miércoles, 11 febrero, 2026
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El Matonismo Ilustrado

Soy de los que opinan que todo argumento se puede expresar sin dañar a nadie, incluso las ideas más radicalmente opuestas, y que se puede discutir de todo sin perder la educación y la empatía con la otra persona. Y eso vale en las relaciones personales, en cualquier conflicto humano y hasta en la más alta política internacional.

Por eso ya me escandalicé cuando en los años 90 se registró desde Marbella aquella entrada masiva de la grosería en la política, en algunas televisiones, en la vida pública… ¿Se acuerdan? «Yo es que soy muy claro», afirman los que en realidad quieren decir «no me importa lo más mínimo ser educado ni ofenderte».

Pocos años después, las incipientes redes sociales, primando los mensajes que más reacciones generan, han acabado dividiendo al mundo en dos: los impertinentes-agresivos y los ofendidos-ofendiditos, con muchos en ambos lados ejerciendo a la vez de víctima, testigo, fiscal, juez y verdugo, sin argumento alguno ni cabida a la razón. Mucho menos para los sentimientos de los demás, que eso de los mensajes largos y de leer no se lleva. ¿Para qué andarse con delicadezas si puedes pegar directamente una coz en el bajo vientre?

Pero estos tiempos han dado una nueva vuelta de tuerca que tiene su reflejo en la más alta política mundial. Con una China comunista defensora del más salvaje capitalismo; una Rusia que no sabe qué hacer con la momia de Lenin y autoritaria como pocos zares (pero no como Pedro El Grande, que era muy alto, sino como Iván el Terrible), mientras que la gran democracia que fue EEUU se reviste con Trump con los tintes más dictatoriales de la historia. Una época de matones en la que se está pasando en el orden mundial del maltrato psicológico al físico y a la agresión directa por la sencilla razón de que «puedo hacerlo». Es el «Matonismo Ilustrado», que se diferencia del aquel Despotismo del siglo XVIII, de «todo para el pueblo pero sin el pueblo», en que ahora hay «poquito para el consumidor y sin el consumidor», que ya el estatus de ciudadano ha cambiado también al de mero comprador. Hablamos de una corriente política y de pensamiento caracterizada porque, precisamente, no hace falta pensar. Incluso, y les ruego que me perdonen tan malsonante frase, este «Matonismo Ilustrado» respondería a un lema aún más simple: «Todo por mis huevos». Así. En dieciséis letras. Que ya digo que no son tiempos de leer mucho.

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