Javier Daulte es sinónimo de teatro en Argentina. Con una trayectoria que comenzó en los años 90 y se ha consolidado con decenas de obras, premios ACE, María Guerrero y un Konex de Platino, su nombre evoca un camino de creación constante y reflexión profunda sobre el hecho escénico. En la actualidad, mantiene una intensa actividad con tres obras en cartel y proyectos a futuro que incluyen una versión teatral de «Secreto en la montaña» y una nueva producción para el Teatro Nacional Cervantes.
Un proyecto con identidad propia: Espacio Callejón
Desde 2015, Daulte tiene su propio territorio creativo: el Espacio Callejón. Este teatro no solo es una sala, sino la base de la Compañía Callejón, un colectivo artístico que el director define como «una institución sin que nadie nos lo pida». Para Daulte, esta unión fortalece una identidad: «Para un teatro, tener una compañía reafirma su identidad y para una compañía, tener un teatro fortalece una identidad». El tercer espectáculo de esta compañía, gestado a partir de la experiencia de «El sonido», tendrá su estreno en el prestigioso Cervantes.
Dos comedias que rompen el molde
Actualmente, el público puede ver dos de sus obras: «Druk», una adaptación propia de la película ganadora del Oscar, y «El jefe del jefe», una comedia con Diego Peretti y Federico D’Elía. Daulte destaca que ambas se salen de los cánones habituales. «Rompe con la premisa básica de la dramaturgia», explica sobre la segunda. «Cuando crees que se va a develar el secreto, se duplica la apuesta». El director señala que estas propuestas evitan lo «predigerido» y apuestan por un enfoque más lúdico.
Una filosofía contra la solemnidad y la frivolidad
El eje central de la visión de Daulte es un equilibrio delicado. Para él, los peores enemigos del teatro son la solemnidad y la frivolidad. «Cuando aparecen temas sensibles, pareciera que estuviera perimida toda posibilidad de juego. El teatro sin juego no es tal cosa», afirma. Critica tanto el drama excesivamente grave como la comedia liviana que elude el compromiso emocional, considerando que ambas posturas «mezquinan aquello que el teatro puede brindarle a la comunidad».
El teatro comercial y el alternativo
Daulte analiza los diferentes circuitos. Reconoce que en el teatro comercial el espectador «necesita saber qué va a ver» y busca que le agrade, evitando grandes sorpresas. En contraste, en el ámbito alternativo el público se predispone «a otras cosas, a cierta poesía». Su trabajo intenta navegar entre estos territorios, buscando entretener sin por eso dejar de «llegar hondo a cuestiones humanas que el teatro es capaz de retratar». Para Daulte, lo humano se define en el compartir: «Lo humano, si no lo comparto con otros, no sé si es humano». Esta convicción late en cada uno de sus proyectos, consolidando un legado que sigue en plena expansión.
