En un momento, decidió que ya era tiempo de cambiar. A los 57 años y después de 20 ininterrumpidos como conductor de los noticieros de América, Guillermo Andino dio un giro brusco y se pasó a la TV Pública, donde está al frente del magazine Las mañanas con Andino.
Son las 12 del mediodía, el programa de Guillermo Andino terminó (va de lunes a viernes, de 10 a 12) y él se despide del aire. Las cámaras se apagan y el estudio queda en silencio. Como un ritual diario, Andino reúne a su variopinto equipo (Germán Marcucci, el político Carlos Ruckauf, Carlos Arbia, Guido Zaffora, los doctores Milton Dan, Gabriel Lapman,y Delfina Zimmermann; la abogada Barbara Schargorodsky, Gustavo Kuffner, la boxeadora Alejandra “Locomotora” Oliveras y Diego Cañete) alrededor del escritorio principal. Charlan sobre lo que salió bien, lo que se puede mejorar y cómo hacer que el programa de mañana sea mejor.
Luego, se apresta a recibir a Clarín en la tranquilidad de su camarín. Allí, en esa intimidad, se toma todo el tiempo para conversar sobre su pase de canal, su familia y el recuerdo de su padre Ramón, que le marcó el destino.
El traje celeste con el que hizo su programa continúa impecable, pero en los ojos rojos se nota el cansancio.
-¿Cómo estás llevando tu primer programa en la TV Pública?
-Muy bien, la verdad es que estoy muy reconfortado. Imaginate, estoy cumpliendo 38 años en la industria y transitando el año 39, empecé con 18 años en 1987 en Canal 13. Comencé cuando mi viejo falleció y al mes estaba yo en el mismo estudio. De pasar cinco años en el Trece, me fui a Canal Nueve para hacer NueveDiario, después me fui para América, después volví y así.
Estaba acostumbrado a cambiar de canales, siempre en el ámbito privado, y esta es la primera vez que trabajo para la Televisión Pública, pese a que había tenido ofrecimientos durante mucho tiempo para venir. Y pensé que era una asignatura pendiente, esta vez estaban dadas las condiciones. Estoy muy feliz por esta decisión, hay mucha gente profesional trabajando conmigo y haciendo un programa que me encanta, de interés general, en un horario que es la segunda mañana, tiene mucha llegada.
Historia familiar en el canal oficial
Andino cuenta que el primer llamado de la TV Pública le llegó en abril de 2024. Lo vio como un desafío y le interesó.
“Tiene historia este canal. Mi viejo la primera vez que hizo televisión fue acá, en la década del ’60 en un programa llamado El último café. Él me contaba sobre eso, y como soy coleccionista una vez vi una revista Teleguía vieja donde estaba El último café con mi papá y Hugo Gambini. Tenía ganas de estar en la televisión pública y qué suerte que me lo ofrecieron, porque era una asignatura pendiente”.
Lo cierto es que la sangre tira y el periodismo viene de familia. Ramón, su padre, fue uno de los periodistas y conductores más conocidos del país. Se casó con Blanca Colombo, con quien tuvo dos hijos: Guillermo y Marisa Andino, también periodista. El 6 de marzo de 1987, durante una pausa de Realidad 87, el noticiero de Canal 13, Ramón se descompuso y murió a los 51 años. Esta tragedia marcó el destino de Guillermo, quien, sin habérselo propuesto, siguió los pasos de su padre.
-Se podría decir que casi toda tu carrera fuiste la cara del canal América.
Sí, pero también me pasó en el Nueve con Nuevediario, que estuve siete años y que también era la cara del canal. Hacíamos 25 puntos de rating al mediodía y después me pasó en America, 18 años como la cara del noticiero junto a Mónica Gutiérrez, pero cuando ella decide irse, yo también lo hice porque pensé que era una etapa cumplida. Con Mónica había una cohesión, nos conocíamos de memoria, yo estaba acostumbrado a ella y se había generado una muy buena química en el aire, terminamos siendo familia y hoy nos seguimos hablando a pesar de que no trabajamos juntos.
A la cocina, por Gerardo Rozín
Andino se acuerda de otros programas en América, entre ellos uno que se llamó Informados de todo, en el que “me divertí bastante”. Y por supuesto tiene grandes recuerdos de uno que se hizo con su gran amigo Gerardo Rozín.
“Con Gerardo e Iván Drinco, que era su productor, hicimos un programa de cocina en el 2021. Se llamó Es por ahi. Teniamos ganas de trabajar juntos y lo armamos. Él me dijo: ‘Quiero que te diviertas, en el contexto donde la cocina va a ser la escenografía central’. Le respondí: ‘Pero mirá que yo no sé cocinar”. Y me respondió: ‘Eso es lo que a mí me gusta”. Empezamos el programa y al mes se desató su enfermedad, él estaba dispuesto a estar detrás de cámara para ser un guía de lujo. El programa se hizo durante todo lo que fue su enfermedad, y fue durísimo. Estuvimos tres meses preparando el programa, yendo a comer, eso era algo que nos divertía”,
Y sigue: “Para mí, Gerardo fue un gran talento. Yo admiro a los creativos que no sobran en la tele, y Rozín era uno de ellos. Durante el programa él no estuvo físicamente, lo hizo hasta donde le dio el cuerpo, pero si me llamaba por teléfono”.
-¿Qué pensás que te diría tu papá con la decisión que tomaste de ser periodista?
-Yo siempre quise preguntarle qué opinaba de mi carrera. Creo que debe estar contento, porque estoy cumpiendo casi 39 años ininterrumpidos y lo mejor que me llevo de cada canal es cuando me dicen que tengo las puertas abiertas para volver. Esto se lo debo a papá, cuando empecé a trabajar veía videos de él y observaba la sencillez y la empatía que tenía con la gente, la forma que tenía de hacer su trabajo. Esa es mi forma de trabajar, porque me crié con él, trabajando con él.
Los nervios siempre están; y el rating, también
Con tantos años de trayectoria frente a las cámaras, ya no le da miedo pararse en un estudio de televisión. La experiencia que tiene es su punto fuerte. Sin embargo, en el fondo, lo que siente no es miedo, sino responsabilidad: ‘Son nervios profesionales, de hacer cada día un programa mejor que el anterior’, confiesa y asegura que el rating es un tema que le importa.
“Obvio que me importa, el que te dice que no te está mintiendo. A mi me interesa, lo veo todos los días, y vemos cuáles son las cosas que funcionan y cuáles no. Hoy Ibope se encarga de la medición, pero yo no estoy muy de acuerdo con que se concentre la medición sólo en Capital Federal y el Gran Buenos Aires. Ojalá el día de mañana haya una mediación a nivel país y que sea fidedigna, debería ser más abarcativo porque nosotros no tenemos la opinión del santafesino, del correntino o del chubutense. Esto te lo digo porque ahora estoy trabajando en un medio que tiene una cobertura para 40 millones de personas, es el canal que más llegada tiene y me parece que esto ayuda la medición del canal.
Guillermo lleva 25 años casado con Carolina Prat, y juntos son una de las parejas más queridas y sólidas del espectáculo. Tienen tres hijos: Sofía, de 24 años, Vicky, de 17, y Ramón, quien está a punto de cumplir 10. Cuando habla de su familia, cuenta todo, con lujo de detalle, no puede evitar entusiasmarse.
“Me levanto a las 6 de la mañana, y desayuno con mis dos hijas más grandes, luego trato de buscar a Ramón por la escuela. Yo creo que lo que tus hijos te van a agradecer en la vida, más allá de si le dejaste una casa o un auto, es el tiempo que les dedicás. A mí me gusta en la medida que puedo darles mi tiempo”. Y agrega que sus dos amores son, primero su familia y luego su profesión: “Mi familia es muy importante, amo mi profesión, pero mi mejor producción es haber formado una familia”.
-Las decisiones profesionales son muy personales, ¿las pensás solo o sos de hablarlo con tu familia?
-Sí, fundamentalmente con mi mujer, yo me anclo mucho en Caro. Siempre que voy hacer algo, a la primera persona que le pregunto es a ella, porque sé que no me va a mentir, es muy objetiva y su opinión es la única que me importa. El tema de mi llegada a TV Pública con un nuevo proyecto lo hablamos y le encantó la idea. Al ser muy objetiva tiene la capacidad para mirarme desde otro lugar y decirme: “Creo que es por acá o esto no va”, y eso me ayuda mucho.
Después pasa a recordar cómo se conocieron.
“Fue en 1995, vino al canal. Yo pensé que venía hacer un casting para algunas de las telenovelas, porque es hermosa. La saludé y me mandé, porque fue amor a primera vista, le pregunté si la podía ayudar en algo y me dijo que era estudiante de arquitectura, estaba estudiando las estructuras del canal, hablamos un poco. Además de estudiante era modelo, estaba en una agencia de publicidad, empezó a conducir un programa llamado El Garage y en paralelo comenzó a viajar a México y los Estados Unidos, por lo que hablábamos por teléfono. Ella hacía viajes largos -de 6 meses- hasta que se estableció en el país, en el año 1998, ahí es donde le confesé que quería casarme con ella. Vamos a cumplir 25 años de casados.
-Después de 25 años, ¿tienen crisis de pareja?
-A lo largo de tantos años obviamente que sí, pero lo hablamos, y siempre desde el amor. Obviamente que tuvimos nuestras diferencias, pero si yo me voy de viaje la extraño muchísimo. Soy muy sensible, y eso está bien, la sensibilidad y el hecho de mostrar lo que te pasa no está mal, somos periodistas pero también tenemos rasgos humanos.
Y explica un poco lo de “rasgos humanos”. “No soy alguien que cuenta las noticias y no le pasa nada. Más allá de que a lo largo de los años te vas curtiendo más el cuero, hay cuestiones que todavía duelen y te llevan a llorar en cámara o a casi no poder hablar. Me pasa fundamentalmente con cuestiones que tienen que ver con la inseguridad cotidiana: no estoy preparado para ver que un padre hable de la muerte de su hijo o cuando atacan a un adulto mayor en su casa y sale en cámara a hablar con la cara toda hinchada. No estábamos acostumbrados a ese país, al país de la agresión y la inseguridad cotidiana. O cuando desaparece un chico, como en el caso Loan, esas son las cosas que a mí más me conmueven y no lo escondo, porque es parte de mi vida».
-Y después de un día cargado de mucha información, ¿qué hacés para recuperar tu energía?
-Llegar a mi casa es la parte más linda. También soy coleccionista, heredé una colección de discos de mi viejo: tango, jazz y folclore. Además de tener mi propia colección de discos que él me compraba cuando iba de viaje. También colecciono cosas de Racing e historietas, las de mis ídolos: Los titanes en el ring, El Caballero Rojo, El Capitán Piluso, Biondi, Patoruzú.
Otro hobbie que tengo es tocar la guitarra, de chico aprendí a tocar la guitarra, yo quería aprender para tocar temas de Los Beatles y Sui Generis; para mí tocar la guitarra es genial. La música para mí es un pasatiempo fundamental. Cuando toco me siento Paul McCartney. A mis hijos les hice creer que yo era uno de los Beatles y me creyeron, tengo un fotomontaje con ellos entonces fue más creíble en ese entonces.
-¿Te gustaría que algunos de tus hijos sigan tus pasos?
-En mi casa se respira periodismo, como me pasó a mí. Los chicos se cruzan con los libros, las revistas, les gusta la lectura. Ramón dice que quiere ser director de cine, pero por mí que sea lo que quieran ser, yo los voy a apoyar porque a mí me apoyaron en mi vocación y en definitiva si uno va por el lado de su vocación es como decía Cerati: al final hay recompensa.
-¿Cómo te gustaría retirarte?
-Uno nunca se retira del periodismo. Esto lo hablé con muchos periodistas, inclusive con algunos que ya no están, uno nunca se retira de la profesión ni la profesión te retira. Yo me imagino hasta el último día de mi vida siendo periodista. Uno es periodista toda la vida, porque se trata de una cuestión cotidiana. Por ejemplo, cuando estás en un asado y alguien te cuenta una historia pensas: “Uf, qué bueno seria si me contara esta historia en el programa”, es el gen del periodista.
-¿Alguna vez te pesó ser “hijo de”?
-Yo empecé siendo “hijo de” y con mucho orgullo, por eso empecé a trabajar. Pero eso es al principio, después ya no te contratan por ser “hijo de”, tenes que hacerte un nombre propio. Yo comencé por un hecho triste, que fue el fallecimiento de papá y porque Sergio Villarruel -que era el director de noticias de ese momento- me empezó a preguntar qué hacía, qué estudiaba, si sabía inglés. Le respondí que me había recibido de maestro de inglés, que estaba estudiando Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales. Me dijo: “Se me está ocurriendo una idea”.
Pasó un mes desde el fallecimiento de papá -que fue el 6 de marzo de 1987- hasta que debuté el 6 de abril, exactamente un mes y en ese mes hice notas. Sergio me aclaró: “Yo no voy a poder reemplazar a su padre, no tengo a nadie, pero me gustaría que el apellido quede ligado a Canal 13”. Y ahí me enamoré del periodismo; a los dos días dije: “Uy esto es lo mío”. Entonces, cuando empezás siendo “el hijo de” después no te contratan, tenes que hacerte de un nombre para perdurar.