘grande’ acá, porque este siempre ha sido el torneo más difícil para mí. Estoy muy emocionado», comentó el serbio.

«Un Grand Slam es un Grand Slam. Son los cuatro torneos más grandes que tenemos en el tenis. Todos los jugadores sueñan en ganar un trofeo de estos al menos una vez en sus carreras. Yo soy más que afortunado de haber ganado 23. Es un sentimiento increíble», aseguró y se ganó una enorme ovación.

La grandeza de Nole no fue solo reconocida por el público presente en el estadio. El propio Nadal fue uno de los primeros en felicitar a uno de sus más grandes rivales. «Muchas felicidades por este increíble logro. El 23 es un número en el que hace tan solo unos años era imposible pensar, ¡y lo lograste! ¡Disfrútalo con tu familia y equipo!», escribió el mallorquín, 14 veces campeón en París, en Twitter.

Ruud, que jugaba su tercera final en un Major (la segunda consecutiva en Roland Garros), se rindió a los pies de Djokovic.

«Otro día, otro récord. Y otro día en el que que reescribís la historia del tenis», dijo el noruego al dirigirse al serbio, tras recibir su reconocimiento como subcampeón.

«Es difícil explicar lo increíble que es, lo bueno que sos y la inspiración que suponés para tanta gente en todo el mundo. Seguro que este tiene el mejor sabor de todos los que ganaste hasta ahora. Felicitaciones”, afirmó el noruego, que poco antes había padecido en cancha la supremacía del serbio.

El Philippe Chatrier se había vestido de fiesta para la final, con la sospecha de que sería un domingo especial, diferente. Porque aunque enfrente tenía al número cuatro del mundo, un especialista en polvo de ladrillo, 12 años más joven (Ruud tiene 24) y que venía jugando en un gran nivel; Djokovic era el gran favorito.

Nadie se quiso perder esa cita del serbio con la historia. Estuvieron en las tribunas enormes raquetas de la historia, como el brasileño Guga Kuerten, tres veces ganador del torneo, y el francés Yannick Noah, que hace 40 años fue el último local en levantar el trofeo en Bois de Boulogne y le entregó la copa al serbio. Y también estrellas de otros deportes: Kylian Mbappé, jugador del PSG, y el reciente retirado Zlatan Ibrahimovic compartieron un palco; el ex capitán de la selección francesa de fútbol, Olivier Giroud, y el ex boxeador Mike Tyson también dijeron presente; y Tom Brady, la leyenda de la NFL, vivió la final desde el box del propio Djokovic.

Lo que pasó en cancha no sorprendió demasiado. Después de todo, el mundo entero sabe que cuando Nole pone su ojo en un objetivo, difícilmente se le escapa. Y él tenía la mira en la Copa de los Mosqueteros.

Ruud golpeó en el arranque y llegó a sacar una ventaja de 4-1 en el set inicial. Entonces, Djokovic, que había comenzado un poco errático y algo nervioso, reaccionó. Y el resto fue historia: un tie break en el que no hubo equivalencias para cerrar el primer parcial y otros dos capítulos en los que el serbio hizo valer su jerarquía y sus credenciales.

Algo más de tres horas necesitó Djokovic para sellar el triunfo y adueñarse del título que lo convirtió en el máximo ganador de la historia de Grand Slams. Y que, para muchos, selló el debate sobre quién es el GOAT.

Se podrá seguir debatiendo si las estadísticas son suficientes para adueñarse de ese honor. Hay quienes dirán que a Nole -protagonista de varias polémicas a lo largo de su carrera y blanco de reproches y críticas por actitudes y convicciones que generaron polémica- le falta el apoyo incondicional del público para ser el Mejor de Todos los Tiempos. Un apoyo que sí lograron Federer y Nadal, sus principales rivales en esa «carrera» hacia la inmortalidad. Pero el tenis es un deporte. En el deporte, se considera que el mejor es el que más gana. Y si de títulos, logros y récords se habla, no hay quien pueda discutirlo: Djokovic es el mejor. Una leyenda viva del tenis.

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