viernes, 16 enero, 2026
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Del pecado artificial

El Obispado de Córdoba ha empezado a formar al clero regular en la Inteligencia Artificial, lo que tiene todo el sentido, mediante cursos específicos de carácter teórico-práctico. Esta tecnología se basa en preguntas y respuestas como método de aprendizaje. Le dices que dónde se pueden comer, pongamos, torreznos, y te sugiere precio y contacto para reservas, mayormente erróneos. A eso, los clásicos lo llamaban método erotemático y es el mismo del Catecismo que nos enseñaron para la primera comunión. Para saber qué es Dios, primero hay que preguntar por él. Nada nuevo desde Sócrates, ya ven.

En realidad, la IA no es, de momento, inteligencia creadora sino sofisticada memoria mecánica. Los ingenieros han convertido la teoría lingüística de Chomsky en cables, chips y programación codificada, creando un carísimo loro que cotiza en bolsa. Son puras cadenas sintácticas introducidas de forma masiva en un sistema con enchufes, dotado de lógica combinatoria. Con los conectores adecuados, emula el algoritmo que rige el lenguaje (que, en origen, es una facultad humana) para decirnos el reparto de la serie de Netflix, el tratamiento correcto del orfidal o la receta del atún encebollado. Nunca se usaron avances tan caros para materias tan estúpidas.

Dicen las crónicas que la diócesis forma a los curas en los manejos pedestres, tipo montar cartelería, elegir las canciones de misa o crear una presentación en Gamma a la lectura de la primera carta de San Pablo a los corintios. A ver, criaturas de mucha fe. ¿Vas a tener una herramienta capaz de llevar al mundo a una catástrofe nuclear (quien ha visto Juegos de guerra, lo sabe), al triunfo de Terminator y a Matrix, y no le vas a preguntar por la trascendencia, el pecado, la condenación o la eternidad? ¿No le vas a pedir que intervenga en algún misterio doctrinal, en la iconodulia, en lo de la mujer del prójimo? ¿No vas a reclamarle al cacharro una estrategia para las procesiones extraordinarias, pongamos?

La teología, escribió Borges, es una rama de la literatura fantástica. Y un montón de sacerdotes confesando pecados por medio de ChatGPT dan, por la pata baja, para un relato de Ray Bradbury. Una cosa pavorosa en donde la redención se procese, el perdón se catalogue y la piedad venga con metadatos. Cómo explicar lo fieramente humano, que es el miedo a morirse, base fundamental de todas las religiones, a una radio con poderes taumatúrgicos. Qué es un dios sino un proveedor de respuestas a las preguntas incómodas e inconvenientes.

La zarza ardiente, qué tiempos estos tan extraños, ahora tiene interfaz adaptativa y versión para móvil. Si anticipa los gustos, por qué no acabará por establecer los pecados, reales o imaginarios, antes de que sucedan. Siempre podemos pagar una suscripción. Imaginen la de bitcoins que hay en juego.

*Periodista

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