Nate, de 35 años, vive con sus padres y nunca ha trabajado. A través de Baby Steps, un videojuego que simula caminar con controles complejos, comenzó a replantearse su situación personal.
A los 35 años, Nate vive con sus padres en Córdoba, nunca ha trabajado y pasa gran parte de sus días frente al televisor, entre maratones de anime y pizzas. El apoyo constante de sus padres le permite mantener ese estilo de vida, aunque él mismo describe una sensación de aislamiento y desconexión con lo que ocurre fuera de su hogar.
Según relató, su rutina se transformó en una forma de aislamiento. Había dejado de proyectar cambios para su futuro. Todo cambió a partir de una experiencia inesperada: un videojuego llamado Baby Steps, en el que el jugador debe controlar cada movimiento de un personaje para que avance.
La propuesta rompe con los controles tradicionales: caminar no consiste simplemente en mover un personaje hacia adelante, sino en coordinar cuidadosamente cada una de sus piernas. Para Nate, dar un solo paso requería una enorme concentración. Debía utilizar los botones y las palancas del control para levantar cada pie, calcular la fuerza y conseguir que volviera a tocar el suelo sin perder el equilibrio. Un movimiento demasiado brusco podía terminar con el personaje en el piso.
La mecánica, que puede parecer absurda o incluso frustrante, terminó teniendo un efecto inesperado sobre él. Cada pequeño avance le exigía paciencia y precisión, algo que comenzó a relacionar con las dificultades que había experimentado durante su propia vida.
A medida que avanzaba por la cueva, Nate comenzó a comprender que el desafío no consistía solamente en aprender los controles. También debía aceptar que avanzar podía ser lento y que los errores formaban parte del proceso. El videojuego le exigía encontrar el ritmo adecuado: presionar suavemente el gatillo, mover la palanca apenas lo necesario y soltarla en el momento indicado para apoyar el pie sin perder el equilibrio.
En medio de esa frustración, incluso llegó a sentirse ridículo por no saber caminar correctamente pese a tener 35 años. Pero inmediatamente llevó esa reflexión más allá del videojuego: si tenía dificultades para completar una acción tan básica, pensaba, algo similar podía estar ocurriendo con otras áreas de su vida.
Durante su recorrido, Nate también se encontró con un personaje que intentaba ayudarlo. Aunque finalmente decidió continuar por su cuenta, ese encuentro formó parte de una experiencia que comenzó a modificar su manera de interpretar lo que estaba viviendo. Después de varios intentos, empezó a considerar que caminar con los controles quizá no era tan terrible como había pensado inicialmente. La clave podía estar simplemente en encontrar el ritmo y aceptar que cada avance requería tiempo.
Así, Baby Steps terminó funcionando como una especie de espejo de la situación personal de Nate. El videojuego no resolvió sus problemas ni significó que consiguiera un trabajo o cambiara de vida de inmediato. La reflexión está en otra parte: para alguien acostumbrado a permanecer inmóvil, incluso un paso pequeño podía representar un cambio.
La experiencia de Nate muestra, desde el humor y la dificultad de un videojuego, cómo avanzar no siempre implica dar grandes saltos. A veces, el primer desafío consiste simplemente en animarse a dar el primer paso.
