miércoles, 24 abril, 2024
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Roca Rey se queda sin puerta grande tras una actuación de auténtica figura en Las Ventas

FICHA DEL FESTEJO:

Ganado: seis toros de Victoriano del Río (1º, 3º y 4º con el hierro de Toros de Cortés), dispares de cuajo, hechuras, alzadas y cabezas, así como de juego. Los más bravos o claros fueron 1º y 4º, el lote lote de Talavante fue noble y manejable, aunque con poco gas, mientras que 3º y 6º desarrollaron una complicada aspereza.

El Juli, de corinto y oro: estocada muy trasera desprendida (palmas); media estocada trasera desprendida y tres descabellos (ovacion tras aviso).

Alejandro Talavante, de lila y oro: pinchazo y estocada atravesada (silencio); estocada tendida trasera (silencio).

Roca Rey, de grana y azabache: estocada y dos descabellos (orejas tras dos avisos); metisaca y media estocada delantera (vuelta al ruedo tras aviso y fuerte petición de oreja).

La plaza: corrida «In memoriam» de José Cubero «Yiyo», al que se guardó un minuto de silencio al finalizar el paseíllo, con lleno de «no hay billetes» (22.964 espectadores), en tarde calurosa.

 El diestro peruano Roca Rey vio este domingo cómo la presidencia le negaba una merecida salida por la Puerta Grande de Las Ventas, tras una actuación de desbordante valor y con responsabilidad de auténtica figura ante el lote de más complicaciones de la corrida celebrada en homenaje a José Cubero «Yiyo».

El recuerdo particular que el diestro de Lima le hizo al llorado torero fue lucir un vestido similar -un grana bordado en azabache- al que el madrileño se enfundó en su último paseíllo en Las Ventas aquella lejana temporada del 85.

Pero más que los detalles sentimentales, pesó el fondo y la trascendencia de lo que en este homenaje Roca llevó a cabo ante los dos toros de su lote, que fueron, con gran diferencia, los peores y los de mayores exigencias del variado encierro de Victoriano del Río.

Las dificultades de su primero estribaron en la forma en que el aleonado ejemplar le amenazó repetidamente, lo mismo sin perder la vista de su chaleco que ciñéndose violentamente en cuanto se sentía podido.

Pero, cargado de una gran responsabilidad tras su opaco paso por San Isidro, y de la cornada interna que sufrió el pasado jueves en Toledo, de la que no se dejó intervenir para esta esta tarde en Las Ventas, Roca Rey no cedió ni un milímetro en su firme posición.

Siempre fajado con el toro, haciéndole pasar muy cerca sin una sola duda, el peruano acabó dejándose acariciar, literalmente, por los pitones, como alarde de su victoria en un duelo escalofriante por momentos y que puso a la inmensa mayoría de la plaza en pie.

Todo eso sucedió antes de que, tras un estoconazo en la yema, el animal tardara extrañamente en doblar, obligándole a usar el descabello y a perder así la ocasión de pasear el ruedo con dos orejas en vez de con una.

Por eso mismo, y con la minoría ruidosa en su contra, como siempre pasó con las grandes figuras en Madrid, Roca siguió desbordando valor con el sexto, un cinqueño de baja alzada pero de altas exigencias, pues tuvo temperamento y prontitud pero siempre se dolió al esfuerzo con cabezazos y mal estilo.

La firmeza del limeño fue exactamente la misma, para poder al animal con un irrenunciable gobierno, aun a costa de un hachazo directo a la axila del que resultó prendido sin consecuencias, pero también para imponerse al boicot de los discrepantes, a los que retó con pura conciencia de la importancia de lo que estaba haciendo.

Sólo un metisaca antes de la definitiva media estocada fue el agarradero de la presidencia para negarle una oreja pedida por aclamación y que le hubiera abierto una puerta grande ganada con toda justicia, en la tarde en que, de una vez por todas, ha ejercido con autoridad de primera figura en Las Ventas.

De sus compañeros de cartel, en cambio, no se puede decir lo mismo, ya que El Juli se dejó escapar, aparentemente voluntarioso, en realidad de escaso compromiso, un lote de triunfo grande, compuesto por un primero realmente bravo, al que nunca llegó a imponer el mando ni el ritmo, y un cuarto con calidad y que fue yendo a más y a mejor en un largo e inconcreto trasteo.

Talavante, por su parte, mantuvo toda la corrida una actitud laxa, sin fibra ni nervio alguno, ante dos astado de medido gas pero con una manejable nobleza, suficiente para que, con esa responsabilidad que se exige a los primeros espadas, el extremeño hubiera puesto más de su parte.

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