viernes, 9 enero, 2026
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Trump anuncia que aumentará un 50% el presupuesto de Defensa en plena crisis con Venezuela y Groenlandia

Cuando Donald Trump anunció, este miércoles, que elevaría el presupuesto de Defensa de Estados Unidos hasta 1,5 billones de dólares en 2027 estaba enviando un mensaje político y estratégico. El salto, de más de un 50% sobre la partida actual, llega tras la intervención militar en Venezuela y el anuncio del control político y económico total del país caribeño, con amenazas abiertas sobre Groenlandia y en un escenario internacional cada vez más tensionado. El mensaje es político y estratégico: para Trump, la fuerza sigue siendo la principal herramienta para ordenar un mundo que describe como inestable.

El impacto fue inmediato. Wall Street reaccionó con subidas marcadas del sector armamentístico, una señal de que los mercados asumen que el anuncio puede traducirse en nuevos contratos millonarios, incluso antes de que el plan supere el examen del Congreso de EEUU, que es el que lo tiene que aprobar si se respeta la separación de poderes. La respuesta bursátil chocó, en cambio, con las dudas que el anuncio volvió a abrir sobre la sostenibilidad del gasto público.

Trump justificó el aumento como una cuestión de seguridad nacional y aseguró que permitiría proteger al país «independientemente del enemigo». También defendió que la cifra no surge de la nada, sino de conversaciones prolongadas con el Congreso. Aun así, el volumen del salto (600.000 millones de dólares más) vuelve a poner sobre la mesa una discusión incómoda en Washington: cuánto más puede crecer el gasto militar sin disparar un déficit que ya pesa sobre las cuentas federales, y hasta donde está dispuesto a llegar Trump unilateralmente.

Si la propuesta se materializa, supondría un salto a gran escala. Tanto Trump como el presidente Joe Biden, cuando tomó el relevo en 2020, elevaron el gasto militar a su llegada, continuaron de forma más discreta los siguientes dos años, y desaceleron al final de su mandato. En su primer paso por la Casa Blanca, Trump hizo llevó el presupuesto militar de 626.000 millones a 719.000 millones, un aumento del 15% que se queda en menos de la mitad (7%) ajustado a la inflación.

Por su parte, Biden situó el presupuesto de defensa en 875.000 millones en 2023, el más alto desde el final de la Guerra Fría, empujado por la guerra en Ucrania y la rivalidad con China. Si Trump se sale con la suya, este salto del 50% en un solo año implicaría que EEUU pasaría a dedicar alrededor del 3% a más del 5% de su PIB a Defensa, algo sin precedentes en tiempos de paz que, además, obligaría a reordenar prioridades económicas y políticas dentro de EEUU.

La falsa pretensión de financiar con aranceles

El presidente sostiene que el incremento del gasto militar puede financiarse gracias a los ingresos procedentes de los aranceles. Según su versión, Washington puede «alcanzar fácilmente» el objetivo de 1,5 billones gracias a esa recaudación, que calificó de «tremenda». Es un argumento que Trump ya utilizó en su primer mandato para justificar subidas en Defensa y presionar a los aliados.

El problema es que esos ingresos por los aranceles ya tienen otros destinatarios, designados por el propio Trump. Los primeros a los que el magnate señaló hace meses fueron los sectores golpeados por su política comercial, en especial a los granjeros a los que ha prometido recompensar. Además, dice querer repartir cheques de hasta 2.000 dólares a ciudadanos afectados por el encarecimiento de productos importados, algo ascendería a 600.000 millones de dólares al año según cálculos de organizaciones independientes estadounidenses citadas por el ‘New York Times’.

Aun así, el presidente reiteró que, de no ser por el flujo de dinero de los aranceles, el presupuesto militar apenas habría subido unos 100.000 millones, hasta rondar el billón. El resto, insistió, es posible gracias a esa recaudación extraordinaria, pese a que economistas llevan tiempo advirtiendo de que la brecha entre gasto e ingresos federales se mueve en niveles difíciles de sostener.

Ganan los gigantes armamentísticos

Los mercados no esperaron a que el debate político se aclare. Las acciones de Lockheed Martin, Northrop Grumman y Raytheon —tres gigantes estadounidenses del sector de defensa, pilares del complejo militar-industrial y proveedores históricos del Pentágono— subieron más de un 5% al cierre de Wall Street.

El impulso se extendió fuera de EEUU. En Europa, una cesta de valores de defensa elaborada por Goldman Sachs avanzó hasta un 3,8%, y el movimiento también tuvo eco en Asia. Son empresas estrechamente ligadas al gasto público en armamento y tradicionalmente bien posicionadas cuando Washington acelera la inversión militar, aunque Trump las ha colocado ahora bajo presión.

En paralelo al anuncio presupuestario, el presidente amenazó con endurecer las condiciones para los contratistas armamentísticos: críticas a las recompras de acciones, a los dividendos y a los salarios «exorbitantes» de los ejecutivos, con la propuesta de limitar esas remuneraciones a 5 millones de dólares anuales. Raytheon fue señalada como la compañía «menos receptiva» a las necesidades del Ejército y advertida de una posible ruptura de contratos si no acelera la producción.

El presidente de EEUU, Donald Trump, en un foro de empresarios por ‘América Primero’ / CRISTOBAL HERRERA-ULASHKEVICH / EFE

La ley del más fuerte

El salto presupuestario se produce en medio de una creciente tensión internacional. En los últimos días, y tras la entrada en Venezuela y detención de Nicolás Maduro, el Ejército de EEUU interceptó un petrolero con bandera rusa por una presunta violación de las sanciones. Todo ello aporta un telón de fondo al anuncio de Trump de aumentar drásticamente el gasto militar, mientras se expone y crea nuevos conflictos regionales.

En América Latina, Trump ha llegado a amenazar con explotar los recursos petroleros de Venezuela bajo presión militar. En el Ártico, volvió a poner sobre la mesa la posibilidad de anexionar Groenlandia, un territorio semiautónomo de Dinamarca y aliado en la OTAN, reavivando el malestar entre socios europeos.

La propuesta deberá pasar ahora por el Congreso, donde no todos ven viable ni deseable una subida de este calibre. Pero el mensaje ya está lanzado: más gasto, más presión geopolítica y un complejo militar que, al menos por ahora, vuelve a cotizar al alza.

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