jueves, 5 febrero, 2026
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No podemos irnos y hacer como si nada: Majaneque vuelve a mirar al río con miedo mientras tras los desalojos

«No podemos irnos y hacer como si nada». «Nadie está preparado para abandonar su casa». Ocho días después de que Majaneque sufriera una inundación tras la rotura de un talud, la urbanización de Córdoba capital vuelve a mirar al río con miedo y a vivir desalojos. En esta ocasión, el peligro se sitúa en el otro extremo de las parcelaciones, concretamente en las calles El Olivo y Los Trigueros, que tuvieron que ser desalojadas de madrugada tras la llegada de Bomberos y Policía Local por los efectos de la borrasca Leonardo.

Durante la mañana, los vecinos observan el río y su avance, casi imparable. «Ha subido un par de metros en apenas media hora», explica David, que ha acudido a media mañana junto a su pareja para coger algo de comida y un par de enseres. «Vinieron a las dos de la mañana diciendo que teníamos que irnos ya», añade la mujer. En su caso, ella ha dormido en casa de una amiga, mientras que él ha pasado la noche en el vivero de un amigo, unos metros más arriba. «Tenemos que estar cerca de casa por lo que pueda pasar. No podemos irnos y hacer como si nada», cuenta con frustración. Pasado el mediodía, el agua continuaba subiendo y ya estaba a poco más de cien metros de su patio. «Esto ya ha superado lo del año pasado y comienza a parecerse a 2010», afirma. En aquella época, el agua alcanzó «más de medio metro» en su parcela.

El drama de dejar tu casa

Algo más arriba, Manuela también ha ido con su pareja a recoger enseres, comprobar cómo están las mascotas y marcharse. «Por lo menos esta vez no estamos solos, las autoridades lo están haciendo bien», explica, en alusión a lo ocurrido hace 16 años. Pasaron la noche en un coche al inicio de la urbanización y, aunque está «relativamente tranquila», admite que el momento del desalojo fue «muy complicado y agotador». «Esto es una angustia constante, porque no todo el mundo está preparado para esto», añade, con los brazos en jarra y la mirada clavada en un río que no deja de crecer.

Manuel Abad, su vecino, asegura que no se enteró de la orden de desalojo porque «teníamos todo cerrado por el viento». Ha sido esta mañana cuando los agentes le han alertado de la situación y han decidido salir, aunque ahora ha vuelto para «ver cómo estaba todo y coger cosas para mis hijos, como comida y ropa». Aunque admite que el río «sigue creciendo», cree que en su casa apenas pasará de una lámina de agua en el porche.

Vecinos de Majaneque se acercan a observar el avance del río. / A.J. González

Caminar por las calles de Majaneque esta mañana era desafiar al tiempo, no solo por una lluvia que se intensificaba por momentos, sino por rachas de viento que llegaban a superar los 80 kilómetros por hora y hacían temer la caída de árboles o de algunas construcciones precarias. El río ha crecido «demasiado en pocas horas», como cuenta Antonio, uno de los vecinos, que apunta a que muchos de los muros a los que ahora se aproxima el agua se construyeron en 2010.

El trabajo de la Policía

Mientras tanto, la Policía Nacional ha desplegado un amplio operativo para asegurarse de que no queda nadie en la zona y alertar del peligro. «Se espera que con los desembalses continúe creciendo el río», explica un agente, que se sube a cancelas, activa la sirena, pregunta a los vecinos y comprueba que no haya nadie en el interior de las casas. Los agentes señalan que hay vecinos acostumbrados a este tipo de situaciones que minimizan el riesgo y no se marchan hasta que el agua les llega a los pies, pese a que el nivel está creciendo con rapidez. Muchos se aferran a sus casas por miedo a robos y porque tienen animales de compañía. Desde los servicios de emergencia insisten en la necesidad de desalojar cuanto antes ante el peligro creciente.

Manuela, en la puerta de su casa, en Majaneque. / A. J. González

Precisamente, un vecino, al escuchar esto, se indigna y apunta: «¿Cómo voy a dejar aquí a mis animales y mi vida entera tan fácilmente?», mientras exige soluciones a los políticos: «Si fuera su casa…».

Se espera que la crecida llegue hasta el cruce entre la calle Los Trigueros y la avenida Asociaciones, justo donde vive Carmen, que se ha acercado a ver el avance de la riada. «Es un no parar», cuenta, aunque admite que ella, junto a sus dos hijas, solo se irá «si nos obligan», porque «lo peor ya pasó en 2010 y ahora no estamos cerca de esa situación». En aquella ocasión, el agua «subió unos cuantos centímetros», nada más, recalca.

Otro vecino añade: «Esto es peor que el año pasado». En ese momento sale una señora mayor con su perro en el coche. Era de las que están en primera línea de la crecida del río y se resistía a marcharse. «Ya me voy, ya», dice mientras saluda con una sonrisa a sus vecinos. Mientras el río continúa creciendo, decenas de vecinos se acercan a observarlo con impotencia y entre la certeza y la incertidumbre de que no volverá a ser como hace 16 años.

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