sábado, 13 junio, 2026
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Richard Strauss: de wunderkind a espíritu de la transición romántica

A partir de una crónica olvidada sobre la visita de Richard Strauss a Buenos Aires, Pablo Sánchez Ceci reconstruye la figura del compositor alemán y reflexiona sobre el ocaso del romanticismo, las promesas de la modernidad y la persistencia de una obra que aún hoy parece contener el rumor de un mundo que desaparece.

Arturo Giménez Pastor, miembro de la gens de lettres de un país que atravesaba la muerte y la transfiguración, era un abogado que triunfó más en el campo de la literatura y la discusión pública que en los tribunales. Se recuerda entre su labor de historiador, crítico y periodista su capacidad para elaborar perfiles o retratos. Fue un melómano; así encontramos entre sus papeles el relato de un encuentro con Richard Strauss con motivo de su visita a la Argentina: «advertíase a simple vista que el hombre no era nada locuaz, ni siquiera comunicativo. Por otra parte, quien siendo lo que él es anda de paso entre gentes de estos lugares americanos, no tiene interés en manifestar los aspectos fundamentales de su yo».

Hay muchos motivos para desconfiar de un retrato. La personalidad es más bien un rasgo esquivo, más en psicópatas y artistas. También el retrato es la excusa del artista para inscribir su propio espíritu en un cuerpo ajeno. No me queda claro cuál es el caso de Giménez Pastor. No creo que él haya sido particularmente tímido, lacónico o reservado; tampoco pienso eso de Strauss.

Richard Strauss fue un compositor alemán posromántico nacido bajo los efectos del wagnerismo en la cultura de la música occidental. Como Beethoven, Mozart o Bach, Strauss compuso una línea melódica que a nuestros días representa icónicamente la conmoción existencial o el éxtasis metafísico: Also sprach Zarathustra. Es evidente que Kubrick, al usarla en 2001: A Space Odyssey como banda sonora, volvió a sellar los votos de esta pieza musical con la inmortalidad y la presencia en nuestra sonoteca.

La correspondencia entre Mahler y Strauss atestigua la amistad entre ambos y demuestra que Giménez Pastor estaba completamente equivocado. Strauss es brillante, irónico, gracioso, la comunicación por escrito se le da muy bien. En la compilación actual de estos envíos podemos acceder a algunas ideas o problemas del ocaso del romanticismo y el comienzo de las vanguardias en tiempo real. Strauss es en algún sentido un compositor de transición, demasiado temprano para ser un punk, demasiado joven para usar alguna peluca estrafalaria o besar las manos de la nobleza; coquetea con ambos mundos desde la soledad radical del espíritu alemán atormentado por la futilidad del cuerpo mortal.

El nacionalismo musical, la forma ópera y la integración de textos poéticos después de Wagner, la censura en una Europa que nunca deja de estar convulsionada y de anunciar la sinfonía de los disparos y las bombas son algunos de los problemas estéticos que el proyecto de Strauss y Mahler tiene que sortear para establecerse en la eternidad del canon. Recibió en vida el reconocimiento de Bartók y Schoenberg. Atravesó de manera tortuosa las contracciones del espíritu y la sensibilidad que implican los fascismos históricos y las guerras. Se le sospecha por incursiones en la traición, la bajeza, la complicidad. Fue también uno de los modelos sonoros de Glenn Gould. Imprimió a fuerza de obra su propio nombre en el canon vocal, específicamente en las líneas compuestas para soprano. La correspondencia con el premio Nobel Romain Rolland demuestra la curiosidad de Strauss por la música francesa y la necesidad de conocer tanto la cultura sonora como la lingüística para la obra propia.

De sus tempranos inicios como wunderkind nacido en una familia de músicos que le dio tempranamente las competencias técnicas de la expresión instrumental y la conciencia estética, a los fríos inviernos de la precariedad inducida por la guerra en la que le faltaron medicamentos, alimentos y fuego, Strauss logró desarrollar una obra diversa, extrema y expresiva ante la cual alguien podría sentir que le es raptado el aliento y la vida; sus vientos vibran como el desplazamiento de planetas que aplastan el alma y hacen de la noche una circunstancia de terror o esperanza.

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