“La historia de Córdoba, la escribe Talleres”, rezaba una bandera blanca con letras azules en la tribuna Gasparini que estuvo en toda la previa al inicio del partido. Un trapo largo que ocupaba gran parte de ese sector del estadio Mario Alberto Kempes. Esa historia que repasa grandes nombres, leyendas, cracks, anécdotas, amigos, momentos, familias: una historia que ilustres como la ‘Wanora’ Romero, el ‘Hacha’ Ludueña o la ‘Cata’ Oviedo, una historia con fenómenos como el maestro Galván, el Diego Garay, el ‘Rana’ Valencia o el ‘Cholo’ Guiñazú. Una historia que se escribe con sudor y pasión… y buen pie… que fue el que se extrañó un poco en el clásico ante Instituto.
Talleres no jugó bien.
Pero ganó.
Talleres dejó mucho que desear. Sufrió.
Pero ganó. Y la gloria fue para el Albiazul por 2-0.
Talleres se fundó en 1913 en la tradicional Biblioteca del Pueblo General Paz. Desde entonces se hizo un nombre, una historia, una identidad y comenzó a forjar un legado que, con el acompañamiento de sus hinchas, sigue hasta nuestros días. “¿Qué es ser de Talleres?», le preguntaron en una entrevista a Daniel Salzano. Y el escritor comenzó su respuesta con: “Ser de Talleres es que no vas a estar solo nunca…”
El Kempes albergó un nuevo clásico entre el Albiazul y la ‘Gloria’, donde –cosas de estos tiempos- se jugó sólo con hinchada local. Es decir que el estadio estuvo repleto de fanáticos del ‘Matador’. Y con su estilo único, particular y singular acompañó al equipo de Carlos Tevez.
Se bancó un primer tiempo intenso y un complemento donde la pasó mal. Muy mal. Pero bancó los trapos. Sufrió. Instituto le manejó la pelota. Pero Guido Herrera fue el artífice para resguardar el arco en cero.
Y la gente. Con sus banderas fueron los verdaderos vencedores del clásico.
Villa Los Pinos; La Hermandad; Primero Talleres, Donde esTes voy a alentar, Lokato; Explica esta locura; Talleres me haces entender esto que no todo ven; Movimiento albiazul; Reyna; Grande por su historia, Gigante por su gente; Fieles hasta la inconciencia; Lamadrid; Colinas del cerro; Filial Despeñaderos; Solo el amor explica esta locura… Las banderas fueron protagonistas en el atardecer cordobés del barrio Chateau Carreras. Trapos con leyendas en los cuatro costados. “Córdoba el Matador”, gigante esa bandera apenas inició el juego le dio un colorido especial.
Escenas en la previa y en el durante. Un papá que le saca una foto a su nena con la camiseta albiazul; un jubilado que intenta mandar un audio por WhatsApp; un pelado que insulta a los jugadores de Instituto; una pareja de novios aplaudiendo una jugada de Valentín Dávila; un moricho con la camiseta de la Mona Jiménez le pide a Tevez que vayan más al frente…
Y después del gol de Rick Morais, que decretó el 2-0, siguieron los canticos, con una solo pedido: “El domingo cueste lo que cueste, el domingo tenemos que ganar”. Mensaje claro: a Belgrano hay que bajarlo de la punta en el Gigante. Talleres tuvo respaldo.
Ganó Talleres.
No jugó bien.
No le importa ahora a la gente: Ganó.
La gente siempre está, fiel a su historia.
