La escritora argentina Ariana Harwicz no participó del festival de cultura organizado por la Universidad de Granada. Según el texto original, su exclusión se debió a su condición de judía.
Ariana Harwicz no participó del festival de cultura organizado por la Universidad de Granada. No fue excluida por ser argentina ni por vivir en Francia. Tampoco por los libros que escribió. Según el texto original, fue excluida por su condición de judía.
El texto señala que a sus detractores solo les importa su identidad judía, y compara su caso con el de Dreyfus y Ana Frank. Afirma que, aunque cambien las excusas, la judeofobia se mantiene intacta.
El autor del texto original sostiene que antes los condenaban por su condición religiosa o por la sangre, y ahora por tener patria. Menciona que al pueblo que sufrió el genocidio más brutal lo acusan de genocida, y recuerda que Rafael Lemkin, un judío, instaló la palabra “genocidio”.
El texto también critica la consigna “Del río al mar” y afirma que los judíos que viven allí deben ser expulsados. Señala que ya no hace falta Auschwitz o Treblinka, sino que el Mediterráneo se encargaría de esa faena.
Respecto de los que aplauden la expulsión de Ariana, el texto indica que podrán decir que el problema no son los judíos sino los sionistas, y compara esa distinción con decir que el problema no son los cristianos sino los católicos. Añade que a Israel le imputan pretender borrar a los palestinos de la faz de la tierra, y afirma que en Israel viven dos millones de árabes que disfrutan de libertades y garantías que no existen en los despotismos de Medio Oriente.
El texto menciona que el 7 de octubre de 2023, los cruzados de Alá violaron mujeres y asesinaron niños, y que la respuesta “correcta” debía ser poner la otra mejilla. Cita a Enzo Traverso, quien habla de “asimetría” en nombre de Marx. Afirma que Israel debe pedir disculpas por disponer de más poder militar que Hamas, y que Israel sostiene los valores de una democracia mientras Hamas defiende la teocracia.
El texto reconoce que en Gaza se ha derramado mucha sangre, y que esa sangría podría haberse evitado si Hamas hubiera devuelto a los rehenes o si hubiera protegido a sus mujeres y niños en los túneles en lugar de usarlos como escudos con la promesa del paraíso.
Los responsables “occidentales” de la cancelación de Ariana, según el texto, aseguran que la democracia en Israel es un simulacro. El texto cita a Traverso: Hamas se refugiaría en el integrismo islámico para aliviar “el trauma neocolonial”; Israel construiría una sociedad democrática para disimular sus pulsiones de muerte. Hamas sería una causa emancipatoria; Israel, un imperio colonial cuya riqueza no proviene de la explotación de sus nativos. Hamas anuncia el genocidio contra los judíos, pero los genocidas son los judíos. Como contrapartida, sus psicofantes occidentales deciden cancelar a Ariana. Salvo John Banville, por lejos el mejor escritor de ese desdichado festival. Tranquila Ariana. El apoyo de Banville justifica con creces las burdas infamias de las turbas judeofóbicas.
