El Gobierno Nacional habilitó un incremento opcional en la mezcla de bioetanol con las naftas, una decisión que impacta directamente en el sector energético y productivo. Las empresas refinadoras ahora pueden elevar el corte del actual 12% hasta un 15%, en un esquema de adhesión voluntaria. La Secretaría de Energía mantiene su rol como autoridad de aplicación, con la facultad de ajustar estos porcentajes según la dinámica del sistema.
Una apuesta por la energía local y la estabilidad
En un contexto internacional marcado por la volatilidad en los precios del petróleo y tensiones geopolíticas, la medida apunta a diversificar la matriz energética argentina. El mayor uso de biocombustibles producidos localmente reduce la dependencia de combustibles fósiles importados, contribuyendo a una mayor estabilidad de costos y a amortiguar el efecto de crisis externas en la economía doméstica.
Córdoba, el corazón del bioetanol nacional
La provincia de Córdoba se consolida como el actor central en este escenario. Según los últimos datos oficiales, su producción de bioetanol, basada íntegramente en maíz, alcanzó los 582.698 metros cúbicos el año pasado. Esta cifra representa cerca del 45% del total nacional, estimado en 1.294.884 metros cúbicos.
Capacidad para abastecer la nueva demanda
El incremento del corte generará una demanda adicional de aproximadamente 300.000 metros cúbicos de bioetanol por año, lo que equivale a un aumento del 25% en el volumen requerido para el mercado interno. Córdoba cuenta con una capacidad instalada de producción de alrededor de 638.000 metros cúbicos anuales, posición que le permitirá cubrir una porción significativa de esta nueva necesidad y reforzar su rol estratégico en el abastecimiento.
Beneficios más allá del combustible
La expansión del bioetanol conlleva ventajas técnicas y ambientales. Actúa como un elevador natural del octanaje, mejorando la calidad de las naftas. Desde el punto de vista ecológico, una mayor proporción de este biocombustible en el transporte ayuda a reducir las emisiones de gases de efecto invernadero.
Para la economía cordobesa, la medida se traduce en un impulso para toda la cadena agroindustrial. Se espera un incremento en la demanda de maíz, mayor actividad en las plantas procesadoras, generación de empleo y un fortalecimiento de las economías regionales, consolidando el liderazgo productivo de la provincia en el sector.
