Los despachos de cemento cayeron un 13,1% en abril de 2026 y los créditos UVA se desplomaron un 56% respecto al pico reciente. En Córdoba, el sector de la construcción y el acceso a la vivienda enfrentan un escenario complejo.
La economía de la calle, la que se siente en las obras, en los corralones y en las inmobiliarias cordobesas, vuelve a mostrar señales de alarma. Mientras el gobierno nacional insiste con indicadores de estabilidad macroeconómica, los datos de la construcción y del crédito hipotecario reflejan otra realidad: caída de actividad, freno de inversiones y menos acceso a la vivienda.
Según datos de la Asociación de Fabricantes de Cemento Portland (AFCP), los despachos de cemento en Argentina cayeron un 13,1% en abril de 2026 respecto al mismo período del año anterior. La tendencia descendente se profundiza desde comienzos de año y afecta directamente a la provincia de Córdoba, donde la construcción es un motor clave del empleo y el consumo local.
Empresarios del sector advierten que la parálisis comienza a sentirse en toda la cadena productiva: corralones, albañiles, arquitectos, desarrollistas y proveedores. A esto se suma el impacto de los costos dolarizados, la caída del poder adquisitivo y la incertidumbre económica que frena decisiones de inversión.
Otro indicador que refleja el enfriamiento del mercado es el crédito hipotecario UVA. Según datos de Empiria en base al Banco Central (BCRA), en abril de 2026 los préstamos hipotecarios alcanzaron apenas 122 millones de dólares, una caída del 56% respecto al pico reciente y muy lejos de los niveles de 2018. Con salarios deteriorados, cuotas difíciles de sostener y requisitos bancarios restrictivos, el acceso a la vivienda vuelve a quedar fuera del alcance de gran parte de la clase media cordobesa.
La combinación entre caída de la construcción y desplome del crédito hipotecario genera preocupación en el mercado inmobiliario y en sectores productivos que dependen directamente de la actividad. Mientras tanto, la economía financiera muestra señales de estabilidad, pero la economía real —la de las obras, el empleo y el consumo— todavía no logra arrancar.
