martes, 24 febrero, 2026
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Cuando el franquismo presumía de rescatar obras de arte en manos del enemigo

Acabó la Guerra Civil, quedaron las trincheras y las cicatrices y el bando ganador se puso rápido manos a la obra para imponer la retórica del vencedor a las operaciones de rescate del patrimonio artístico que la Generalitat y la República habían liderado entre 1936 y 1939. «La República había capitalizado la salvaguarda en la esfera de la propaganda, y el franquismo quería combatir ese relato con una narrativa propia», explica Eduard Caballé, investigador del Institut Català de Recerca en Patrimoni Cultural y comisario junto a Gemma Domenech de una exposición con la que el Museu Nacional d’Art de Catalunya (MNAC) revisa su propia historia a partir de las 135 obras que el Servicio de Defensa del Patrimonio Nacional (SDPAN) depositó en el museo barcelonés entre 1939 y 1958. Obras protegidas hasta entonces en depósitos republicanos que, entre 1939 y 1940, viajaron de vuelta a Barcelona para, sobre el papel, gestionar su devolución.

Así, si durante la contienda Joaquim Folch i Torres y otros antepasados directos de los ‘monuments men’ salvaron de las llamas, las balas o las bombas cerca de un millón de piezas y las enviaron a depósitos seguros en Darnius, Agullana o Bescanó, el SDPAN, creado por Franco el 23 de abril de 1938, calcó la estrategia añadiendo el vistoso lema de ‘Recuperado del enemigo’ a cada una de las piezas. Una frase para resumir el nuevo orden político y, en fin, sacar pecho desde las paredes y reservas de los museos. De ahí, claro, el título de esta exposición que muestra las obras pero, sobre todo, su reverso; ahí donde quedan grabadas las idas y venidas y cualquier vicisitud. «Vemos la cara B de los museos: las etiquetas de ‘Recuperado del enemigo’ que estampaban en las obras son la narrativa franquista», apunta Caballé.

Detalle del sello «Recuperado del enemigo» en una de las obras de la exposición / Alejandro Garcia / EFE

Solo que, subraya Domènech, «ni el patrimonio estaba en peligro ni salvan nada». Como muestra, la carta que un agente del servicio de patrimonio franquista le envió a otro en plena operación de reconquista artística. «Todo o casi todo lo que andamos clasificando y mandando en relación a la Comisaría, estaba ya debidamente guardado ya sea destinado a las iglesias o en los lugares seguros […] pero veo que a eso, los agentes del servicio, le llaman recuperación, como yo soy todavía novato en este servicio, esas cosas me chocan mucho», puede leerse en uno de los muchos documentos que enriquecen una muestra de lectura más histórica que artística.

Calidad dispar

«Es arriesgada, no es un tema fácil. Son obras incómodas de exponer, porque quizá no tienen la calidad que se espera de un museo como el MNAC. Piden apertura de mente», asegura la comisaria. Entre esa obras de origen y calidad dispares, un par de joyas que se exponen regularmente en las salas del museo: ‘La planchadora’, de Roberto Fernández Balbuena, y una ‘Cabeza de Cristo’ atribuida a Jaume Cascalls. Esta última, leemos, procedía de la iglesia del convento de Sant Agustí Vell de Barcelona, quedó bajo custodia de la Generalitat en 1936 y fue localizada por el SDPAN al acabar la guerra en el Palau Centelles. 

Obras de la exposición ‘Recuperado del enemigo’ / EFE

En la línea de ‘¡Museo en peligro!’, centrada en la ‘operación salida’ del patrimonio en 1936, ‘Recuperado del enemigo. Los depósitos franquistas en el MNAC’ estudia «el impacto de la Guerra Civil en la configuración de los museos catalanes» y explora el papel del museo barcelonés como espacio de recepción, custodia y gestión del patrimonio “recuperado” por el SDPAN. Ahí fueron a parar todas las obras que nadie reclamó o no se reencontraron con su legítimo propietario -ni exiliados ni represaliados podían participar en el proceso- y ahí siguen, liberadas de las reservas y expuestas casi por primera vez en 90 años.

Es el caso, por ejemplo, de ‘Les noies de Claudia’, primera obra depositada en el MNAC en 1939, o el ‘San Sebastián herido’ de entre 1750 y 1825 que cerró el grifo en 1958. En su reverso, tachado de forma ostensible y sustituido por una nueva numeración franquista, el número de confiscación asignado en 1936. Terreno conquistado, también aquí.

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