domingo, 30 marzo, 2025
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El lenguaje no verbal reveló los contrastes entre Noboa y González

El debate presidencial del 23 de marzo entre Daniel Noboa y Luisa González dejó en evidencia profundas diferencias, no solo en propuestas, sino también en lenguaje corporal. Ambos candidatos recurrieron a estrategias comunicativas no verbales para influir en la percepción del electorado rumbo a la segunda vuelta del 13 de abril. El espacio se convirtió en un escenario donde la imagen, el tono y los gestos hablaron tanto como las palabras.

La candidata de la Revolución Ciudadana adoptó una postura rígida y firme, marcada por un tono enérgico y movimientos corporales como tocarse el pecho o gesticular con fuerza. Estas señales proyectaron determinación, aunque también fueron interpretadas como señales de confrontación excesiva. En contraste, Daniel Noboa optó por una estrategia visualmente relajada, sonriendo incluso en los momentos más tensos del debate, buscando transmitir control y seguridad.

El experto Pablo Velasco señaló que el lenguaje de Noboa pudo parecer en ocasiones condescendiente, como cuando ofreció a González una “beca para estudiar economía”. Sin embargo, esta actitud también reflejó una táctica orientada a viralizarse y conectar con un público más joven e irreverente. Este tipo de recursos se alejan de la política tradicional y se enfocan en lograr un impacto directo en redes sociales.

Otro aspecto relevante fue la vestimenta. González apostó por un atuendo más formal, en línea con su estrategia de mostrarse como una figura estructurada y seria. Noboa, por su parte, prescindió de la corbata, consolidando su imagen de cercanía e informalidad, con un guiño a los votantes indecisos y jóvenes que buscan alternativas menos convencionales.

| La Derecha Diario

Una batalla simbólica por la Presidencia

Durante las dos horas del debate, que cubrió cinco ejes temáticos —educación, salud, seguridad, economía y gobernabilidad—, ambos contendientes usaron el lenguaje no verbal para reafirmar sus estilos. Luisa González mantuvo una mirada firme y posturas dominantes, reafirmando su intención de proyectar autoridad. Daniel Noboa se mostró más sereno, utilizando gestos como fruncir los labios o inclinar ligeramente la cabeza, lo que sugiere análisis y autocontrol.

Para Velasco, el debate se convirtió en un “espectáculo de confrontación simbólica”, donde importó más el efecto mediático que la profundidad de las propuestas. Desde una mirada semiótica, cada gesto, cada pausa, cada expresión fue calculada para dejar huella en la audiencia, revelando cómo la comunicación política moderna se juega tanto en las formas como en el fondo.

El debate presidencial evidenció que, más allá del contenido, la forma en que se comunican los candidatos influye decisivamente en el electorado. Mientras Luisa González apostó por una imagen de autoridad estructurada, Daniel Noboa buscó conectar desde la cercanía, el humor y la contención. Esta pugna por los símbolos refleja una nueva forma de hacer política, donde los gestos pueden pesar tanto como las palabras.

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