lunes, 19 enero, 2026
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Una red de apoyo, la información y la posibilidad de expresarse y desahogarse: los consejos de una psicóloga experta en catástrofes para superar un accidente de tren

El descarrilamiento de dos trenes de alta velocidad registrado en la tarde de este domingo 18 de enero ha provocado una tragedia ferroviaria en la localidad cordobesa de Adamuz, con al menos 39 fallecidos y más de 150 heridos, cinco de ellos en estado muy grave. El accidente ha activado un amplio dispositivo de asistencia, mientras continúan las labores de atención a las víctimas y la identificación de los fallecidos.

Más allá de las pérdidas humanas y las consecuencias físicas, este suceso deja un impacto inmediato en la salud mental de supervivientes, familiares y profesionales que han intervenido en las tareas de rescate. En El Periódico de España hemos hablado con la psicóloga Helena Pascual Darlington, coordinadora del Grupo de Emergencias, Urgencias y Catástrofes del Colegio de la Psicología de Madrid, sobre los efectos y secuelas, desde el punto de vista de la salud mental, después de una tragedia así.

«El duelo es el proceso emocional natural porque nadie se espera este tipo de accidente, en la que puede llegar a haber una pérdida de familiares o de personas allegadas», comienza explicándonos la psicóloga Helena Pascual, que en muchos casos lo primero que aparece es «principalmente la incredulidad«, porque «al final es un shock». En ese arranque, subraya, el cerebro necesita tiempo para asimilar lo ocurrido porque «lleva un proceso», de modo que la sensación de desconcierto es esperable en las primeras horas y días.

La psicóloga señala que cada persona puede reaccionar de manera diferente y que muchas veces no se sabe cómo se responderá «hasta que no te encuentras en el contexto». Según describe, hay quienes muestran «conductas de agitación, ansiedad o incluso negación«, mientras otras personas quedan más bloqueadas, incluso sin expresar «ninguna emoción», porque es un «mecanismo de defensa, unos por exceso y otros por defecto» porque aún «el cerebro no asimila… lo que está viviendo». Pascual señala que, tras un suceso traumático, es habitual que aparezca la necesidad de entender qué ha pasado y por qué: «Preguntar que ha ocurrido o buscar culpables son respuestas que están dentro de la normalidad». Según explica, este tipo de pensamientos «están dentro de la normalidad» y forman parte de las reacciones esperables al tratarse de «una situación excepcional».

Superar la culpa del superviviente y el pensamiento de que se podría haber hecho más puede «llevar su tiempo», advierte Pascual y recuerda que, en pleno impacto, hay personas que se paralizan: «No pueden hacer otra cosa». En términos psicológicos, apunta a que «su amígdala… se queda paralizada y secuestrada», por lo que el abordaje debe ser gradual y combinar el trabajo emocional con el racional, incluyendo el manejo de «ideas irracionales» «poquito a poco». Además, defiende que lo ideal es facilitar seguimiento y acceso a atención profesional psicológico, aunque reconoce que no siempre es sencillo por falta de recursos.

La psicóloga subraya que, para que las personas afectadas estén «lo mejor atendidas posible», es fundamental contar con una red de apoyo, «no solo a nivel psicológico», sino también familiar y social. Explica que «lo primero» es que la persona tenga a alguien cerca que la sostenga, la escuche y le permita «expresarse y desahogarse», entendiendo que muchos síntomas «son normales» tras lo vivido. A ello se suma la importancia de la información. Explicar qué está ocurriendo y qué va a pasar después se ayuda a recuperar la seguridad y el control perdidos, una base esencial para prevenir problemas psicológicos posteriores y favorecer la recuperación.

La solidaridad de Adamuz

La cara más amable de esta tragedia la ha ofrecido el pueblo de Adamuz que desde el primer segundo se ha volcado con los afectados del descarrilamiento, algo que para Pascual «es una respuesta necesarias, y fundamental, que los seres humanos necesitamos poner en marcha ante una tragedia de esta magnitud». «A nivel psicológico, ese apoyo se valora muchísimo – explica la psicóloga-. En ese momento las personas están bastante perdidas, porque de repente ha habido un cortocircuito en su cotidianidad y de lo que tenían certidumbre en su vida, de repente no la hay«.

Adamuz se organizaba casi sin saberlo. Y el pueblo entero hizo lo único que sabía hacer: ayudar. Mantas, botellas de agua, primeras curas, palabras tranquilizadoras en medio de un caos inicial. Porque hasta que llegaron los refuerzos, Adamuz sostuvo la emergencia con sus propias manos. «Cualquier persona que te tienda la mano en ese momento, se valora muchísimo, porque te falta la seguridad que acabas de perder«.

Para ella «es muy importante reivindicar que esta solidaridad no sea algo efímero, sino que se mantenga en el tiempo, ya que la recuperación emocional de los afectados va a ser un proceso largo». Y reivindica la importancia de «la atención en el momento», desde esa amabilidad y humanidad del pueblo hasta los primeros auxilios psicológicos y la información aportada por los psicólogos.

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