domingo, 15 marzo, 2026
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Laporta apabulla a Font con más del doble de votos y presidirá el Barcelona hasta 2031

La urgencia del cambio predicado por Víctor Font no ha sido escuchada por la masa social azulgrana y Joan Laporta repetirá como presidente del Fútbol Club Barcelona. El plebiscito le ha salido de fábula. Ni siquiera ha habido un resultado ajustado. Laporta ha sumado 32.934 votos, un 68,18%, propinando una segunda derrota consecutiva al empresario de Granollers. Se desvanece su sueño de ocupar algún día el mejor sillón del Camp Nou. El carisma del mandatario barcelonés, de 63 años, se ha demostrado de nuevo irresistible.

El encanto del equipo de Hansi Flick, el retorno al estadio y la expansiva personalidad del candidato han pesado más que todas las acusaciones de gestión obsoleta y de mala praxis denunciadas en campaña por Font y en precampaña por los demás precandidatos. El socio ha apostado por la continuidad, cumpliendo los pronósticos y respetando la tradición, que dicta que ningún presidente en ejercicio ha perdido nunca una reelección. Si completa su tercer mandato, hasta 2031, alcanzará los 17 años en el poder, una longevidad solo superada por Josep Lluis Núñez.

Hansi Flick, acompañado por el candidato Joan Laporta ejerce su derecho a votar como socio azulgrana durante la jornada electoral. / Jordi Cotrina / EPC

La victoria de Laporta pudo de alguna manera anticiparse cuando después de la goleada azulgrana sobre el Sevilla (5-2) varios jugadores acudieron a votar y formaron un corro con el presidente y empezaron a botar. Pedri, Cubarsí, Olmo, Gerard Martín, Bernal, Casadó y Raphinha dieron de esa forma su bendición a la continuidad. Una imagen potentísima de conexión entre la plantilla y el dirigente que empequeñecieron a Font. Una imagen, a la vez, insólita y cuestionable para un proceso electoral.

Laporta dobló en votos a Font, un 68,18% respecto a 29,78%, y en perspectiva histórica solo Núñez en 1997, con el 76,3%, obtuvo más sufragios a su favor. Pese a haber partido, hay que remontarse precisamente a esos comicios para encontrar una participación porcentualmente más baja: 42,34% de ahora; 34,38% de entonces. Se notó el veto al voto por correo, como en 2021, o al telemático.

La celebración en el habitáculo del Camp Nou en que el mandatario se refugió junto a su equipo empezó antes de los resultados oficiales. En cuanto TV3, a las 21 horas, dio a conocer una amplia encuesta que adelantó el incontestable triunfo, se destaparon gritos, saltos, abrazos y descorche de cava, con Laporta desatado y bailongo. La fiesta, cómo no, continuará en Luz de Gas. En el área de Font prendió la decepción.

Un animal político

Laporta se confirmó como un animal político, un seductor de masas. Se paseó incansablemente por la carpa de la votación y alrededores nada más abrirse las urnas y se abrazó e hizo fotos con infinidad de socios. Y lo hizo unas dos horas antes de que un Font más contenido compareciera por las instalaciones azulgranas. Dominó por completo la escena de la jornada, quizá un reflejo de la diferencia entre ambas personalidades.

Las cámaras del club le enfocaron constantemente, siempre bien ubicado, frente a los puestos de votación, interpretando un discutible papel de anfitrión. Acompañó a figuras destacadas que acudían a depositar su papeleta, desde el expresident Jordi Pujol al exjugador Sergio Busquets, desde Aitana Bonmatí a Danny Cruyff, la viuda del Profeta. Luego a los jugadores y al entrenador. Rió, levantó brazos, se emocionó y escuchó infinidad de vítores de “president, president”, secundado por su comitiva habitual. Pareció su triunfo un clamor desde primera hora, confirmado por la noche con el marcador oficial.

Víctor Font felicita a Joan Laporta por su victoria en las elecciones presidenciales. / Jordi Cotrina / EPC

Proponía Font un Barça más moderno, más profesional y menos personalista, pero como en 2021, pinchó en hueso. Pese a prepararse a fondo la campaña, rodearse de profesionales relevantes y proyectar mayor firmeza que hace cinco años, obtuvo menos apoyos que entonces. Laporta resultó ser un contrincante para él inalcanzable, pese a sus defectos, excesos e improvisaciones.

Su hiperliderazgo no se ha visto afectado por la enmienda absoluta a su gestión de la oposición, ni el asalto de Xavi, ni la antipatía silenciosa de Messi, ni la denuncia en la Audiencia Nacional o el pasado franquista que ha vuelto a la palestra de Alejandro Echevarría, su principal apoyo en la gobernanza del club.

Laporta ha dado la impresión de sentirse ganador desde el principio de la precampaña y no ha proyectado la necesidad de esforzarse demasiado en construir un relato complejo. Con Flick por bandera, y una plantilla rejuvenecida y de la Masia, en buena parte gracias a los defectos de la economía, la masa social no ha parecido comprar el mensaje de preocupación de la oposición por el futuro de la entidad. O lo ha relativizado. Solo apretó en los debates, con ataques con veneno a su rival.

Ahora la campaña queda atrás y a partir del 1 de julio el presidente electo volverá oficialmente a su despacho en Arístides Maillol. Aguardan ahora cinco años más de laportismo, con la conclusión del Camp Nou como su logro histórico. No tiene pinta de que el lustro que viene vaya a dejar a nadie indiferente.

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