lunes, 26 enero, 2026
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Quién era el jubilado que quiso defender a su esposa de los ladrones y lo mataron a golpes: «Se va a despertar»

Eran cerca de las 5.30 de la madrugada del sábado cuando tres ladrones forzaron la reja de una casa en Núñez 4088, en Saavedra, y entraron por una ventana que da a la cocina. Adentro sorprendieron a una pareja de jubilados que estaban durmiendo. Los ataron y los golpearon, exigiendo joyas y dinero.

Osvaldo Galella (74) gritó para defender a su mujer Claudia (73), pero recibió una golpiza que terminó con su vida. Antes de irse, los asaltantes le tiraron un vaso de agua en la cara y le dijeron a Claudia que despertaría en unos minutos.

La señora logró liberarse y llamar al 911. Para cuando la policía y el SAME llegaron, Osvaldo ya estaba muerto. El hecho generó indignación entre los vecinos. “Me da mucha bronca y tristeza que se la agarraron con un jubilado”, dice Mario que vive en la esquina de Tronador y Núñez y conoce a la víctima desde que era chico.

Osvaldo vivía en esa casa junto a su esposa Claudia desde hacía décadas. Sus vecinos lo definen cómo un buen tipo y muy tranquilo. Le gustaba viajar, conocer lugares nuevos.

Mario lo recuerda con tristeza: “Trabajaba en un banco y hacía algunos años estaba jubilado. Nos saludábamos día por medio. Era un buen tipo”.

Norberto, vecino de enfrente, también conocía a Osvaldo desde hace años. “Era un señor muy bueno, estoy acá desde el 2001 y él ya vivía. Un señor tranquilo, lo veía con la señora. Una desgracia”.

El ataque ocurrió el sábado por la madrugada. «Llegué a la 1 de la madrugada y me desperté a las 7. No escuché nada. Me da mucha bronca y tristeza que se la agarraron con un jubilado”, dice Mario, con indignación.

Y agrega: “El problema es que al ser tan tranquilo es más fácil para los chorros”. Según los relatos de los vecinos y las cámaras de seguridad de la cuadra, habrían sido tres delincuentes.

“Fueron tres supuestamente porque la cámara de la otra vecina parece que vio que había tres tipos. Pero no se les ve la cara, apenas los pies porque la cámara apunta para abajo”, revela Mario.

Lo que llamó la atención de muchos vecinos fue el tamaño de la abertura en la reja. “Para mí fueron adolescentes porque el agujero ese chiquitito no pasa una persona, un adulto”, dice.

Además, explica que el acceso de la ventana a la cocina de la casa de Osvaldo y Claudia está muy adentro y es de fácil acceso. Más a esa hora en la que recién está amaneciendo y no hay nadie en la calle.

Hasta el momento, no hay información sobre los tres ladrones. La Policía de la Ciudad está revisando cámaras de seguridad de la zona y de vecinos para identificarlos.

Mientras tanto, los hijos del matrimonio buscan a Gala, la gata que se escapó durante el asalto. Es de pelaje entre anaranjado y negro, estilo carey, y llevaba una chapita con el celular de Osvaldo, que también fue robado.

Robos, casas saqueadas y una vivienda tomada

El ataque dejó un silencio extraño en la cuadra. Apenas un policía custodia la casa de rejas negras, escenario de la tragedia en Saavedra. Para muchos vecinos, el crimen marcó un antes y un después.

Silvana (69) vive en la cuadra de Tronador desde hace dos décadas: “Mirá, yo me mudé hace 20 años, la zona era tranquilísima. Desde hace dos años está habiendo este tipo de episodios”.

La señora de 69 años enumera robos, casas saqueadas y hasta una vivienda tomada. “Antes no pasaban estas cosas”, explica.

Y agrega: “Es precioso el barrio para vivir pero mucha gente está hablando de irse por la inseguridad”. Por su parte, Norberto cuenta que hace unos tres meses entraron a robar a varias casas de la cuadra. Una de ellas a pocos metros de lo de Osvaldo y Claudia. Aunque asegura que «nunca nada tan violento».

Ahora los vecinos miran con desconfianza y buscan medidas para protegerse. Entre ellas, una alarma vecinal. “Ayer estuvimos hablando bastante con los vecinos y ahora estamos pensando en poner una alarma vecinal para cuidarnos unos a otros también que no sé si será demasiado eficiente y también una cosa que me parece muy triste es que empezás a desconfiar de todo el mundo”, confiesa Silvana, que vive a unos 30 metros de lo Osvaldo Galella.

Y agrega: “Acá hay obras por todos lados, y bueno, el 99% de la gente que está trabajando son honestos. Pero si hubieras visto a los que trataron de entrar a una casa, eran señores. Estaban hablando con la policía, como si fueran vecinos: ‘hola que tal cómo estás’ y eran los que estaban tratando de entrar a la casa”.

A pesar de la inseguridad, Silvana destaca que “acá la gente es muy buena y solidaria”. Por ejemplo pasó una vez que atropellaron a una gatita de un vecino que tenía una discapacidad y todos pusieron plata para llevarla al veterinario. “Todos cubrimos los gastos y se salvó. Ahora vive en la casa de otra vecina”, revela la señora.

MG

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