domingo, 11 enero, 2026
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Una semana después de la intervención de EEUU en Venezuela: la diáspora en Madrid pasa de la euforia a la cautela

Una semana después de aquella madrugada de móviles en vela y mensajes cruzados a contrarreloj, la comunidad venezolana en Madrid sigue pegada a las noticias y saliendo a la calle. Ya no es la sacudida inicial. Esa mezcla de miedo, euforia y urgencia por saber de los suyos, sino una espera más sostenida, con los pies en el suelo. Entre los mensajes que van y vienen en los grupos de WhatsApp y las llamadas a casa, se instala una misma sensación: hay movimientos, pero nadie se atreve a dar la historia por cerrada.

Miembros de la asociación VENAMI de Paracuellos de Jarama. / Cedida

En ese nuevo pulso, la liberación de presos políticos ha actuado como termómetro. Ha traído alivio, sí, y también un recordatorio de lo que queda por delante. «Si estoy alegre por supuesto, la liberación de los presos políticos, claro que sí. Muy, muy contenta y esperando que vengan más», confiesa Zaida Brazón Borges, presidenta de VENAMI (Venezolanos Amigos de Inmigrantes), la asociación comprometida con la integración social ubicada en Paracuellos de Jarama, así como miembro de Gente del Petróleo, la asociación civil creada en 2002 para defender la industria petrolera. Para ella, el gesto tiene un peso simbólico: «Además, es una muy buena señal, es la señal que estamos pidiendo los venezolanos que ocurra que primeramente liberación de los presos políticos».

Pero junto a esa alegría aparece, casi en la misma frase, la medida de lo pendiente. «Es insuficiente porque como puedes ver solamente es el 1 % que se ha liberado. Así que estamos orando y a la espera que salgan más», añade Brazón. Su mirada se mueve de lo inmediato a lo estructural: «Las señales que necesitamos ver es que hay una estabilización del país… que retiren las armas… que nos den una plataforma más segura porque hay que limpiar las instituciones». Y, en el horizonte, el punto inicial que vuelve a salir en muchas conversaciones: «Que nos garantice unas elecciones limpias y unas elecciones con un sistema que nos permita expresarnos libremente a todos los venezolanos».

Miembros de la asociación VENAMI de Paracuellos de Jarama. / Cedida

«Nadie quiere que bombarden en su ciudad, pero siento que hay un plan»

Esa misma evolución, de la conmoción a una «esperanza más realista», la comparte Diana Almeida Molina, que lleva casi diez años en Madrid. «En una esperanza más realista definitivamente. Siento que se están dando acciones estratégicas y aunque obviamente nadie quiere que bombarden en su ciudad, siento que hay un plan«, explica. En su caso, la liberación de presos políticos también se vive como un avance, pero con un matiz claro: «Para mí es parte de la presión que se está ejerciendo, sin embargo es completamente insuficiente. Hay más de mil presos políticos en Venezuela». La venezolana que se dedicó al sector de la Comunicación en su país pone el foco en quienes no salen en titulares: «Hay mucha gente que no es mediáticamente conocida y que está igualmente sufriendo desde hace muchos años por haber enviado un mensaje, por haber enviado un tuit, por haber tenido una foto en el móvil…». Y describe un miedo extendido entre familias: «La familia de ellos está presionada de qué no deben hacerlo público en los medios para evitar que el proceso se complique más». Por eso, explica, la alegría va de la mano de una prudencia que no nace de la distancia, sino del instinto de cuidarse: celebrar con cautela, sin señalarse; esperar con discreción, sin perder el contacto.

Roger Izarra Mora aterrizó en Madrid hace nueve años y despliega su bandera nada más conocer los bombardeos de EEUU a Venezuela. / Cedida

«Se ha aliviado un peso dentro de mí»

En esta misma línea, también se expresa Roger Izarra, periodista y productor audiovisual, que lleva nueve años en España y dice sentir que algo ha cambiado dentro: «En una esperanza más realista. De hecho, siento que se ha aliviado un peso dentro de mí». Para él, la excarcelación es motivo de alegría, incluso con el asterisco de lo incompleto: «Por supuesto que es un gesto insuficiente, pero me da mucha mucha alegría saber que ya se está ejecutando la liberación de los presos políticos». Su lectura de la última semana insiste en la idea de proceso: «Yo celebro la descarcelación de los presos políticos porque sé que todo tiene que ir paso a paso. No puede ser todo de golpe», sostiene.

Roger Izarra Mora, venezolando afincado en Madrid consulta junto a sus familiares qué está pasando en Venezuela. / Cedida

Ese «paso a paso» aparece también en las conversaciones sobre las figuras del chavismo que siguen en el tablero. Brazón, por ejemplo, describe a este medio la presencia de Delcy Rodríguez como una pieza que, en su opinión, puede ser temporal dentro de un desmontaje más amplio. «Para sacar todo lo que hay de criminalidad allí se requiere una figura como ella con un solo propósito, desmontar toda la criminalidad para que podamos ir rescatando las instituciones paso a paso». En cambio, Almeida, desde otro ángulo, cree que mantener una figura chavista durante la transición puede agitar el interior del propio movimiento: «Genera ese rompimiento de las bases porque genera la sensación de traición, de deslealtad, de intereses ocultos y está generando conflictos internos que ya poco a poco saldrán a la luz».

El papel de la diáspora organizada

En paralelo, las asociaciones de la diáspora intentan ordenar el momento y fijar prioridades. La Federación de Asociaciones Venezolanas en España (FAVE), que agrupa a más de 80 organizaciones, ha difundido una posición institucional en la que pone el acento en la situación de los presos y en el papel de España como altavoz. En ese texto, FAVE subraya como punto «irrenunciable» la «libertad inmediata y sin condiciones de todos los presos políticos» y reclama «garantías reales de seguridad».

En los corrillos de Madrid, además, se mezcla la política con una pregunta económica inevitable: qué papel juega el petróleo en todo esto. Brazón lo aborda desde la memoria y la expectativa de reconstrucción: «Estados Unidos nos enseñó a sacar petróleo a los venezolanos hace casi 100 años. Así que van a volver». Incluso, alude a la presencia de grandes compañías y lo expresa con claridad: “La ExxonMobil ya está en el país, Chevron está en el país». Para Brazón, ese regreso se asocia a una posibilidad de recuperación: «Lo que hizo fue ayudarnos a despuntar como una potencia energética, con lo cual lo que esperamos es que volvamos a tener esa misma oportunidad». En todo caso, insiste en que las prioridades no se invierten: «Para los venezolanos es más importante la libertad y el petróleo es un recurso para poder desarrollar otras energías».

Miembro de Gente del Petróleo, asociación civil venezolana, fundada por profesionales y técnicos de la industria petrolera (PDVSA). / Cedida

En esta semana, la emoción se ha reacomodado. La euforia se ha vuelto más medible; la urgencia, más estratégica; el alivio, más selectivo. Y, aunque cada testimonio lo narra desde un lugar distinto, en Madrid se repite una sensación compartida: seguir atentos, celebrar los avances concretos y, al mismo tiempo, sostener la exigencia de lo que todavía falta. Porque, como resume Izarra, la esperanza puede ser «más realista». pero no por eso menos intensa.

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