Durante décadas, hablar de coches era hablar casi exclusivamente de gasolina o diésel. Elegir uno u otro dependía del consumo, del tipo de conducción o del kilometraje anual. Hoy el panorama es mucho más amplio y distinto. La automoción vive una etapa de transición en la que conviven múltiples sistemas de propulsión, algunos conocidos y otros relativamente nuevos, que pueden resultar confusos para quien no sigue la actualidad del motor de cerca.
La gasolina sigue siendo el punto de partida. Es el sistema más sencillo de entender y también el más extendido históricamente. Un motor que quema combustible para mover el coche, con un funcionamiento suave, silencioso y bien adaptado a trayectos cortos y urbanos. Su principal desventaja es clara: consume más que otras alternativas y emite más CO2, algo cada vez más vigilado por normativas y restricciones urbanas.
El diésel, por su parte, fue durante años la opción lógica para quien hacía muchos kilómetros, y la más generalizada en España tras ponerse de ‘moda’. Consume menos y ofrece más par desde un menor rango de revoluciones. El problema es que su complejidad técnica y sus emisiones contaminantes lo han ido arrinconando, sobre todo en ciudad. Hoy tiene sentido casi exclusivamente para grandes rodadores o usos profesionales.
Audi A6 con motor diésel y tecnología MHEV / Audi
A partir de ahí empieza el terreno de los híbridos, que no son todos iguales aunque muchas veces por desconocimiento se metan en el mismo saco. El primero es el microhíbrido, también llamado mild hybrid. En realidad, sigue siendo un coche de gasolina o diésel, pero con un pequeño apoyo eléctrico que ayuda en arranques, aceleraciones suaves y permite apagar el motor en más situaciones. La mayoría no puede moverse solo en modo eléctrico, pero reduce consumo y emisiones sin cambiar hábitos. Es la puerta de entrada a la electrificación.
Un escalón más arriba está el híbrido convencional, el que no se enchufa. Aquí sí hay un motor eléctrico capaz de mover el coche durante trayectos cortos, especialmente en ciudad. Se recarga solo al frenar o al levantar el pie del acelerador. Es una tecnología especialmente eficaz en tráfico urbano, no exige nada al conductor y reduce el coste de mantenimiento del vehículo. Por eso se ha convertido en una de las opciones más equilibradas para muchos usuarios.
Después llega el híbrido enchufable, una fórmula intermedia entre híbrido y eléctrico. Tiene una batería mayor que se puede cargar y permite hacer decenas de kilómetros sin gastar combustible. Bien utilizado, es muy eficiente en el día a día y mantiene la tranquilidad del motor térmico para viajes largos. Mal utilizado, sin enchufarlo, pierde gran parte de su sentido. Es un sistema que depende mucho del compromiso del conductor.
Kia EV3 100% eléctrico / Kia
El siguiente paso es el coche eléctrico, que prescinde por completo del motor de combustión. Se mueve solo con electricidad, no emite gases al circular y ofrece una conducción especialmente suave. Su gran reto sigue siendo la infraestructura de carga y la adaptación de los hábitos, aunque cada vez está más presente en todos los segmentos.
Existen también alternativas menos conocidas pero ya reales, como el hidrógeno, que genera electricidad a bordo y solo expulsa vapor de agua. Es un ‘eléctrico’ que se ‘recarga’ con la misma velocidad que un coche de combustión. Es una tecnología prometedora, pero todavía muy limitada por el alto coste de su producción y la falta de puntos de repostaje. Algunos expertos aseguran que a cuando su coste de producción baje y hayan más hidrogeneras, será la tecnología que acabe dominando.
El eléctrico de autonomía extendida, también conocido como REEV o EREV, es una solución poco conocida pero conceptualmente muy interesante. En este tipo de coche, las ruedas siempre son movidas por uno o varios motores eléctricos, como en un coche eléctrico convencional. La diferencia es que incorpora un motor de combustión que nunca impulsa el vehículo, sino que actúa únicamente como generador de electricidad cuando la batería se agota. Es decir, el motor térmico entra en funcionamiento solo para producir energía y recargar la batería o alimentar directamente el sistema eléctrico, pero no está conectado a las ruedas. Es una fórmula que reduce la dependencia de la recarga sin renunciar a la propulsión eléctrica, aunque mantiene la complejidad de llevar dos sistemas a bordo.
Motor de hidrógeno del Hyundai Nexo / Hyundai
En paralelo están las soluciones bifuel, especialmente el GLP, una opción que permite usar gas licuado además de gasolina. Es más barata por kilómetro y emite menos contaminantes. En países como Italia está muy extendida. El GNC, en cambio, tuvo su momento pero no terminó de consolidarse en turismos.
Y luego están las tecnologías casi anecdóticas, como motores que usan agua, aceite u otras ideas experimentales. Existen, se investigan, pero hoy no forman parte del mercado real. Habrá tiempo de analizarlas con calma.
La conclusión es sencilla: no hay un único sistema perfecto. Hay coches distintos para necesidades distintas, y entender cómo se mueve cada uno es el primer paso para elegir bien.
Los sistemas de propulsión que se venden hoy, de un vistazo
Gasolina
- Motor de combustión tradicional
- Funcionamiento sencillo y suave
- Adecuado para trayectos cortos y uso urbano
Diésel
- Motor de combustión por compresión
- Consumo más bajo en carretera
- Pensado para hacer muchos kilómetros
Microhíbrido (MHEV)
- Motor de gasolina o diésel con apoyo eléctrico ligero
- No puede circular en modo eléctrico
- Reduce consumo y emisiones sin cambiar hábitos
Híbrido convencional (HEV)
- Combina motor térmico y eléctrico
- No se enchufa, se recarga al frenar
- Muy eficiente en ciudad y tráfico urbano
Híbrido enchufable (PHEV)
- Motor térmico y eléctrico con batería de mayor capacidad
- Se puede cargar en casa o en puntos de carga
- Permite recorrer muchos kilómetros sin gastar combustible
Eléctrico de autonomía extendida (REEV / EREV)
- Se mueve siempre por propulsión eléctrica
- El motor de combustión actúa solo como generador
- Aporta tranquilidad en viajes largos sin depender solo de la recarga
Eléctrico (BEV)
- Funciona únicamente con electricidad
- Cero emisiones al circular
- Requiere recarga mediante enchufe o punto de carga
Bifuel GLP
- Motor de gasolina adaptado para funcionar también con gas
- Menor coste por kilómetro
- Emite menos contaminantes que la gasolina convencional
Hidrógeno
- Genera electricidad a bordo mediante una pila de combustible
- Solo emite vapor de agua
- Tecnología aún muy limitada por infraestructura
