A 106 años de su muerte, repasamos la vida y obra de la compositora francesa Lili Boulanger, primera mujer en ganar el prestigioso Prix de Rome, cuya música refleja una profunda conexión espiritual.
Lili Boulanger (1893-1918) fue una compositora francesa cuya breve pero intensa carrera dejó una huella imborrable en la música del siglo XX. Fallecida a los 24 años, se convirtió en 1913 en la primera mujer en ganar el prestigioso Prix de Rome por su cantata ‘Fausto y Elena’.
Su obra, que abarca piezas instrumentales y vocales, se caracteriza por una profunda espiritualidad y un manejo simbólico del lenguaje musical, enmarcándose en la tradición postromántica. La relación entre música y religión es un eje central en su producción, aunque su enfoque trasciende lo meramente litúrgico para explorar dimensiones místicas y humanas.
Boulanger creció en un entorno familiar marcado por la música. Su padre, Ernest Boulanger, fue compositor y docente, y su madre, la cantante Rissa Myshetskaia, influyó decisivamente en la formación de Lili y su hermana Nadia. La salud de Lili fue frágil desde niña, luchando contra la tuberculosis y la enfermedad de Crohn, lo que marcó el ritmo de su creación.
Su hermana mayor, Nadia Boulanger, tuvo una extensa vida dedicada a la pedagogía musical, formando a figuras como Astor Piazzolla, Philip Glass y Aaron Copland, entre otros. El legado pedagógico de Nadia conectó tradiciones como el jazz y el minimalismo con la música académica.
La obra de Lili Boulanger sigue siendo estudiada y ejecutada, destacándose como un testimonio único de la expresión musical y espiritual en los albores del mundo moderno.
