La comunidad de Alta Gracia se congregó el sábado en la iglesia para despedir al padre Marcos Cabrera, quien celebró su última misa antes de asumir una nueva misión pastoral en Unquillo.
Alta Gracia. Con una iglesia colmada de fieles, la comunidad de Alta Gracia despidió el pasado sábado al padre Marcos Cabrera, quien celebró su última misa antes de asumir una nueva misión pastoral en la localidad de Unquillo. Esto puso fin a una etapa de más de 15 años de servicio en la ciudad.
La celebración reunió a vecinos, integrantes de las distintas comunidades parroquiales y representantes de instituciones locales, quienes acompañaron al sacerdote en una despedida marcada por aplausos, abrazos y muestras de gratitud por su compromiso comunitario.
Durante un diálogo con la prensa, el padre Marcos compartió el significado que tuvo la ciudad en su vida sacerdotal. «Yo siento que a mí Dios me mimó enviándome a Alta Gracia. Para mí esta ha sido mi casa, mi familia», expresó. Además, aseguró que la localidad fue fundamental en su formación: «Alta Gracia fue mi gran escuela de lo que es ser un cura».
A lo largo de su ministerio, el sacerdote se destacó por su cercanía con los vecinos, su labor de acompañamiento e inclusión, y su compromiso con las distintas realidades sociales de la comunidad.
Tras la ceremonia religiosa, la despedida continuó con una cena en el Instituto Nuestra Señora de la Misericordia, donde fieles, amigos y miembros parroquiales compartieron un momento junto al padre Marcos para agradecerle por su entrega y desearle éxito en la nueva etapa que comenzará en Unquillo.
