Nuestro planeta está abandonando las condiciones estables que durante milenios permitieron el desarrollo de la civilización humana. El peligro es activar interruptores internos del planeta —como el colapso de los hielos o la selva— que aceleren el calentamiento por su cuenta. Los científicos lo llaman «trayectoria de invernadero», un camino del que sería muy difícil regresar.
Un estudio liderado por William J. Ripple y publicado en One Earth advierte que cruzar ciertos umbrales de temperatura podría activar una cadena de retroalimentaciones que empujaría al sistema climático hacia una trayectoria de «planeta invernadero» con consecuencias duraderas y potencialmente irreversibles.
Durante más de un millón de años, el clima terrestre osciló entre glaciaciones y períodos interglaciares cálidos, con temperaturas fluctuando entre -6°C y +2°C respecto a la media preindustrial. El Holoceno, que comenzó hace 11.700 años, proporcionó la estabilidad climática necesaria para la agricultura y las sociedades complejas. Hoy las temperaturas globales alcanzan niveles no registrados en los últimos 125.000 años, mientras las concentraciones de dióxido de carbono superan cualquier nivel de los últimos dos millones de años, señalan los investigadores en su artículo.
Aunque el Acuerdo de París estableció el objetivo de limitar el calentamiento a 1,5°C por encima de niveles preindustriales, las temperaturas globales superaron ese límite durante doce meses consecutivos en 2024, coincidiendo con récords de olas de calor, incendios y inundaciones. Los modelos climáticos sugieren que este episodio señala que la temperatura promedio a largo plazo ya se aproxima o alcanza esa marca. La velocidad del cambio sorprende incluso a los científicos y plantea interrogantes sobre la capacidad de las proyecciones actuales para capturar plenamente los riesgos.
La ciencia advierte que superar los 1,5 °C puede activar un efecto dominó climático irreversible hacia una «Tierra invernadero». / IA/T21
Trayectoria invernadero
El concepto central que expone la investigación es la «trayectoria de planeta invernadero»: un camino en el que las retroalimentaciones autoreforzantes impulsan al sistema climático más allá de un punto de no retorno, comprometiendo al planeta a temperaturas sustancialmente más elevadas a largo plazo, incluso si las emisiones se redujeran posteriormente. Esta trayectoria difiere del «estado de planeta invernadero» final, con calentamiento extremo sostenido y niveles del mar varios metros superiores a los actuales. Prevenir la trayectoria resulta mucho más viable que intentar revertirla una vez iniciada.
Los investigadores identifican dieciséis elementos de inflexión climática —grandes subsistemas del sistema terrestre que pueden cambiar abruptamente al cruzarse umbrales críticos de temperatura—, diez de los cuales podrían incrementar la temperatura global si se activan. Varios de estos procesos podrían estar ya en marcha o desencadenarse pronto: el colapso de los mantos de hielo de Groenlandia y la Antártida Occidental, el deshielo del permafrost boreal, la pérdida de glaciares de montaña y el colapso parcial de la selva amazónica. El manto de hielo de Groenlandia muestra signos de desestabilización estructural y podría alcanzar su punto de inflexión entre 0,8°C y 3,4°C de calentamiento, potencialmente muy por debajo de los 2°C, lo que podría ocurrir antes de 2050.
Riesgo multiplicado
La interconexión entre estos elementos multiplica el riesgo. Si uno alcanza su umbral crítico, puede desencadenar un efecto en cascada que empuje a otros sistemas más allá de sus propios límites. El estudio presenta un escenario ilustrativo: el calentamiento acelera la pérdida de hielo marino ártico y del manto de Groenlandia, reduciendo el albedo terrestre. El agua de deshielo resultante podría perturbar la Circulación Meridional Atlántica de Retorno (AMOC), que ya muestra señales de debilitamiento. Una AMOC debilitada alteraría la circulación atmosférica global, desplazando cinturones de lluvia tropical y secando partes de la Amazonía, lo que podría desencadenar un colapso forestal a gran escala con consecuencias mayores para el almacenamiento de carbono y la biodiversidad.
La aceleración del calentamiento constituye otra señal preocupante. La tasa ha aumentado de aproximadamente 0,05°C por década a mediados del siglo XX a unos 0,31°C por década en la actualidad. A este ritmo, el calentamiento podría cruzar pronto niveles considerados límite contra impactos severos y cascadas de inflexión. Además, la reducción de emisiones de aerosoles disminuye el efecto de enfriamiento que había enmascarado parte del calentamiento por gases de efecto invernadero, añadiendo potencialmente hasta 0,5°C adicionales a las temperaturas globales.
Referencia
The risk of a hothouse Earth trajectory. Ripple, William J. et al. One Earth, Volume 0, Issue 0, 101565. DOI:10.1016/j.oneear.2025.101565
Futuro incierto
Los compromisos climáticos actuales sitúan al planeta en una trayectoria hacia aproximadamente 2,8°C de calentamiento máximo para 2100, un escenario claramente insuficiente. En 2024, las emisiones globales de CO₂ relacionadas con energía alcanzaron un récord de 37,8 gigatoneladas, elevando las concentraciones atmosféricas de CO₂ a 422,5 ppm, aproximadamente un 50% por encima de los niveles preindustriales. Las proyecciones para 2025 anticipan nuevos incrementos.
La incertidumbre sobre dónde se sitúan exactamente los umbrales de inflexión no constituye razón para la dilación, sino justamente un motivo apremiante para la acción precautoria inmediata. Los investigadores señalan que, si bien la ciencia no tiene respuestas precisas sobre todos los umbrales críticos, la evidencia muestra claramente que superar los 1,5°C o incluso mantener las temperaturas actuales incrementa la probabilidad de cruzar puntos de inflexión.
La ventana para limitar las temperaturas globales por debajo de umbrales críticos podría estar cerrándose rápidamente. Afrontar esta amenaza demanda marcos políticos más robustos que aceleren las reducciones de emisiones e integren los riesgos de puntos de inflexión en la planificación climática global, concluyen los investigadores.
