No sé en qué trágicas circunstancias existenciales ha de encontrarse un ser humano para llamar por teléfono a la empresa Bevolutive y solicitar los servicios del coach deportivo Iñaki Urdangarin. Deseo suerte a todos los clientes del ex marido de Cristina de Borbón y ex hermano político del rey Felipe VI en la búsqueda de un propósito, espero que lo encuentren y que sea legal. Lejos de tomar ejemplo de su ex concuñado Jaime de Marichalar y limitarse a vivir la vida de discreto divorciado con unas cuantas alfombras rojas, cuatro bodorrios, algún funeral y el pico cerrado, el exjugador de balonmano regresa a la actualidad con una turra olímpica aderezada de sanación: fue injusta y terriblemente maltratado, pero ha renacido de sus cenizas, tras cumplir condena en la cárcel por malversación, prevaricación, fraude, delitos fiscales y tráfico de influencias. Se ha reinsertado y tiene algo que vender. Es un hombre nuevo que lo mismo te receta unas sentadillas que publica sus memorias selectivas: Todo lo vivido. O casi todo. He ahí otro ejercicio de autojustificación similar a Reconciliación, de su ex suegro Juan Carlos I, con quien sigue en contacto y a quien respeta. Un escritor con el que además competirá en las librerías. Comparten ambos esa penosa condescendencia a la hora de referirse elogiosamente a las esposas y madres de sus hijos, cuyas cornamentas expusieron ante toda España. No merece encomio sino indirectas, por contra, el actual jefe del Estado, «mi amigo, o eso creía yo», que le apartó para preservar la institución antes de su condena. Ya dicen que ‘de cuñado, nunca un buen bocado’. Y desvela que su benjamina Irene tiene dislexia, cosa que no viene a cuento y que denota esa preocupante falta de criterio que siempre ha exhibido el vasco a la hora de decidir qué asuntos familiares poseen algún interés público.
Iñaki Urdangarin, una víctima del sistema. Otra. Afirma que fue encerrado en una celda de ocho metros «para contentar a la prensa, a los jueces, al fiscal, a la Casa Real y a una parte de la opinión pública». Llegaremos a añorar al jocoso aprovechategui que firmaba como ‘Duque em Palma do’ los correos electrónicos dirigidos al secretario de las infantas en los que detallaba el humo que pensaba vender con su Instituto Nóos; daba menos grima que el actual mártir. Qué tiempos, los negocios se cerraban con una partida de pádel en Marivent y de la corte no se hablaba. Resulta que por ser yerno del rey Iñaki Urdangarin sufrió lawfare de todos los estamentos judiciales, incluido el Supremo, del que ya esperamos una respuesta contundente. Resulta que, plebeyo deseoso de encajar, fue abocado a comprarse un palacete en Pedralbes cuando su suegro le afeó que en el piso que disfrutaba no cabía su numerosa prole. Resulta que se llevó crudas cantidades millonarias de dinero público para organizar eventos truchos carentes de contenido sin concursos ni fiscalización, porque «lo que hacía Nóos era diferente». Ni un gramo de autocrítica, todo lo contrario. Le han dejado muy solo. «Cuando se decide que alguien tiene que caer los hechos solo estorban», escribe grandilocuente, demostrando que sigue siendo un poco fantasma. Hay que tener valor. El suegro nos trajo la democracia y el yerno fue sacrificado para salvar la monarquía. Así se reescribe la historia de los que se creyeron intocables.
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