miércoles, 7 enero, 2026
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Un reino para cada barrio

Los barrios esperaron a que la ceremonial tarde de Reyes fuera cayendo para reivindicar su trono. A partir de las 21.30, las cabalgatas de Ciudad Jardín, La Viñuela y Santa Rosa han ido tomando sus calles, llenándolas de música y promesas para sus vecinos y los que por una noche también pertenecen a ellos. Un año más han vuelto a demostrar que la mejor celebración de la noche de Reyes termina en la intimidad de los barrios, como las procesiones en su recogía, celebrando en familia.

Los que levantan la persiana todos los días en cada uno de estos pequeños reinos de la ciudad que son los barrios, han regalado este lunes otra mágica noche de Reyes a la escasa legión de niños que quedan en el embudo poblacional. Las asociaciones de comerciantes han volcado toneladas de caramelos y miles de peluches, juguetes y balones en las calles. Más que otros años o menos, según el balance personal que temina haciendo cada cual con su fortuna. Aunque en las cabalgatas de los barrios “se racanea poco”, aseguraba un organizador.

El mayor despliegue ha tenido lugar en La Viñuela, con un cortejo formado por siete carrozas y más de 350 integrantes, entre voluntarios, figurantes y personal de seguridad. La comitiva partió del colegio Los Califas con el clásico desfile encabezado por la Asociación de Coches 600. A ella se han sumado la del Colegio de Los Trinitarios y, por primera vez, la Parroquia de Nuestra Señora de Belén, representando un belén viviente. El paso de los Reyes Magos ha estado amenizado por un pascalles con muñecos hinchables, disfraces y los sones de la Agrupación Musical de la Sagrada Cena, que ha hecho vibrar al público estrrechándo las avenidas con el primer tono de corneta que anunciaba cada uno de los villancicos tradicionales o los temas más modernos.

Baño de masas en Costa Sol

A la misma hora, en la calle Don Lope de Sosa, salían en cabalgata los Tres Reyes Magos comenzando su recorrido por el barrio de Ciudad Jardín y parte del Zoco, integrado en el itinerario desde hace ya varios años.

No ha defraudado el recibimiento del público al Rey Melchor, encarnado por el futbolista del Córdoba CF, Cristian Carracedo, que centró la tención de los niños y los adolescentes, dejándose en él la garganta como si le pidieran un pase de la muerte en El Arcángel. “Carracedooooo”, gritaba con fuerza un niño imitando a otro que se hizo viral pidiéndole a Baltasar un patinete. La megafonía de la carroza ha quemado el disco de música, en bucle, con el Será porque te amo y alguna de las canciones que se cantan en la grada.

El éxtasis de esta cabalgata, con más de 50 años de vida, ha vuelto a suceder al desembocar las carrozas en la plaza Costa Sol, punto icónico del recorrido para el que Sus Majestades habían reservado provisiones y descargaron una lluvia de balones y juguetes. También en la calle Maestro Priego López, frente a la Bodeguilla, cuyo propietario ha sido el Rey Baltasar. Los niños pedían más, siempre más, con o sin la convicción de que el capricho se rentabiliza fácil en esa noche. Los padres se han esforzado, calculado trayectorias en la disputa de algún que otro balón, recordando quizás que alguna vez creyeron en todo esto sin ironía.

La cabalgata de Ciudad Jardín ha continuado su itinerario, y el asfalto y las aceras daban testimonio de haber asistido a un momento mágico de la noche de Reyes cordobesa. Tras su paso ha dejado un rastro que se quedó flotando en el aire, un eco que daba cuenta del paso de los Reyes de Oriente.

Expectación con Gaspar

Si despierta ilusión tener a un futbolista como uno de los Reye Magos, Córdoba ha tenido este lunes a dos de forma simultánea, pero en distintos barrios. El centrocampista Isma Ruiz se vistió de Gaspar en la Cabalgata de Santa Rosa. No es fácil interpretar a Gaspar, normalmente el menos popular de los tres, pero Isma consiguió levantar la expectación entre sus vecinos de Santa Rosa. La asociación de Comerciantes y Empresarios del barrio prometió un desfile lleno de color, música y alegría, con una mayor cantidad de caramelos, juguetes y peluches, superando las cifras de ediciones, y el resultado convenció a los presentes, a pesar de que muchos daban ya muestras del cansancio.Las tres cabalgatas han compartido un mismo hilo: el cariño puesto en el detalle y la certeza de que el espectáculo nació del barrio y volvio a él.

Una maquinaria humilde y exacta. Todo sumó; nada sobró. El final llegó sin estridencias, como las cosas bien hechas. Las carrozas se alejaron, los Reyes desaparecieron con la música y el silencio recuperó su sitio para prerparar el terreno a los Reyes cuando el resto dormíamos.

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