El tiempo corre y la incertidumbre crece. Lo que debería ser una fiesta del fútbol mundial entre los campeones de América y Europa se ha transformado en un conflicto logístico y político que, a día de hoy, mantiene la Finalissima en el aire.
El Bernabéu contra el Monumental
La chispa del conflicto se encendió el pasado jueves, cuando la Real Federación Española de Fútbol (RFEF) propuso formalmente al Santiago Bernabéu como escenario del encuentro. El argumento de la federación europea, defendido por su presidente Rafael Louzán, es la practicidad: la gran mayoría de los futbolistas de ambas selecciones compiten en clubes del Viejo Continente, lo que reduciría el desgaste de los viajes.
Sin embargo, la respuesta desde Sudamérica fue un «no» rotundo. Claudio «Chiqui» Tapia, presidente de la AFA, rechazó la propuesta de Madrid y contraatacó con una exigencia clara: que el partido se dispute en el Estadio Monumental de Buenos Aires. Fuentes de la AFA aseguran que «nunca dieron el OK» para jugar en España y se muestran sorprendidos por las versiones que daban por hecha la sede madrileña, evaluando incluso presentar una queja formal ante la CONMEBOL.
De Qatar a la incertidumbre total
Originalmente, el partido se vislumbraba en Qatar, pero la escalada de los conflictos en Medio Oriente obligó a buscar alternativas. Tanto el seleccionador español, Luis de la Fuente, como el sindicato de futbolistas de ese país (AFE), fueron los primeros en pedir el cambio de sede por motivos de seguridad.
Desde el cuerpo técnico de la Selección Argentina, el único en alzar la voz ha sido Pablo Aimar. El ayudante de Lionel Scaloni fue prudente pero firme: «Hay que jugar siempre que se pueda, donde sea seguro«, afirmó, priorizando la integridad de los protagonistas por encima de las disputas dirigenciales.
Riesgo inminente de cancelación
A pesar de la reunión mantenida entre el presidente de la CONMEBOL, Alejandro Domínguez, y Tapia, los avances han sido nulos. La postura de la UEFA y España parece inamovible respecto a jugar en Europa, mientras que Argentina no cede en su intención de ser local.
Si en las próximas horas no surge una sede de consenso o una de las partes flexibiliza su posición, el partido podría ser suspendido o cancelado definitivamente. Con el calendario apretado y el Mundial 2026 en el horizonte, la Finalissima corre el riesgo de ser el gran evento que nunca sucedió.
