domingo, 14 julio, 2024
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Ben Ami, ex ministro de Exteriores israelí: «Israel se está partiendo en dos»

El político, diplomático e historiador Shlomo Ben Ami era optimista sobre las posibilidades de paz en Oriente Próximo cuando, hace 23 años, era ministro de Exteriores de Israel y negoció en secreto, primero en Suecia y luego en Camp David (Estados Unidos), con los líderes palestinos. Ahora, las palabras de este intelectual judío suenan sombrías. Cree que su país practica el apartheid en los territorios ocupados, y que está a punto de dividirse en dos por la reforma judicial de Benjamín Netanyahu. Piensa que la solución de dos estados, uno palestino y otro israelí conviviendo en paz, se ha quedado obsoleta. Y opina que tras los acuerdos de Abraham entre Israel y los países árabes, la causa palestina está más perdida que nunca. Ben Ami (Tánger, 1943) recibe a EL PERIÓDICO DE ESPAÑA, del Grupo Prensa Ibérica, en la Universidad Pontificia de Comillas de Madrid.

¿Hacia dónde va Israel

Está en una encrucijada. El país se está partiendo en dos por la reforma judicial de Netanyahu, que conduce a Israel a los modelos de Turquía, Polonia o Hungría. Y eso es algo que los israelíes no están dispuestos a aceptar. Así se explican las masivas protestas que ya llevan casi un año produciéndose. Es también un momento prometedor, porque de repente el Israel de centroizquierda y el Israel liberal se han levantado. Y lo han hecho de una forma admirable, sin precedentes, algo que no he visto en otro lugar. Un año de protestas pacíficas sin un solo herido. Hasta ahora, nuestra noción era que todo era derecha y extrema derecha, fundamentalistas y teocracia, que los hay, pero… 

Son de hecho la mayoría y están en el Gobierno… 

Son el gobierno, pero no son la mayoría en la nación. Prácticamente todos los sondeos dicen que la mayoría es contraria al comportamiento de este gobierno en la cuestión de esta reforma judicial. Netanyahu está perdiendo el apoyo de lo que yo llamaría la derecha civilizada, la que no necesariamente quiere un Estado palestino pero tampoco una economía socialista; la que quiere una democracia decente. Antes, el país se partía en dos con la cuestión palestina. Pero hoy esa cuestión está arrinconada, descartada y casi olvidada. Algún día explotará, porque la ocupación no va a poder seguir por la eternidad…

¿Seguro que no va a poder seguir Israel ocupando el territorio palestino sine die, con todo su poder militar? 

Sí, pero se convertirá en una guerra civil, entre palestinos y entre israelíes, inevitablemente. Es una situación como la de Sudáfrica, pero sin solución sudafricana, porque no se va a poder dar el Gobierno a la mayoría en el caso de Palestina. 

¿Considera, como parte de los críticos con Israel, que Israel es un estado de apartheid contra los palestinos? 

Israel, dentro de sus fronteras del 67, no es un Estado de apartheid. Un ejemplo: fue un juez árabe el que envió al jefe del Estado, Moshé Katsav, a la cárcel. Así que no se puede decir sin más que Israel es un Estado de apartheid. Pero si borras las fronteras entre Israel y los Territorios Palestinos, y consideramos el espacio político desde el Mediterráneo hasta el valle del Jordán, entonces ya te encuentras la situación sudafricana: y ahí está el peligro latente al que los israelíes de momento no prestan atención, porque están centrados en la cuestión de la democracia israelí, sin hablar de cómo la ocupación va a tener un impacto en esa democracia.

En este contexto, ¿cree que España debería, como prometió Pedro Sánchez, reconocer a Palestina como Estado? 

Recuerdo lo que me dijo el presidente colombiano Juan Manuel Santos tras recibir el premio Nobel de la Paz en Oslo. Él le había dicho al ex secretario de Estado estadounidense Henry Kissinger, que estaba también allí, que Colombia iba a reconocer a Palestina como Estado. Y Kissinger le respondió: what for? (¿para qué?) Yo creo que sería una declaración positiva, porque daría un impulso moral a la causa palestina. Desde mi posición política, no le veo nada malo. La cuestión es que, como decía Kissinger, ¿qué cambia en la realidad? 

Hay asuntos que sí creen los activistas pro palestinos que podrían cambiar la situación, como el boicot a los productos israelíes (como el movimiento Boicot, Desinversión y Sanciones, BDS)… 

El BDS ha sido una derrota total. Israel no para de crecer económicamente, no hay desempleo, es una potencia tecnológica. De vez en cuando hay algún acto que tiene visibilidad: algún cantante que no va a Israel a cantar, o algún fondo noruego que no quiere invertir. Pero más allá de eso, no tienen impacto. Además, francamente, el objetivo político de BDS, el no parar cuando haya Estado palestino y vuelvan todos los refugiados… Son condiciones no razonables y que solo despiertan animosidad en los israelíes, incluso en los que están interesados en una solución política. Si uno juzga por la situación internacional actual de Israel, ningún tipo de boicot ha tenido un gran éxito. Hoy Israel tiene más margen de maniobra en política internacional que jamás en su historia. Cuando yo estaba en el gobierno, cada vez que viajabas a encontrarte con algún primer ministro de Asuntos Exteriores en alguna capital, la primera pregunta siempre era Palestina. Hoy preguntan por cooperación económica, tecnológica, cibernética, etc Israel se ha convertido en una referencia. Y no creo que BDS haya tenido un gran impacto. 

Hay una gran empresa española que se llama CAF, que fabrica trenes, y tiene una polémica abierta porque está ayudando a construir, por unos 500 millones de euros, el tranvía israelí que llega a las zonas ocupadas. ¿Cree que el Gobierno español debería penalizarla? 

No quiero, desde el extranjero, predicar el boicot a mi país. Pero espero que se tomen las decisiones que encajen con los imperativos morales y políticos. Pienso también en Arabia Saudí, a quien España le vendió el AVE cuando era lo que era… 

El político, diplomático e historiador israelí Shlomo Ben Ami en Madrid. Alba Vigaray

¿Qué política exterior debe mantener España o el resto del mundo hacia Israel? ¿Debe apretar o ser laxa? 

Para apretar, lo que más impacta en Israel es Estados Unidos. Yo veo la solución del conflicto muy complicada. La antigua propuesta de dos Estados la veo muy difícil. Pero sí se puede aliviar la situación de ocupación. Ahí aconsejaría presión por parte de Europa, más que sobre Israel, sobre Estados Unidos. Crear una alianza por la paz en Oriente Próximo. Pero esa alianza no va a tener el impacto que se requiere si no tiene a Estados Unidos dentro. Recuerdo cuando estuve con Javier Solana, cuando él era representante de la política exterior europea, y estábamos en medio de las negociaciones con Yasir Arafat y en plena intifada. Yo siempre le decía a Solana: coordinad con Estados Unidos alguna iniciativa hacia Oriente Próximo. Europa sola no tiene el mismo impacto.

¿Por qué? 

Porque Europa padece un cierto complejo con la cuestión israelí. Ese complejo la pone en condiciones muy difíciles de actuar como moralmente realmente tendría que actuar. Mira, Putin invadió Crimea en 2014, inmediatamente después se le impusieron sanciones. Israel lleva ocupando Cisjordania 55 años y no se le han puesto sanciones. Primero, porque siempre decían: bueno, estamos negociando y vamos seguir negociando, esto no es definitivo. Pero yo creo que el argumento subyacente, del que nunca se habla, es que Europa no quiere dar el paso histórico de castigar al pueblo de los supervivientes del Holocausto. 

Por miedo a ser acusado de antisemitismo… 

Sí, y Alemania difícilmente se unirá. Por eso, yo pienso que lo más relevante es presionar a la administración norteamericana, al igual que la que se le presiona por las subvenciones americanas a la industria verde. A lo mejor la cuestión palestina no es demasiado importante, pero si de verdad España quiere influir, no se trata de si CAF entra en los territorios ocupados o no. Se trata de crear un muro de alianza con Estados Unidos, que es la que más capacidad de hacer palanca tiene.

¿Cómo de importante son en este contexto los acuerdos de Abraham, o el movimiento de Israel para acercarse a Marruecos

Han sido la mayor derrota estratégica que la causa palestina ha tenido desde sus inicios. 

Cuando nosotros negociamos en Oslo, Camp David o Suecia, lo hacíamos desde la perspectiva de que la paz con los palestinos es la antesala de la paz con el mundo árabe. Si no pasas por esa antesala, no habrá paz con el mundo árabe. Ahora, la situación está al revés. Hay paz con Jordania, Egipto, Emiratos, Bahrein, Sudán, Marruecos. Es una derrota filosófica de la izquierda israelí. La realidad geopolítica ha derrotado al campo de la paz en la cuestión palestina. ¿Para qué necesitamos la paz con los palestinos, si ya la tenemos con el mundo árabe? 

Hay unos episodios míticos en la serie de televisión de El Ala Oeste de la Casa Blanca en los que se tratan las negociaciones de Camp David…  

Sí, y en un momento se habla de mí, alguien dice: “acabo de hablar con Ben Ami”.

¿Son realistas esos episodios? 

Sí, es muy realista.

¿Es cierto, desde su punto de vista, que las negociaciones pincharon por culpa de Arafat? 

Sí, yo creo que sí. Arafat tenía un lenguaje de doble sentido. Su mensaje era confuso.

Antes de las negociaciones de Camp David, hubo otras, secretas, lideradas por usted en Suecia… 

Sí, fueron en Harpsund, una especie de Camp David sueco, residencia vacacional del primer ministro. 

¿Puede, ahora que ya ha pasado el tiempo, contarme algo de aquellas negociaciones que no se sepa? 

Lo más importante es que en Suecia se hicieron avances extraordinarios. Estuvimos más cerca de llegar a un acuerdo que en Camp David. Pero se filtró la negociación, y Abú Alá, el enviado palestino, se enfrió. Él era un artista de la negociación, nunca he encontrado una persona parecida. Fue muy lejos. Pero en el momento en que eso se expuso y se le podía ver como traidor a la causa palestina, la cosa se desinfló.

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