“Papi, me quieren matar aquí”. Esa frase, dicha en una comunicación desesperada con su padre, pertenece a Agostina Páez, la abogada santiagueña que quedó imputada en Río de Janeiro luego de que cámaras de seguridad de un boliche de la zona sur registraran el momento en el que realizó gestos y sonidos asociados a un mono.
En Brasil, ese tipo de conductas están tipificadas como racismo y contemplan penas que van de dos a cinco años de prisión. En ese marco, la Justicia brasileña dispuso como medida cautelar que la joven de 29 años lleve una tobillera electrónica para evitar que abandone el territorio.
En las últimas horas, la situación sumó un nuevo capítulo de extrema tensión. Según denunció, el lunes alrededor de las 15, al regresar al departamento que alquilaba luego de salir a comprar comida, se encontró con tres personas dentro del inmueble. El episodio derivó en gritos, forcejeos y un escenario de pánico absoluto, al punto que los responsables del edificio le recomendaron que dejara el lugar de inmediato por cuestiones de seguridad.
“No se sabe quiénes fueron. Policías, periodistas, no sé. Como sea, los responsables del edificio le pidieron a Agostina retirarse. Así, lo hizo y ahora alquilará otro piso. La pobre está aterrada. ‘Papi, me quieren matar aquí’, me dijo recién”, relató Mariano Páez, padre de la letrada, en declaraciones al portal El Liberal, al dar cuenta del estado emocional en el que se encuentra su hija tras el hecho.
abogada argentina racista
Días atrás, Páez también había brindado su testimonio sobre el episodio ocurrido el 14 de enero, que dio origen a la causa judicial. De acuerdo con su versión, todo comenzó durante una salida nocturna a un boliche al que asistió junto a un grupo de amigas.
Siempre según su relato, el conflicto se desencadenó cuando intentaban retirarse del local y personal del establecimiento les exigió el pago de consumos que, aseguró, ya habían sido abonados. “Pagamos la entrada y todo lo que consumimos. Cuando estábamos por salir, nos retienen y nos dicen que con la pulsera había cosas que no habíamos pagado. Nosotras habíamos pagado todo en el momento. Tengo los comprobantes, con los horarios y todo”, sostuvo ante El Liberal.
La discusión fue subiendo de tono cuando comenzaron a cuestionar lo que consideraban un cobro injustificado. “Empezamos a decirles que nos estaban robando, que eran unos ladrones. Ellos se nos reían en la cara. Pagamos de todos modos”, agregó. La secuencia, según explicó, no terminó allí. Ya fuera del boliche, Páez afirmó que empleados del lugar las siguieron mientras bajaban por las escaleras y realizaron gestos obscenos. “Se agarraban los genitales, nos señalaban y se reían”, describió.
En ese contexto, admitió haber reaccionado de forma inapropiada. “Ahí es cuando yo hago ese gesto. No los llegaba a ver bien. Los gestos eran más para mis amigas”, concluyó, en referencia a las imágenes que luego se viralizaron y que hoy la mantienen imputada y bajo estrictas medidas judiciales en Brasil.
