viernes, 9 enero, 2026
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La productividad de los trabajadores españoles crece a su mayor nivel desde 1995

La economía española no solo ha estado creciendo en cantidad desde que empezó a recuperarse del mazazo del covid, sino que también lo ha sabido hacer en calidad, a diferencia de otros momentos de su historia reciente. Un estudio del BBVA y del Instituto Valenciano de Investigaciones Económicas (Ivie) revela que la productividad de los trabajadores españoles está creciendo a su mayor nivel desde 1995 y que, en este sentido, España se sitúa como el segundo país que más ha cultivado el ‘hacer más con menos‘ desde 2020.

No obstante, los autores del estudio publicado este jueves también recuerdan que Roma no se construyó en un día y que la economía española todavía arrastra importantes déficits del modelo de crecimiento heredado por el boom de la burbuja inmobiliaria. Para sostener en el tiempo esos ‘brotes verdes’ de productividad, BBVA e Ivie recomiendan aprovechar las potencialidades de la inteligencia artificial (IA), que dependerán de inversiones complementarias (formación y equipos) para extenderse a todas las empresas. Aunque también advierten sobre las expectativas: “Estos datos indican que los impactos significativos de la IA en la productividad tardarán tiempo en aparecer.”

Según los datos analizados por ambos organismos, el PIB per cápita español es el segundo que más ha aumentado desde la pandemia entre los países europeos más avanzados, a un ritmo del 3,8% anual, solo por detrás de Italia (3,9%) y muy por encima de la media de la UE (2,4%).

La cultura del ladrillo

«La economía ya no crece por el aumento del empleo y el capital —maquinaria, equipos, activos inmobiliarios, infraestructuras— sino también por la mejora de la eficiencia con la que se utilizan ambos recursos productivos», afirman los autores del estudio. «Desde 2020 ha aumentado a un ritmo medio del 1,4% anual, la tasa más elevada desde 1995», valoran.

Sin embargo, también advierten de que «estas mejoras en productividad han de mantenerse en el tiempo para compensar los retrocesos de los años 90 y la Gran Recesión, cuando afloró el problema de la intensa inversión en activos inmobiliarios poco productivos durante el boom de la construcción». Es decir, los inversores y empresarios apostaron más por invertir el dinero de la burbuja en alimentar el circuito del ladrillo, que prometía altas rentabilidades sin grandes esfuerzos, en vez de en proyectos de futuro y valor añadido, menos atractivos, pero más provechosos para el conjunto de la economía.

La principal diferencia entre el boom del empleo actual y el que vivió España durante la burbuja inmobiliaria es que hace dos décadas se acumulaba empleo y capital de manera masiva, pero sin preocuparse por mejorar los procesos productivos. Se generaba más riqueza, pero puramente por acumulación, no gracias a una mejor eficiencia. Ahora eso ha cambiado y las empresas están sofisticando sus procesos para hacer más con menos.

Motor de crecimiento

El informe del BBVA y del Instituto Valenciano de Investigaciones Económicas (Ivie) desinfla la tesis de que la economía española solo está creciendo por la incorporación indiscriminada de mano de obra, principalmente migrante. Según sus cálculos, un tercio del crecimiento del PIB durante el último lustro se explica por esas mejoras en eficiencia y dos tercios por la incorporación de nuevos ocupados.

La productividad de los trabajadores españoles está creciendo tres veces más que la de los estadounidenses o la de los italianos, si bien también viene de estándares más bajos. Pese a las recientes mejoras, el nivel de productividad es un 18% inferior a la media europea. Un diferencial que históricamente se ha explicado a través de un menor tamaño de las empresas (una gran multinacional suele ser más productiva que una microempresa) y una mayor dependencia de sectores menos productivos (no tiene la misma eficiencia la industria que los servicios turísticos, por ejemplo).

Una parte de ese incremento de la productividad se explica por la transición de los flujos de empleo. Es decir, se está creciendo a través de sectores con mayor valor añadido y no en otros, con más limitaciones. La Seguridad Social ponía como ejemplo en su balance del año que en 2025 se habían creado más empleos en actividades científicas y técnicas que en la hostelería. Baleares, Canarias, País Vasco y Catalunya son las comunidades autónomas donde más ha crecido la productividad desde 2020.

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