La hinchada de Belgrano expresa su sentimiento hacia el club, destacando que el amor no depende de los títulos sino de la identidad y la lealtad en los momentos difíciles.
En el debate futbolístico, un argumento habitual es menospreciar el valor del rival contabilizando los pocos o nulos éxitos deportivos. Sin embargo, amar una camiseta por los campeonatos ganados, las figuras millonarias o las multitudes no es amor verdadero, según una reflexión difundida por seguidores del club Belgrano. El amor, sostienen, se aprende y fortalece en la adversidad: en los momentos de escasez, en las vacaciones suspendidas, en el auto con cubiertas lisas que, a pesar de lo precario, conduce a la felicidad.
Los hinchas de Belgrano afirman que su sentimiento nació en tierra yerta, floreció en el rigor del desierto y maduró en la desdicha. Recuerdan el primer clásico ganado, el Nacional de 1968 y el Regional de 1986, pero aseguran que sin esos logros la medición del amor marcaría el mismo nivel de locura. Una canción popular en la hinchada expresa: «No vengo por salir campeón, vengo porque te quiero. Yo vengo para recordar a los que ya se fueron».
El domingo, sea cual sea el resultado, ya es histórico. El deseo del pueblo celeste es, por primera vez en 121 años, tener una cena como toda persona sueña, hacer las vacaciones planificadas y cambiar las cubiertas del auto. Se lo merecen los Orgaz, Rosario Soria, Salvador Martínez y Ernesto Barabraham, así como los miles que soportaron la quiebra y los descensos pero que, ante todo, aman una identidad con un color, un barrio y un escudo que jamás se traicionó. La confianza está depositada en D10S y en los once que llevan el cielo como bandera.
