Un análisis de tres películas —Río Conchos, La costa mosquito y Apocalypse Now— examina la figura recurrente del líder mesiánico que intenta fundar su propio orden y termina enfrentando los límites de su voluntad.
El historiador Henri Frankfort sostiene que la monarquía faraónica, iniciada con el reinado de Menes (3100 a.C.), se consolidó gracias a la unificación del Alto y Bajo Egipto bajo una misma corona. Según Frankfort, el faraón asumió símbolos de ambas regiones (coronas roja y blanca, cobra y escarabajo) para representar la unidad en la división, estableciendo un dispositivo legitimador basado en rituales y monumentos que expresaban la voluntad de un hombre.
En contraste, la historiografía y el civismo estadounidenses atribuyen la fundación de su república a voluntades colectivas, no individuales. Sin embargo, en el terreno de la sociedad civil, el cine de ese país reconoce el protagonismo del individuo y sus iniciativas, incluso las disruptivas. Este análisis se centra en las películas que presentan a líderes que intentan crear mundos alternativos y fracasan.
En La costa mosquito (1986), dirigida por Paul Schrader, el protagonista, un inventor estadounidense, decide establecer una comunidad en América Central. Su proyecto fracasa debido a los límites impuestos por su propia familia, lo que refleja una condena a los excesos de la voluntad individual en el contexto conservador de los años ochenta.
Río Conchos (1964) presenta un conjunto de conflictos entre personajes de distintos orígenes: un exsargento confederado, un soldado negro unionista y una mujer india. La trama culmina con el coronel Pardee, un traficante de armas confederado exiliado que intenta recrear un sur esclavista en el desierto mexicano. Pardee muere incinerado en su construcción inacabada, simbolizando la incompatibilidad de esos proyectos con la realidad.
En Apocalypse Now (1980), de Francis Ford Coppola, el coronel Kurtz, interpretado por Marlon Brando, establece un reino personal en la jungla. Su asesinato, ordenado por el ejército estadounidense, restablece el orden institucional. La película, según el análisis, sacrifica la eficacia política en favor de la magnificencia artística.
El texto concluye que en el cine estadounidense contemporáneo escasean los líderes mesiánicos que desafíen los valores establecidos, en favor de superhéroes que defienden el orden existente. La lección del faraón Menes, que supo unir diferencias para perdurar, no habría sido comprendida, dejando al cine actual atado a un inmovilismo que refleja la situación de la potencia hegemónica.
