El Ministerio de Justicia volvió a convertirse en el escenario más nítido de las internas de poder dentro del gobierno de Javier Milei. La salida de Mariano Cúneo Libarona estaba, en rigor, anunciada. El propio ministro había dejado trascender desde hace meses que no pretendía permanecer en el cargo más allá de la etapa inicial de la gestión libertaria y que su intención era regresar a su actividad profesional. En ese punto no hubo sorpresas: su alejamiento ya formaba parte del paisaje palaciego.
La verdadera novedad —la noticia que alteró el equilibrio interno— fue la caída de Sebastián Amerio, el número dos de la cartera y un funcionario identificado con el asesor presidencial Santiago Caputo. Aunque en la Casa Rosada dejan trascender que podría encontrar algún “destino alternativo” dentro del Estado en las próximas semanas, lo cierto es que su desplazamiento fue interpretado como un revés político para el estratega libertario.
Amerio era considerado la terminal directa de Caputo dentro del Ministerio de Justicia. En el ecosistema de poder libertario incluso circulaba con insistencia la idea de que el asesor ejercía una suerte de conducción informal sobre la cartera. La versión llegó a instalarse tanto que el propio Cúneo Libarona terminó refiriéndose a ella públicamente. En una entrevista radial con Romina Manguel, el ex ministro admitió haber escuchado esos comentarios y dejó entrever su molestia: según sostuvo, los avances y logros de la gestión eran responsabilidad de su equipo y no de un supuesto “ministro en las sombras”.
Las entrevistas que concedió tras su salida, de hecho, fueron leídas en el oficialismo como un mensaje político. En algunos despachos de la Casa Rosada sostienen que esa ronda mediática fue habilitada —e incluso estimulada— por Karina Milei, la secretaria general de la Presidencia. El objetivo habría sido marcar dos cosas: primero, que la disputa interna por el control del Ministerio de Justicia terminó inclinándose en favor del sector que responde a la hermana del Presidente; segundo, que el resultado no obedeció solo a una pulseada de poder, sino también a una evaluación negativa del trabajo realizado por el equipo saliente.
En ese diagnóstico aparece un nombre propio: Ariel Lijo. Dentro del Gobierno responsabilizan a Amerio de haber impulsado con fuerza el intento de llevar al juez federal a la Corte Suprema, una movida que terminó convirtiéndose en uno de los principales traspiés judiciales de la administración Milei. El fracaso de esa estrategia dejó heridas internas y debilitó la posición del subsecretario.
La salida de Amerio, además, contradijo algunas de las versiones que el propio Caputo había dejado circular en los días previos. Según comentaban periodistas que dialogaban con el asesor, el elegido para conducir el Ministerio no sería Juan Bautista Mahiques, sino el ex intendente de Mar del Plata Guillermo Montenegro. Más tarde, cuando el nombre de Mahiques comenzó a sonar con fuerza, la hipótesis que se difundía era otra: Amerio continuaría como segundo en un esquema de equilibrio entre el sector de Caputo y el de Karina Milei.
Nada de eso ocurrió.
Amerio será reemplazado por Santiago Viola, apoderado nacional de La Libertad Avanza y un dirigente de estrecha confianza de Karina Milei. Su llegada modifica la arquitectura política del área. Viola, de 37 años, construyó su red de contactos en el mundo judicial con ayuda de su madre, la abogada Claudia Balbín, una histórica operadora con vínculos en los tribunales federales y cercana a la jueza María Romilda Servini de Cubría. A partir de esa red, el nuevo funcionario consolidó relaciones con distintos magistrados de Comodoro Py, entre ellos el propio Ariel Lijo, con quien mantiene diálogo fluido.
En el ambiente judicial también se menciona su relación con el operador Daniel “Tano” Angelici, uno de los interlocutores más experimentados del sistema judicial porteño. Angelici, de hecho, mantiene un vínculo aceitado con Juan Bautista Mahiques, lo que refuerza la idea de que la nueva dupla Mahiques–Viola podría convertirse en el núcleo operativo de la estrategia judicial del gobierno libertario.
En los pasillos de Comodoro Py algunos los describen como dos operadores con capacidad de tejer acuerdos para avanzar en el rediseño del Poder Judicial que impulsa la Casa Rosada. La tarea no es menor: el oficialismo necesita construir mayorías políticas para cubrir vacantes judiciales, avanzar con reformas institucionales y sostener un diálogo permanente con gobernadores y bloques parlamentarios. En ese tablero, la articulación con figuras como Patricia Bullrich y distintos mandatarios provinciales aparece como clave para negociar nombramientos y reformas.
Pero detrás de la crisis de Justicia se esconde una discusión más profunda sobre la arquitectura del poder libertario. Durante meses se habló del famoso “triángulo de hierro” integrado por Javier Milei, su hermana Karina y Santiago Caputo. Sin embargo, por estas horas el propio Caputo comenzó a relativizar esa idea en conversaciones reservadas con periodistas y dirigentes. Según repite en privado, ese triángulo nunca existió realmente: el esquema de poder siempre fue, dice, una pirámide invertida con dos dueños —Javier y Karina Milei— y un gerente general por debajo.
Ese diseño, sin embargo, parece haber entrado en una fase de redefinición. Desde la victoria electoral del 26 de octubre, que fortaleció políticamente a Karina Milei dentro del oficialismo, en la Casa Rosada comenzó a hablarse de un proceso gradual de reordenamiento interno. Traducido al lenguaje del poder: un takeover progresivo de áreas que hasta ahora orbitaban en torno a Santiago Caputo.
El Ministerio de Justicia aparece como el primer escenario visible de ese movimiento. La caída de Amerio y el desembarco de Viola no solo reconfiguran la relación del Gobierno con el sistema judicial. También marcan el inicio de una etapa en la que Karina Milei busca consolidar control directo sobre áreas estratégicas del Estado.
Detrás del episodio judicial, entonces, asoma una conclusión política más amplia: el equilibrio interno del oficialismo está cambiando. Y en ese nuevo mapa de poder, el lugar de Santiago Caputo —hasta ahora considerado el gran arquitecto político del gobierno libertario— empieza a ser revisado.
