sábado, 10 enero, 2026
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«Millonarios prematuros», el peligro de endiosar a deportistas muy jóvenes

Corría el 2012. Marcelo Bielsa, el maestro de maestros, el profesor más admirado, el catedrático de entrenadores únicos, había sufrido dos derrotas, para él imperdonables. Su Athletic había caído por un doble 3-0 ante el Atlético en la final de la Europa League y frente al FCBarcelona, en la final de Copa del Rey.

Y, pocos días después de esas dos debacles, el diario ‘Deia’ descubría una parte del discurso de ocho minutos que ‘El Loco’, ahora cuestionado seleccionador de Uruguay, había lanzado, sin piedad, sobre las mentes de sus futbolistas, en las entrañas de Lezama.

“Ya todo es pasado, ya no hay partidos para ver, ni cosas para analizar, ni cabezas que ordenar, ni mensajes que dar. Ya la oportunidad la dejamos pasar. Tengan conciencia de que son muy jóvenes, son millonarios prematuros, no tienen problemas, no les importa mayormente lo que va a pasar, porque todo el mundo tiene resuelta su vida, por eso se permiten reírse (…) Yo no tengo que reclamarle nada a nadie, pero por el bien de ustedes, por el futuro de ustedes, tengo la obligación de decirles esto: han decepcionado a un pueblo que no lo merecía y no hacía falta salir campeón para no decepcionar. Téngalo claro. Hacía falta algo que les dije antes de esas finales: en vez de tener miedo a perder, jueguen para ganar”.

Millonarios prematuros, vayamos a ello. Hay decenas de casos. Karim Benzema, mostrando el Picasso ‘Potrait d’Homme Barbu’ (1964), que ni se sabe lo que ha podido costarle. Jon Rahm, en su jet privado para saltar de torneo en torneo millonario. Fernando Alonso, paseando por las calles de Mónaco al volante de su Mercedes deportivo CLK GTR, de cerca de 15 millones de euros. Lewis Hamilton, enseñando su Penthouse, de 32 millones de libras, en Nueva York. Lamine Yamal, con su collar e iniciales de oro y brillantes, regalo de ‘El Alfa’, de 350.000 euros completado, tal vez, con el reloj Bugati Chiron, de 342.000 euros, que le acaban de regalar en Dubai…

«No puedes confundir el éxito con tu identidad. Tú eres más que tu éxito. Poder comprarlo todo, confunde. Las redes hacen que los seguidores de estos ídolos piensen que es más importante tener que ser».

Cristina Gutiérrez

— Educadora emocional

“Hagamos una cosa, para que no se equivoquen nuestros lectores”, empieza diciendo Xavi Lucas, uno de los psicólogos deportivos con mayor experiencia en el trato de deportistas de élite, de éxito, muchos millonarios. “Admitamos que el mundo está cambiando. No sabemos hacia donde, pero está cambiando. Admitamos a la vez que las nuevas generaciones no tienen nada que ver con nosotros, nada. Han cambiado las reglas, ha cambiado el juego y, por tanto, lo que vamos a hacer ¿verdad?, es reflexionar, de ningún modo queremos hacer ningún tipo de juicio de valor”.

El gran error

“Es imposible analizar, teorizar, sentenciar el comportamiento de las nuevas generaciones con nuestras gafas”, señala Cristina Gutiérrez, educadora emocional y directora de ‘La Granja’, en Santa María de Palautordera (Barcelona), un lugar por el que pasan, cada curso, 40.000 niños/jóvenes, de 3 a 18 años, para convivir con 50 maestros y profesionales de diversas especialidades, incluso animales, para adquirir el mejor libro de estilo para su vida. “Y la mayoría de ellos siempre acaban haciéndonos, con razón, la misma pregunta ¿por qué pensáis que lo vuestro es mejor, que hay que tener los valores que vosotros defendéis? Y, en efecto, no siempre tenemos respuesta a esa pregunta”.

“Una cosa está bastante clara, o dos”, remarca Miquel Roca, catedrático de Psiquiatría en el Departamento de Medicina de la Universitat de las Illes Balears (UIB). “Una, cometemos un error tremendo al convertir en auténticos héroes, adularlos y admirarlos en demasía a jóvenes que, simplemente, son buenísimos, extraordinarios, pasando la pelota por una red, driblando o pilotando a 360 kms/h. No tiene demasiado sentido, la verdad. Y, dos, no nos equivoquemos: hay muchísimos jóvenes, muchísimos, que no están en esa pantalla, es decir, muchísimos jóvenes que pasan de todos estos ídolos, muchos. Saben de ellos, pero no se vuelven locos con sus vidas”.

Vinicius Júnior, polémico joven ídolo del Real Madrid. / INSTAGRAM

“Todos admiramos el éxito precoz, todos. Y cualquier tipo de éxito, no solo el deportivo”, dice Cristina. “Pero haríamos bien en pensar que ese niño, ese joven, si no tiene unas buenas raíces, unos buenos cimientos, acabará pagando una factura emocional porque su edad biológica, su nivel madurativo, no está preparado para asumir las emociones que el éxito abrumador provoca”. “El desarrollo emocional”, prosigue Cristina, “es progresivo, requiere tiempo, tiempo para entender lo más importante que debe entender quien tiene más de lo que toca, más de lo que tienen el común de los mortales: el peligro de confundir tu éxito con tu identidad, tú eres mucho más que tu éxito”.

“El dinero empobrece el alma porque nos da recursos externos, pero no internos”, sigue reflexionando esta experta educadora emocional. “Poder tenerlo todo, confunde. Esto no es, tanto tienes, tanto vale. Hijos de famosos, de millonarios, de gente poderosa acaban suicidándose y nos preguntamos por qué, si lo tenía todo. Pues eso, sí, porque lo tenían todo y no valoraba nada. Si ese árbol no tiene raíces firmes, en cuanto llega la primera adversidad, que se puede presentar de multitud de maneras, el árbol no resiste, se dobla, se rompe”.

«Muchos de estos millonarios prematuros viven en una película. No les importa tanto el dinero, que también, como los ‘likes’. Necesitan una toma de tierra, contactar con la realidad. Cuando los desnudas son como niños, igual que niños».

Xavi Lucas

— Psicólogo deportivo

Nadie, absolutamente nadie, sabe más que Cristina del daño que provocan los móviles, las redes, la exposición permanente de la vida de los triunfadores en los niños, en los jóvenes. “No podemos impedir que estos famosos muestren su vida millonaria, de lujo, ostentosa. Todos queremos ser ellos. La gente que les rodea, ya no digo sus familias que, tal vez, ni siquiera tuvieron la ocasión de educarlos, sino su entorno, ahora ya muy profesional, deberían de recordarles la responsabilidad que tienen sobre millones de seguidores muy, muy, jóvenes, que creen que lo importante, la meta, es tener, no ser”.

Cristina quisiera, posiblemente es una misión imposible, que esos actores no muestren únicamente la parte maravillosa de su vida. “Sería maravilloso que alguno de ellos, o todos ellos, mostrasen también lo mucho que les ha costado llegar hasta ahí, sacrificios, luchas, dudas. Mostrando solo el lado guapo de sus vidas están engañando a su seguidor. Estaría bien que alguien saliese y dijese puedo comprarme este cochazo, pero no me lo voy a comprar porque no lo necesito. Sería hermoso que estos ídolos invitaran a sus seguidores a ser actores de sus vidas, no simples espectadores de las vidas de ellos”.

“Cristina habla de tener unas sólidas raíces, por otro lado nada fáciles de adquirir en los tiempos que corren y las duras vidas de muchos de los padres de estos millonarios prematuros”, añade Xavi Lucas a la reflexión. “Esas raíces, es lo que yo llamo ‘toma de tierra’, es decir, un conocimiento de la realidad. Estos chavales, tengan 17 o 24 años, son unos auténticos niños y viven una realidad virtual. ¿Qué saben ellos de la vida?, si se lo dan todo hecho. Si viajan en jet privado, van a hoteles de cinco o diez estrellas y, cuando los premian, les dan un reloj de 342.000 euros, pero ¿qué realidad es esa?».

El entorno, decisivo

“El término ‘millonario prematuro’ que, insisto, me parece muy, muy, acertado, se refiere solo al dinero y, para estas generaciones”, continúa exponiendo Xavi, “el dinero es simbólico. Ellos viven del reconocimiento constante, permanente. Ellos viven de los ‘likes’, que, además, le reportan millones de euros, sí, pero su alimento son los ‘likes’ de las redes. Un reconocimiento y en eso coincido con Cristina, que no están preparados para gestionar”.

Ni que decir tiene que Xavi, que trabaja con compañeros de todos estos ricos, ha desistido ya de que los entornos de estos deportistas les ayuden a relativizar su triunfo, su ego, sus millones. “Esos entornos viven de ellos y, por tanto, es difícil que los formen”. “Eso sí, repito, hay muchos, muchos, de esos ídolos que no son como los que todo el mundo tiene en su mente, hay triunfadores riquísimos que llevan esa fama y popularidad con la distancia que toca, con esa toma de tierra que, tal vez, seguro, encontramos a faltar en alguien que tiene un padre que se pelea en las gradas con los hinchas del equipo rival”.

Lewis Hamilton, junto a su buldog Roscoe, ya fallecido, en una de sus mansiones. / INSTAGRAM

Esos ‘likes’, esos millones y millones de ‘me gusta’, hacen que Lamine Yamal, Vinicius Júnior y muchos más vivan en una película. Y ¿cómo los sacas de esa película?, se pregunta Xavi Lucas. “Solo de la mano de alguien, por ejemplo, como Hansi Flick, en el caso de la estrella azulgrana. Ahí el técnico puede que deba ejercer más de padre que de entrenador, no solo para sacar lo mejor del futbolista sino para enderezar su camino, su comportamiento, su exposición. Y, aún así, parece sumamente difícil, muy difícil. Y, mira, es posible que a Xabi Alonso, en el Real Madrid, le esté ocurriendo lo inverso, que está ejerciendo de entrenador con ‘Vini’ cuando, tal vez, le iría mejor ejerciendo de padre, aunque no hay tanta diferencia de edad, claro”.

“Yo, insisto, que trato con muchos de ellos a menudo siento una compasión tremenda por ellos, en serio”, sigue contando Xavi. “¿Por qué?, porque cuando los llevas al silencio, cuando les quitas la pantalla, cuando los sacas de esa permanente película en la que viven, los ves desnudos y casi te apiadas de ellos porque piensas qué será de ellos cuando no tengas ‘likes’”.

Toni Nadal, el ejemplo

“Yo, coincidiendo con Cristina y Xavi, insisto en que los tenemos demasiado endiosados, la gente se vuelve loca por ellos y no hay para tanto”, señala Miquel Roca, un apasionado de todos los deportes, de todos. “No podré olvidar la anécdota que me contó una vez Toni Nadal, que, en ese sentido, tuvo un comportamiento admirable, ejemplar, con su sobrino Rafa en la época en la que, como dice Xavi, debe construirse esa toma de tierra, las raíces de las que habla Cristina”.

“Y fue en un hotel de cinco estrellas de Shanghái, donde estaban jugando un torneo, y Toni y su equipo acompañó a desayunar a Rafa. Cuando llegaron al comedor, el maitre les hizo saber que no podían entrar en pantalón corto. ‘Bueno, sí, él sí puede’, dijo el jefe de sala, señalando a Nadal. ‘Pues sabe qué haremos, Rafa subirá a la habitación y se pondrá un pantalón largo y usted nos dejará desayunar a nosotros en pantalón corto”.

“Ese endiosamiento que, repito, no es universal, es decir, no podemos generalizar pues todos sabemos que hay muchos niños y jóvenes, ya no digo adultos, que pasan de estos ídolos, desde luego, aunque saben de ellos, es lo que yo creo que también contribuye a que ellos no salgan de esa película y, como señala Cristina, no sean consciente del daño que pueden provocar con su ostentación en los niños y jóvenes que les siguen”, señala el psiquiatra mallorquín.

«No tiene sentido que convirtamos en auténticos ídolos a deportistas que, sí, son buenísimos, los mejores, en lo suyo, pero solo son deportistas. Y, además, no generalicemos, no todos los jóvenes tienen como ídolos a estos héroes».

Miquel Roca

— Catedrático de Psiquiatría en la Universidad de Baleares

Roca también cree que la vida paralela que se vive en las redes sociales es tremendamente perniciosa, no solo para los jóvenes en formación, sino para la humanidad. “Es evidente que tanta ostentación y lujo puede llevar al error a los jóvenes que están en proceso de formación. Es más, a veces pienso que esa película de la que habla Lucas es la que, a menudo, lleva a nuestros jóvenes a desatender aquello que fortalecerá su formación, su educación, sus raíces, su toma de tierra”.

“Recuerdo que, durante el corralito de Argentina, en el 2001 o así, un día puse la televisión en un hotel de Buenos Aires y estaban haciendo una encuesta callejera sobre la delicada situación del país. Y le preguntaron a un transeúnte que llevaba una bufanda de Boca. ‘No me hable del corralito, por favor, yo lo que quiero es hablar de Boca. Mi país me da un disgusto cada 20 segundos, pero Boca me da una alegría cada semana”, comenta Miquel.

Es lo que un sociólogo italiano llamó ‘brillar con el éxito ajeno’”, termina diciendo este catedrático de la UIB. “Cuando Lamine Yamal mete un golazo, si tú eres seguidor del Barça es como si lo hubieses metido tú y tú no has hecho nada, el gol es de otro, es de Lamine. Y eso, solo ocurre con el fútbol, en otros órdenes de la vida incluso cuando tu mejor amigo tiene éxito, te queda ese rescoldo de ‘¡caray!, podría haber sido yo’. Sí, te alegras y mucho, pero solo en el fútbol esa comunión con tu ídolo es total, Insisto, brillar con el éxito ajeno”.

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