lunes, 9 febrero, 2026
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Kiran Desai: «La fundación de Bill Gates me envió a escribir sobre el comercio sexual de niñas en la India. Es todo espeluznante»

Kiran Desai (Nueva Dehli, 1971) se convirtió en la ganadora más joven del Premio Man Booker por ‘El legado de la pérdida’ en 2006. Después, desapareció. Dos décadas después vuelve con ‘La soledad de Sonia y Sunny’ (Salamandra), una monumental novela sobre dos jóvenes indios errantes y desarraigados que irán encontrándose y perdiéndose tras un fallido matrimonio concertado, como los que siguen orquestándose en la India de hoy. Más de 700 páginas brillantes, maceradas durante 20 años y de lectura absorbente, casi de otra época.

Ha escrito una novela tan larga y profunda, con dos décadas de trabajo detrás, que casi podría decirse de ella que es contracultural. ¿La siente así?

La idea original era escribir una historia de amor y soledad en el mundo cosmopolita y globalizado de personas que se desplazan entre países. Y entonces me di cuenta de que podía usar la idea de la soledad de forma más amplia y hablar de las divisiones en lugares distintos y en el pasado, en cómo puede ser heredada. También que no era preciso escribir solo sobre las partes más dolorosas o traumáticas de la soledad. Es algo que buscamos como personas.

¿Se considera una persona solitaria?

Todos buscamos abandonar cierta narrativa, escapar, huir de nuestro propio ser, dejar atrás aquello con lo que nacimos. Buscamos vías de escape constantemente a través del arte, la literatura, la religión, los viajes. La soledad es el descubrimiento de uno mismo frente a la historia familiar o nacional. Existe cierta privacidad y dignidad en uno mismo cuando uno está completamente solo. Y es algo que a veces el mundo no te permite. Soy solitaria, definitivamente. Después de mudarme de la India a Estados Unidos, de tener unos padres que se separaron y de tener abuelos que también hicieron grandes viajes, sentí que sabía mucho sobre el tema.

En la India, con más de 1.000 millones de almas, es casi imposible estar solo. Sonia se siente sola en una Nueva York muy individualista. Echa de menos las masas indias, que por otra parte también le generan ansiedad.

Así es la sensación en India, la de no estar nunca físicamente solo. Hay gente que nunca ha dormido o comido sola en su vida. Pero también es verdad que en este planeta cada vez más poblado, más solos estamos y menos conocemos al otro. Todos tenemos la sensación de mirar bloques de rascacielos, urbanizaciones y complejos, y en lugar de ver más gente, nos sentimos más desolados y anónimos.

El abuso sexual es redundante, se ha contado una y otra vez. Pero, ¿qué haces como mujer joven si te dan ese tema?

En la novela explora la idea del inmigrante bueno y malo. Es curioso lo molesto que le resulta a uno de los personajes indios, cuando viaja como turista a Londres, ver a las trabajadoras punjabis limpiando los lavabos de Heathrow.

Existen emociones muy complejas entre quienes se fueron y quienes se quedaron. En la India persiste la idea de mudarse al mundo occidental y educar a los hijos con el único objetivo de que se vayan. La división de clases sociales persiste. Hay dos clases de indios que emigran. Podemos hablar de quién es afortunado y quién es desafortunado, de todos los celos y deseos que despierta cierto tipo de vida.

En el caso de Sunny, solo cuando empieza a salir con una mujer blanca puede empezar a ser indio de nuevo, o a recuperar esa idea de sí mismo.

Hay una cierta clase de indios muy occidentalizados, con una educación casi británica, que ahora parecen varados en la historia. En el libro, uno de los personajes dice: “Te rompes el alma para aprender ciertas cosas y luego el mundo cambia”. Un amigo mío, el escritor Pankaj Mishra, dice que la soledad cósmica de esta clase de personas se debe a que la India ha cambiado. Los inmigrantes indios siguen ocupando el tercer lugar en inmigración ilegal en Estados Unidos. Y, al mismo tiempo, también hay mucha gente que regresa por primera vez porque la India se ha convertido en un país más rico.

La gente que a menudo llega en masa a Estados Unidos lo hace precisamente por lo que Estados Unidos hace en sus países

Sonia quiere ser escritora. Su primer (y muy tóxico) novio norteamericano se burla de ella por sus cuentos, que considera “bobadas orientalistas”. Ella acaba escribiendo un ensayo cultural sobre el kebab y una de las primeras entrevistas que hace Sunny es a un hombre indio con el récord Guinness por… tener las uñas más largas del mundo. ¿Siente presión por ser la escritora india que escribe sobre India y por no caer en un “orientalismo” para blancos?

Hay un resentimiento real en la India hacia la gente que regresa al país en busca de ‘material’. Hice una versión mucho más larga de Sunny yendo por ahí, intentando que la gente le contara sus historias, en la que todos lo rechazaban porque no querían que se aprovecharan de ellos.

La escritora india Kiran Desai, este lunes en el CCCB de Barcelona. / Pau Gracia / EPC

La relación tóxica con un hombre tres décadas mayor que destroza a Sonia es dura de leer, ¿cómo la concibió?

Todo el libro trata sobre quién es controlado por quién y quién es el dueño de la historia. Ella está atrapada por la mirada de él y porque él es más poderoso que ella. Hablamos mucho de la época colonial, pero ¿qué pasa cuando estás tan controlado por la mirada de otra persona en una relación y tan desconectado de ti mismo? Mucha gente me ha preguntado por qué Sonia no deja esa relación abusiva. Tienes que ser una persona para irte. Cuando te han entrenado para diezmar tu sentido de la identidad es imposible.

El abuso sexual recorre toda la novela.

El tema es redundante. Es una historia que se ha contado una y otra vez. Pero, ¿qué haces como mujer joven si te dan ese tema? No lo quieres, pero es tu tema. ¿Qué escribir cuando la historia se ha contado tantas veces y, sin embargo, sigue sucediendo? ¿Sigue sucediendo porque se sigue contando o, al revés, se sigue contando porque sigue sucediendo?

La India está experimentando ahora lo que leí en las novelas latinoamericanas

¿Los matrimonios concertados siguen siendo la norma en India?

Sí, la gran mayoría. ¿Qué pueden decirse dos desconocidos que van a casarse la primera vez que se quedan a solas en una habitación? ¿Cómo demonios se logra vivir así? El amor es algo completamente diferente. Existe la presión de lograr ambas cosas. En el mundo moderno actual, se espera que también haya romance. Es extremadamente complejo gestionar esas dos cosas.

Es difícil de entender. En el libro aparecen muchas mujeres independientes, feministas, que deciden separarse, como la madre de Sonia.

En la India ves un grado extraordinario de violencia sexual contra las mujeres, es una sociedad basada en castas y clases y la violencia sexual es una forma de control. Ahora también está afectando a mujeres muy jóvenes que se incorporan al mercado laboral. Mujeres valientes que han dejado sus hogares para ser feministas y progresistas, que desean eso para sus hijas, que se van de casa y viajan por todo el país para trabajar. Y están experimentando violencia por parte de la sociedad ancestral, que las está defraudando. El otro día volaba con Air India y toda la tripulación, desde el piloto a las azafatas, eran mujeres.

El abuso infantil es otro terror ancestral incrustado, también en la novela.

Todo sucede en la superficie de la sociedad, ante nuestros ojos. Siempre hay algo entre bastidores. Hace años fui con la fundación de Bill Gates para escribir sobre su trabajdo contra el sida en India. Me enviaron a Andhra Pradesh, en la costa sureste. Ves lo que parece una vida normal en un pueblo y en realidad, detrás hay una historia increíble de abuso de mujeres y niñas que son vendidas para el comercio sexual.

¿Cómo se ha sentido tras la revelación de los archivos Epstein?

Es espeluznante. No podía imaginar que fuera cierto. Piensas en todos esos teóricos de la conspiración, en lo impactante que resulta ahora que no quisiéramos creerles. El mayor desastre es que realmente tenían razón.

Me da pena ver a Usha Vance con su marido, que dice que desearía que fuera cristiana. Me pregunto si es una historia más compleja que la que estamos viendo

La novela empieza en los 90, cuando el nuevo nacionalismo indio irrumpe en una generación, la de los padres de Sonia y Sunny, que creció en los rescoldos del colonialismo británico, y llega hasta los dosmiles. ¿Qué línea político-temporal quería trazar?

Me interesa esa oscura corriente subyacente en la historia de una nación, cómo surge una y otra vez, y parece solo cuestión de tiempo antes de que explote en otro lugar. No tenemos ni idea de a quién va a atrapar y cuándo, pero lo presentimos. Siempre existe el miedo a que vuelva a surgir.

Como en el 11-S.

El 11-S coincidió con el aumento de los comentarios contra las minorías en la India, le dio a la gente una excusa para expandir esa retórica. Y fomentó nuevas alianzas entre el gobierno de derecha indio, Israel y Estados Unidos, alianzas que estamos viendo desarrollarse hoy de maneras bastante aterradoras. Me pareció interesante pensar en cómo la gente en Latinoamérica vio lo que sucedió el 11 de septiembre, por ejemplo en Chile, donde esa fecha es su día del desastre.

¿Es la historia de siempre, de la enorme influencia de Estados Unidos?

Esa es también una de las dificultades de escribir sobre la inmigración a Estados Unidos. Existe una tradición muy arraigada de novelas que narran un viaje heroico al país desde una región conflictiva del mundo hacia un faro de libertad. Y me parece muy ingrato deshacer esa historia, que es lo que he intentado hacer. Sunny piensa en ello, en morder la mano que lo alimenta, y, sin embargo, no puede dejar de ver lo que ve: que la gente que a menudo llega en masa a Estados Unidos lo hace precisamente por lo que Estados Unidos hace en sus países. Llegan con esperanza en Estados Unidos, pero también con odio hacia él. Y eso es lo que nadie quiere oír.

¿Qué sentimientos le despierta Usha Vance, la mujer del vicepresidente JD Vance?

Por primera vez estamos viendo a indios en primera línea política, tanto del lado demócrata como del republicano. Lo que me sorprende son los indios que están en organizaciones antiinmigrantes. Como el ex primer ministro de Inglaterra, Rishi Sunak. Usha está argumentando contra sí misma o su esposo está argumentando contra ella todo el rato. Me pregunto qué pasa realmente en ese matrimonio. No hay razón para no darle el beneficio de la duda a Usha. Pero no sé por qué se suma a un mensaje tan cruel e hipócrita. Argumentar contra una democracia secular que acoge a los indios y les permite practicar su religión y hablar su idioma me parece extraordinario. Me da pena verla con su marido, que dice que desearía que fuera cristiana. Me pregunto si es una historia más compleja que la que estamos viendo.

Los indios dirigen hoy algunas de las principales multinacionales. Los CEOs de Google, Alphabet, Microsoft, Adobe, IBM, YouTube, ¡hasta de Chanel!, todos son indios.

Sí, la CEO de Chanel es tía de una amiga mía. También mi editorial, Penguin, tiene un CEO indio. Sí, es increíble. En el fondo es el resultado de lo que en el pasado fue un sistema educativo extraordinario, que ha sido diezmado por el régimen actual. Todas esas personas que se educaron al más alto nivel y han llegado a la cima son parte de una sociedad basada en castas. Lo que se ve es el resultado de siglos de división. También son una de las razones por las que hay un creciente racismo antiindio en Estados Unidos, porque todos ellos han tenido mucho éxito. Hay un enorme resentimiento.

¿Qué escritores la han influido más? En la novela aparecen Gabriel García Márquez y Juan Rulfo.

Vivir en Estados Unidos abre las puertas a Latinoamérica. En India leíamos mucho a los latinoamericanos porque existen paralelismos entre los países coloniales. Leíamos africanos, latinoamericanos y asiáticos. Son países que se han visto profundamente afectados por la política exterior estadounidense. La India está experimentando ahora lo que leí en las novelas latinoamericanas. He aprendido muchísimo. También la idea de lo que una novela puede lograr y del realismo mágico, que muchos rechazaron como etiqueta. Leer a García Márquez y a Bolaño me marcó.

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